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El diccionario según Runno: Tendencia

Suele haber una realidad, de una realidad, que es otra realidad. A eso solemos llamarle con alguna ligereza "lo que está pasando". Pokémon Go es la que va, hoy y ahora. Los noventa no se fueron.

De tender, "propender".

1. f. Propensión o inclinación en los hombres y en las cosas hacia determinados fines.

2. f. Fuerza por la cual un cuerpo se inclina hacia otro o hacia alguna cosa.

3. f. Idea religiosa, económica, política, artística, etc., que se orienta en determinada dirección.

Si es verdad lo que dice el kirchnerismo, que los noventa han vuelto (y si acaso a alguien le sigue importando esa ética y esa estética, en todo caso, que aflora desde el dolor de ya no ser), no estaría tan mal el inesperado auge, y más que eso, de Pokémon Go, un asunto clásico de aquella época. Pero nada que ver hoy con ayer, si se permite el tanguerío.

La fiebre, locura y, entonces sí, la tendencia, según los manuales usuales del marketing contemporáneo, habla sobre un alucinante presente Pokémon Go: la aplicación ha sido más bajada en apenas semanas  que la de Tinder. Y en varias ciudades del mundo no se habla de otra cosa. Y se supone que la ola no parara en lo inmediato, sino que hora a hora, minuto a minuto, da mayores signos de enorme vitalidad y también de chifladuras insólitas en su dinámica. 

Los noventa, amigos, quizá no volvieron porque nunca se fueron. Ya lo dijo el enorme Goyeneche.


He pasado las últimas semanas asistiendo a una serie que comenzó en 2014. Se llama "Silicon Valley". Más allá de cualquier juicio me impresiona un aspecto definitivo: el abismo entre lo que sucede y surge allí, con trabadores que en promedio no superan los 30 años, en contraposición con la política de subsidios para aquellos adolescentes que no encuentran inserción laboral en Argentina. 

Me carcome esa distancia y lejos de la indignación supongo que se trata de los "temas importantes". Los países parecen diferenciarse entre los que construyen y hacen el futuro y el resto, los enquistados en el pasado, en la reiteración de fórmulas que ni siquiera fueron tan rutilantes (salvo excepciones, como siempre).

Lejos de pensar que estamos cada vez más cerca de lo que va saliendo de ese infierno maravilloo llamado Silicon Valley, que ha cambiado el mundo en numerosos aspectos en menos de un cuarto de siglo, no hay más remedio que invertir la ecuación, por el realismo crudo y sucio que tanto le reportó al escritor Raymond Carver: aquí, en Argentina, estamos más y "muy" más lejos. Esta semana se conoció un ranking de las mejores universidades latinoamericanas, publicado en Inglaterra, que no cuenta con ninguna de nuestro país en los puestos de avanzada. Los de la UBA pusieron el grito en el cielo al enterarse: la mentalidad "conicetera", según describe un amigo, hace estragos cuando chocamos contra la real realidad.

Mauricio Runno chachacha8 Twitter



Pero hay que volver a tendencia Pokémon Go. Y también decir que un mundo chiflado tiene, naturalmente, personas en semejantes condiciones. Pero resultan más simpáticos que otros, en especial porque no fastidian ni perjudican a nadie.  Ayer se conoció que un tipo de Nueva Zelanda había dejado su trabajo para dedicarse de lleno a la caza Pokémon. Algo así como un José Ottavis pero de Oceanía.

Algunas personas en el mundo, que no es poca cantidad, en tanto en los últimos 30 días el término Pokémon Go fue procurado en Google casi como "Brexit" (el raje del Reino Unido de la Unión Europea) e incluso mas que los tópicos siempre rendidores referidos a la pornografia, se han esfrascado es un fenómeno sorprendente por su poder de penetración. El gráfico siguiente explica mejor lo más buscado en el oráculo Google:

Google


¿Sabemos porque cada vez más personas se rinden ante esta aplicación? Obviamente que no. Ni siquiera el más optimista de sus creadores. Sería bueno aclarar que Pokémon Go es un juego de realidad aumentada para smartphones. Según la BBC, "usa tu GPS para que juegues mientras andás por el mundo real". La onda es ir cazando pequeños monstruos virtuales, tales como el Pikachu y Jigglypuff, en lugares cercanos a la localización de tu teléfono, que se supone que está siempre con vos.

Suena como una boludez nuclear, dicho así. 

Sin embargo, lo realmente interesante e innovador de esta app,  es que mezcla juego y realidad, casi como la política. En tu teléfono  se puede observar el mundo real, como en la cámara del celular. La diferencia es que esa especie de inframundo está colmado de los monster de Pokémon, que serían más malos que los terroristas que azotan una Francia tan amenazada como pocas veces en su historia.

Pikachu

Los monster no son más ni menos que los aparecidos por primera vez en los años 90. En esa época fueron lanzados en el Game Boy de Nintendo. Los años 90 fue ese momento de la historia en que Néstor Kirchner comparaba a Menem con Perón y su esposa, la señora Kirchner resaltaba los "méritos" de Domingo Cavallo. Después, hace poco, dirían otra cosa, al revés. En fin, amigos, vivimos en un mundo chiflado. Ninguna novedad.

La BBC publicó hace unos días un "pequeño diccionario" para comenzar a entender un poco más de la historia tan ascendente de Pokémon en su nueva versión, vía smartphones:

- Pokemon = pocket monster

- Pokestop = landmark (punto de referencia)

- Pokeball = un chance que los jugadores utilizan para capturar a Pokémon y entrenarlo.

- Academia = lugar donde los Pokémons luchan unos contra  otros.

- Pikachu = el Pokémon más famoso e ícono de laa cultura japonesa.

Pokemon

En este inframundo no sólo un tipo pierde su trabajo para dedicarse a jugar enteramente, sino que además muchas personas se enroscan en ir a buscar a los monstruos, a lo que se trata de combatirlos en una geografía concreta, real, muchas veces desconocida para los incautos.

Pasaron dos cosas que me parecen tan alucinantes como absurdas, si acaso lo alucinante no es, al fin, un verdadero absurdo. Una mujer en Estados Unidos, abocada a la búsqueda de los monsters, llegó a un lugar en el cual encontró el cadáver de una persona. Sucedió en la costa de un río cercano a su casa. La policía le agradeció la colaboración, mínimo.

El otro suceso, también reciente, es que cuatro personas fueron detenidas por usar la aplicación y atraer a desesperados cazadores de monstruos, para robarles. Ni siquiera el ex intendente Lobos lo hubiera pensado con tanto detalle. 

Al entrar a jugar a la app, la Niantic Labs se asegura que el usuario los autorice para utilizar su localización y compartirla en esta suerte de mundo paralelo. Mientras tanto, la explosión Pokémon Go hizo crecer el valor de Nintendo en US$ 7 billones de dólares. Las acciones se han disparado en buena medida por el furor que ha causado en todo el planeta. La app Pokémon Go ya se ha instalado en más del 5 % de todos los smartphones con sistema Android en Estados Unidos. Esto representa el doble de Tinder y vaticinan que a este ritmo la app en poco tiempo superará la cantidad de usuarios activos de Twitter.

Si algo faltaba para confirmar el suceso de Pokémon Go, es que su plataforma permite  ingresos más allá de las compras dentro de la aplicación. Uno de sus códigos de programación fue pensado para recibir patrocinios gracias a su perturbador dominio de localizaciones. En estos días se ha comentado que McDonald's sería la primera compañía en unir su marca a la app.

Una última cosa: Quebracho y la izquierda cavernícola, en los años 90, también culpaban a McDonald's de vaya a saber qué demonios. Quemaban y destruían como tantas veces el local ubicado en las inmediaciones del Obelisco. Hacían patria, decían.

Se los dije: es un mundo chiflado.

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23 de julio de 2018 | 09:10
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