opinión

No codiciarás el hombre de tu prójima

No codiciarás el hombre de tu prójima

Por Carina Saracco y Mauricio Girolamo

carinasaracco@gmail.commauriciogirolamo@gmail.com

En uno de sus textos, Mario Benedetti narra que no hay mandamiento once que diga "no codiciarás el hombre de tu prójima". Y sin siquiera rozar aspectos religiosos, sino estrictamente psicológicos, es que nos animamos a plantear una disquisición que tiene por disputa, las posibles y aparentemente nunca reconciliables diferencias que hay entre la infidelidad femenina versus la masculina.

El género femenino ha ido ganando nuevos territorios. Posicionándose por estos días, casi paralelamente a los roles que los hombres históricamente han ostentado. Ha ido desarrollando mejores y nuevas inserciones laborales, en una búsqueda de reconocimiento y merecimiento que las desate de la entrampante dependencia del "macho proveedor". Y pasar así a tener un compañero, un par, con el que negocia áreas, tareas y tiempos.

Hoy la mujer no sólo trabaja fuera del hogar a la par de su cónyuge, sino que nunca dejó de ejercer funciones prototípicas del rol femenino, tales como organizar la vida hogareña, atender detalles de los hijos, coordinar las compras cotidianas y ser excelentes ecónomas, entre otras tantas. Es decir, sumaron funciones a las que ya poseían.

Todo esto, les facilitó un lugar de permiso social, de poder, de espacios y derechos que tiempo atrás, le estaban mayormente vedados. Hasta no hace mucho, una mujer divorciada era alguien mirada con malos ojos; ciertos puestos laborales eran impensados para una mujer y animarse a mirar -y sentirse tentada- por fuera de la pareja era sancionado con el peor de los calificativos gravemente insultantes. Pero a través del tiempo fue adquiriendo una suerte de liberación femenina que la sacó de su claustro social, que le impedía sentir tal y como lo hacían los hombres, tal y como experimentaba su condición humana.

Históricamente a la hora de traicionar la monogamia, los hombres, han gozado de ciertos motes cuasi argumentados, como el de ser "un ser con necesidades", "mujeriego", "atorrante", "pillo", "pirata", etc. O justificados incluso con que "salió a buscar afuera lo que no encontraba en casa". Pero en el caso de ellas, asumir su condición biológica, sentir pasiones terrenales y morder la manzana prohibida, hacía que fuese nombrada con apelativos que ni siquiera podemos repetirlos en este espacio, por respeto al género.

Por una cuestión cultural e histórica, el hombre ha dividido su cabeza y ha puesto por un lado el amor, la ternura y por otro carril, los placeres, los instintos. En una suerte de dificultad de que ambos aspectos coexistan en una misma persona. La mujer, aunque no parezca, también ha deslizado ese sesgo machista y ha justificado, asumido y "perdonado" incansablemente conductas desleales y dañosas, en nombre del amor.

Debemos saber que cuando la mujer siente, siente. Parece redundante pero no lo es. Si hablamos de necesidades, la mujer y el hombre son iguales. Sólo que, cuando la mujer pone el cuerpo (conforme el tiempo avanza en una relación), pone mucho más que deseos y fantasías. Ellas no tienen esa "cabeza dividida". Todo lo contrario: "integran emociones, ponen sentimientos, despiertan pasiones, conectan gustos, desarrollan anhelos, crean ilusiones, en un todo imposible de fragmentar". Ellos, sin embargo han heredado la idea de los compartimientos estancos, la teoría de las cajas no conectadas (la del amor, la del sexo, la del trabajo…la de la nada, etc.). Por lo que se ha transformado en un verdadero desafío poder unir, mezclar y hacer convivir ambos en una sola relación.

En consecuencia, hombres y mujeres venimos con aspectos que, al menos culturalmente, nos hacen diferentes. Biológicamente parecidos y humanamente iguales. El "desafío" de los hombres es integrar en una misma pareja todo cuanto pudiese. La "lucha" de toda mujer, es no renegar de sus sentimientos e integridad emocional. La "conclusión" de ambos es comprender que más tarde que temprano, el corazón de una mujer está plenamente conectado con su cuerpo. Sea que se comience por uno u otro lado, son inseparables. Ningún género está exento de sentirse tentado. Pero a la hora de los hechos, hay que tener en cuenta de dónde venimos y a dónde vamos. Evaluemos los costos. Asumamos los riesgos. Y relativicemos los beneficios. Mirar con un solo ojo, de acuerdo a la conveniencia presente de cada uno, no hará otra cosa que tener que enfrentarnos ineludiblemente, con lo inmanejable, lo inesperado y lo crucial.

Opiniones (1)
27 de mayo de 2018 | 14:47
2
ERROR
27 de mayo de 2018 | 14:47
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. En ambos casos, habría que agregar una coma y después "tampoco a tu prójimo/a"... Jajajjjj
    1