opinión

Qué hizo San Martín por la Independencia

Restaurado Fernando VII en el trono de España, la mayoría de las revoluciones en América habían caído en desgracia.

Qué hizo San Martín por la Independencia

Al cumplirse 200 años de la Declaración de la Independencia, surge la necesidad de hacernos la pregunta si hemos sido capaces de consolidar el país que nuestros padres fundadores imaginaron para la posteridad. Sin duda doscientos años de historia es un plazo muy corto para una nación, pero suficientes para analizar nuestro pasado, analizar el presente y sobre todo para repensar y planificar los próximos doscientos años con una visión estratégica de país y región.

San Martín en Mendoza

En el peor momento de la revolución, restaurado Fernando VII en el trono de España, dispuesto a recuperar las colonias con la ayuda de sus pares de la Santa Alianza, la mayoría de las revoluciones en América habían caído en desgracia y Buenos Aires era el único foco rebelde que se mantenía en pie; sin embargo las divisiones entre los dirigentes de la época que habían comenzado desde el mismo momento en que se constituyo la Primera Junta de Gobierno, inicialmente entre saavedristas y morenistas, entre los diputados de Buenos Aires y del interior, y finalmente entre sanmartinianos y alvearistas en la Asamblea del Año XIII, que si bien cumplió una gran labor legislativa no llegó a concretar y ejecutar sus objetivos principales: Declarar la Independencia, Dictar una Constitución y Formar Gobierno.

Finalizado abruptamente el Directorio encabezado por el joven Carlos de Alvear, el Cabildo de Buenos Aires, ejerciendo nuevamente la potestad tutelar de la revolución que ostentó desde el mismo 22 de mayo de 1810, eligió como nuevo Director Supremo a José Rondeau en abril de 1815, pero como este último se encontraba al frente del Ejército del Norte en reemplazo de Coronel San Martín quien , por “razones de salud” solicitó su retiro a Córdoba para solicitar finalmente la Gobernación Intendencia de Cuyo; José Ignacio Alvares Thomas fue designado Director Interino cargo que ejerció desde ese momento hasta mayo de 1816 cuando fue reemplazado por Juan Martín de Pueyrredón.

A mediados de 1815 el Director Interino, en cumplimiento de lo dispuesto por el Estatuto Provisional sancionado en Mayo de 1815 el que en su artículo 30° establecía: “luego que se posesione del mando, invitará, con particular esmero y eficacia, a todas las ciudades y villas de las provincias interiores para el pronto nombramiento de diputados que haya de formar la Constitución, los cuales deberán reunirse en Tucumán”; convocó al esperado Congreso de las Provincias Unidas de Sudamérica. Recibida la comunicación, hacia fines de 1815 y principios de 1816 las provincias comenzaron la elección de diputados a razón de 1 cada 15.000 habitantes.

Belgrano

Tucumán se constituyó a partir de ese momento en el centro de todas las miradas y las esperanzas para salvar a la revolución. La rica ciudad del norte fue elegida por varias razones, en primer lugar para evitar el rechazo de las provincias que desde el mismo año XIII habían mostrado su descontento a la influencia de Buenos Aires, por ser uno de los centros geográficos del país, y además porque así el congreso contaría con la protección del ejército del Norte que tenía en Tucumán su cuartel general; e incluso porque también así Buenos Aires se aseguraba de sustraer a los congresales de la influencia de Artigas que para ese entonces dominaba la banda oriental y todo el litoral. Recordemos que por las disensiones entre el Directorio de Buenos Aires y Artigas, los diputados de Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y la Banda Oriental no participaron del Congreso.

Ante esta debilidad que presentaba la nueva Asamblea Nacional, en un contexto internacional totalmente adverso y una situación interna de extrema fragilidad, el Congreso de Tucumán encontró su baluarte político en el Gobernador Intendente de Cuyo: José Francisco de San Martín. En efecto desde Mendoza y a través de la representación cuyana el futuro libertador comenzó a ejercer presión sobre todo el arco político para la reunión del congreso, influyendo directamente en la agenda de temas que el mismo debía considerar, promoviendo la designación de un nuevo Director Supremo y fundamentalmente impulsando la Declaración de Independencia.

El congreso comenzó a sesionar el 24 de Marzo de 1816 con la presencia de una veintena de diputados en tanto esperaban la incorporación del resto que debía concretar sus 33 integrantes. En tanto San Martín, constituido en uno de los hombres fuertes del momento, contrarrestaba los proyectos del protectorado inglés y la dubitante postura de muchos dirigentes que consideraban que no estaban dadas las condiciones para dar el “paso trascendental” de la Declaración de la Independencia. El 24 de Mayo de 1816 en carta al Diputado por Mendoza Tomás Godoy Cruz, su principal vocero político en el Congreso, le decía al respecto: “Ya está decidido el problema de Inglaterra, nada hay que esperar de ella. Ahora bien, ¿cuál es el medio de salvarnos? Yo lo sé, pero el congreso lo aplicará como tan interesado en el bien de esos pueblos, resta saber, que si los tales medios no se toman en todo este año no encuentro (según mi tosca política) remedio alguno”.

Como estás, muchas otras cartas dirigirá San Martín a Laprida, Oro, Maza, Pueyrredón y el mismo Godoy Cruz solicitando desesperadamente la tan ansiada declaración. El Gran Capitán, presto para esa fecha a iniciar la campaña libertadora, necesitaba cruzar la cordillera con el Acta de Independencia en la mano para poner en práctica, con el debido respaldo jurídico, su plan de liberación continental que tan pacientemente había madurado durante su paso por el ejército del norte y a partir de sus deliberaciones con Belgrano, Güemes y los caudillos alto peruanos; y las consultas con su amigo y colaborador Tomás Godoy Cruz.

Pocos meses antes, en el mismo momento que comenzaba las sesiones el congreso, retornaba a Buenos Aires, habiendo cumplido su misión diplomática en Europa, el creador de la Bandera Manuel Belgrano, quien fue designado nuevamente al frente del ejército del norte tras el fracaso del general José Rondeau en la tercera campaña al Alto Perú, que había culminado en la derrota de Sipe Sipe; y a instancias del propio San Martín quien en carta del 12 de Marzo de 1816 había escrito a Tomás Godoy Cruz: "…En el caso de nombrar a quien deba reemplazar a Rondeau, yo me decido por Belgrano; éste es el más metódico de lo que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame que es lo mejor que tenemos en América del Sur". El 17 de Mayo, el nuevo Director Pueyrredón solicita la presencia del recién llegado en la ciudad de Tucumán. Belgrano, inmediatamente arribado al jardín de la república, será recibido en sesión secreta del congreso el 6 de Julio y allí expondrá las novedades de la política europea y a través de un encendido discurso impulsará a los diputados presentes, presididos por Francisco Narciso de Laprida, a declarar la independencia y formar gobierno adoptando la forma de monarquía constitucional, exponiendo su proyecto de coronación de un inca como rey de las provincias sudamericanas, y con el poder efectivo en una regencia a través de un poder ejecutivo que fuera continuidad del Directorio, tal como había expuesto desde Cuyo el mismo San Martín.

A raíz de lo expuesto por Manuel Belgrano y ante la insistencia de San Martín a través de los diputados por cuyo, finalmente en la sesión del 9 de Julio de 1816 se consideró como primer punto del temario la libertad e independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica de la dominación de los reyes de España y su metrópoli; así el Congreso de Tucumán realizó la gran patriada, a puro coraje como sostiene Mitre, de Declarar la Independencia la que quedó plasmada en la famosa Acta de la Independencia, en cuya parte pertinente expresaba: "Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia, que regla nuestros votos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra que, es voluntad unánime e indudable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo el seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación, y en obsequio del respeto que se debe a la naciones, detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.” Pocos días después a instancias del diputado por Buenos Aires Pedro Medrano y tal como lo había solicitado San Martín se agregaba la fórmula: “y de toda dominación extranjera".

Siguiendo a Mitre en este punto podemos coincidir en que: "En medio de tantas dificultades, el Congreso supo levantarse a la altura de la situación dando nueva vida a la Revolución y nuevo ser a la República por un acto vigoroso que hará honor a su memoria mientras el nombre argentino no desaparezca de la tierra."

De esta forma, finalmente el Congreso dio el golpe magistral de la Declaración de la Independencia con la impronta de Belgrano y San Martín, quienes si bien no rubricaron el acta con su firma, sin duda plasmaron sus ideas de libertad e independencia a través de los diputados del norte y de cuyo que respondían a sus designios. Y fueron precisamente Belgrano y San Martín, formados a la luz de las ideas de la ilustración y bajo el influjo de “La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” aprobado por la Asamblea Nacional Constituyente de Francia el 26 de Agosto de 1789, quienes se erigieron en los líderes y conductores de la lucha por la libertad.

La Declaración de Independencia permitió, finalmente, a San Martín iniciar el cruce de los andes y a fines de ese gran año de 1816, el Gobernador escribía otra misiva a Tomás Godoy Cruz en la que le decía: "… Ya estamos en capilla, mi amigo, para nuestra expedición, por esto calcule usted como estará mi triste y estúpida cabeza; baste decir a usted que para moverme necesito 13.000 mulas, que todo es preciso buscarlo y sin un solo real, pero estamos en la inmortal provincia de Cuyo y todo se hace; no hay voces, no hay palabras para expresar lo que son estos habitantes…". Consciente del esfuerzo que Mendoza, San Juan y San Luis habían realizado para seguir a pie y puntilla su plan de liberación continental, el Gobernador no dejaba de reconocer en carta a sus amigos, al Director Supremo y al mismo Congreso todo el apoyo que había recibido de Cuyo y lo que significada el aporte de este pueblo para la salvación de toda América; ya que precisamente desde "la inmortal provincia de cuyo" el Gran Capitán de Los Andes, se convirtió en el adalid de la causa de los pueblos.

Así como el 25 de Mayo de 1810 no hubiese sido posible sin la acción de los "hombres de mayo": Saavedra, Paso, los Hnos. Rodríguez Peña, Vieytes, Berutti, French, entre muchos otros, y fundamentalmente Mariano Moreno, Juan José Castelli y Manuel Belgrano; sin lugar a dudas podemos asegurar que el Congreso de Tucumán y la Declaración de la Independencia fue obra de la perseverancia, insistencia, trabajo, esfuerzo, ideas y convicciones de nuestros padres fundadores: Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y González y su amigo y hermano de causa el Libertador de América José Francisco de San Martín; modelos de líderes autóctonos que debemos poner en valor y dar a conocer en toda su dimensión, especialmente entre las nuevas generaciones, pues sus aristas y facetas son muchos más amplias y ricas que el "Creador de la Bandera" y el "General del Ejército Libertador de Los Andes", son eso y mucho más, y es por ello que en este Bicentenario de la Independencia es preciso recorrer su vida y obra, y a partir de allí difundir, recordar y poner en práctica sus enseñanzas, principios y valores; dejando de lado nuestras diferencias, retomando el camino del diálogo y el esfuerzo conjunto, y fundamentalmente anteponiendo el interés general y el bien común por sobre las rencillas particulares, divisiones internas e intereses mezquinos, pues como decía San Martín: "Pensemos en grande y si la perdemos que sea con honor…". Pero siempre con la visión de una patria próspera, equitativa, soberana, justa y libre para todos los que habitamos este hermoso suelo argentino como dignos herederos de su legado.

 (*) Juan Marcelo Calabria. Docente y Ensayista. Miembro de Número de la Academia Nacional Sanmartiniana. Instituto Nacional Sanmartiniano. Miembro Adherente del Instituto Nacional Belgraniano. Presidente del Ateneo Cultural Sanmartiniano Cuna de la Libertad. Miembro de la Asociación Cultural Sanmartiniana Mi Tebaida. Autor del Libro: “San Martín: Modelo de Líder Americano” y otros ensayos sobre liderazgo sanmartiniano.

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24 de mayo de 2018 | 02:19
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