opinión

Para acabar con los terroristas hay que acabar con su filosofía

Para acabar con los terroristas hay que acabar con su filosofía

 Cuando se trata de combatir ideologías totalitaristas como el Comunismo o el Nazismo, son pocos los que se atreven a oponerse. Pero cuando se trata de combatir al Islam Radical, que además de ser una ideología extremista, es una religión; los fanáticos de la Corrección Política se oponen airadamente.

¿Cuál es la diferencia entre ideología política, filosofía o religión? Ninguna, cuando se vuelve en obsesión y razón de existir.

Para Barack Obama, que vivió su infancia y adolescencia como musulmán; hablar contra el Islam es sacrilegio. “Juego de palabras”, dijo, mencionando por primera vez la calificación “Islam Radical”.

Desgraciadamente no es un juego y no son sólo palabras. Es cuestión de vida o muerte. Si no puedes definir e identificar a tu enemigo, nunca lo podrás derrotar.

Los mismos musulmanes en el Medio Oriente saben discernir entre los yijadistas y los demás. Les temen y los combaten. Egipto, Jordania, Marruecos, saben perfectamente que los intolerantes religiosos son el peligro más grande que confrontamos. Pero los demócratas norteamericanos y los socialistas europeos, son condescendientes con ellos.

El atentado en Turquía, un país musulmán, sirve de testimonio. El aeropuerto de Estambul es uno de los más seguros del mundo, ocupa el tercer lugar. El sistema de chequeo de pasajeros es similar al utilizado en Tel Aviv, (número uno en seguridad). Sin embargo, los terroristas se las ingeniaron para derribar su defensa.

En el Aeropuerto Atataturk, igual que en el Ben Gurion, los pasajeros son revisados y careados afuera del edificio. Sus valijas también son examinadas antes de ingresar. En Israel, quienes se aproximan al aeropuerto son vigilados desde que emprenden camino hacia el lugar en sus automóviles.

En Estambul, algo falló. Los yijadistas hicieron un hueco en la línea defensiva primaria, como en un partido de fútbol americano. Quebrada la defensa, con la bomba que explotó en el exterior del edificio, los asesinos penetraron.

Turquía e Israel tienen millones de musulmanes y, a menos que uno sea adivino, nadie sabe qué puede disparar la motivación en alguno de ellos para convertirlo en suicida.

La estimulación religiosa hace que muchos se conviertan en fervorosos creyentes de la noche a la mañana. Esta afirmación es válida para cualquier creencia, pero son únicamente los musulmanes quienes en la era actual buscan eliminar a aquellos que no profesan su fe.

Para ser un terrorista islámico, hay que creer en el Islam, de manera que la guerra no puede ser encauzada contra los terroristas únicamente, sino que debe ser dirigida contra la ideología que la produce; el Islam Radical.

No puede haber terrorismo islámico sin Islam. Pero el presidente Obama, y toda su tropa de seguidores, no se atreven a admitirlo; igual que los europeos. Las consecuencias son claras. El mundo libre está perdiendo la batalla, pues cada día son más los islamistas delirantes que se infiltran en la sociedad occidental.

Millones están siendo adoctrinados para dar la estocada. Como no es una guerra de ejércitos, donde el enemigo ocupa un lugar determinado ni usa un uniforme distintivo, con excepción de Irán; cuando cunda la masacre, será la más horrorosa de la historia.

Mientras Obama y los líderes europeos sigan manteniendo que no se puede atacar a una religión; la guerra está perdida. Los nazis no hubiesen existido sin el Nacional Socialismo y los comunistas sin el Marxismo.

Es la ideología la que convierte a las personas en santos o criminales. En la ideología pregonada por los clérigos musulmanes, los criminales son demasiados y el Islam nunca habla de moderación. Si hay musulmanes moderados, que son la mayoría, es porque no obedecen las leyes coránicas al cien por ciento. Son la mayoría racional; y la mayoría racional siempre ha sido cobarde.

Opiniones (1)
22 de agosto de 2018 | 03:21
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22 de agosto de 2018 | 03:21
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  1. La lucha contra la intolerancia implica una gran paradoja: la victoria será la prevalencia del intolerante más fuerte.
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