opinión

De mágico a aterrador

De mágico a aterrador

Anteayer nuevamente un ataque incomprensible. En este caso, una vez más en Turquía. A esta altura no importa dónde. Importa qué nos está pasando a todos en el mundo. Desde lo económico, lo social, lo cultural, lo religioso. De norte a sur, de este a oeste.

Como no soy una analista internacional sino simplemente una observadora constante de la realidad, como periodista curiosa y preocupada por los enfrentamientos que vivimos de lo macro a lo micro, en cada rincón de este mundo globalizado, tengo la necesidad de expresar que, contrariamente a la evolución natural siento que vamos involucionando cada vez más . Sí, involucionamos volviendo a prácticas casi primitivas.

El hombre -genéricamente hablando- en vez de acercarse porque todo y todos estamos intercomunicados, se aleja. Cada vez las sociedades se fracturan o se trizan más y el entretejido social, en distintos puntos del planeta y por diferentes causas, se resquebraja.

Hoy asistimos azorados a lo sucedido en uno de los aeropuertos más importantes de Estambul, Ataturk, con casi medio centenar de muertos y alrededor de 150 heridos. La estación aérea, con gran movimiento internacional y que se encuentra a unos 20 km de Taksim y un poco menos del centro histórico de Sultanahmet , fue testigo esta vez de otro hecho sin calificativos, que mató e hirió a gente inocente, sin miramientos de nacionalidad ni de origen.

El centro histórico y cultural más importante de Turquía, con maravillas como la Mezquita Azul, el Palacio Topkapi, Santa Sofía o la Cisterna de Yerbatán, es un crisol de turistas de distintos países . O mejor, era, porque con los atentados que cada vez son más frecuentes, los visitantes van disminuyendo paralelamente al incremento de hechos de intolerancia ya histórica, política o religiosa.

Hace apenas tres semanas lo viví en primera persona. Fue a principio de junio, alrededor de las 9 de la mañana, hora turca, cuando detonaron tres bombas casi en simultáneo en distintos puntos, una de ellas muy cerca de Sultanahmet, en las inmediaciones de una de las puertas de salida del Gran Bazar. O sea en pleno corazón turístico de Estambul.

Estábamos muy cerca, sin saber nada, dirigiéndonos a la zona (Lalelí ) y al preguntar cuál era la conexión del metro, la estudiante a la que pedíamos información nos miró asombrada y nos dio la noticia. Nos miramos y decidimos continuar el camino...a lo sumo no nos dejarían pasar. Hicimos el trasbordo y nadie comentaba nada, todo parecía muy normal. Bajamos y sólo había un móvil policial con dos agentes fuertemente armados. Les preguntamos cómo llegar a la salida 7 del Gran Bazar y únicamente respondieron que estaba cerrado, que debíamos rodear el lugar.

Los negocios estaban abiertos pero vacíos. Habían pasado unas 2 horas desde los hechos y nada hacía pensar en algo como lo sucedido; poco a poco se fue poblando de turistas absolutamente ajenos a los hechos. Seguimos nuestro camino, llegamos a las inmediaciones del lugar sin rastros de nada. A la noche buscábamos informativos en la tv turca...silencio...sólo algunas imágenes.

Después nos enteraríamos que la prensa estaba "prensada". Nadie hablaba demasiado del tema. Lo mismo sucedió ayer. Sólo imágenes con casi nada de data en los medios locales, excepto las palabras del presidente turco en el sentido de que su gobierno mantendría su firmeza contra el terrorismo.

Obviamente los fundamentalismos, del tenor que fueren, no tienen límites. No importa el origen, las causas o razones. La violencia y la intolerancia que se está generando en el mundo, es incomprensible. Todo parece válido como excusa para partir en dos, indeclinable y tajantemente las posiciones en la sociedad actual, en distintos rincones y por distintas motivos.

Esto nos hace desvanecer muchas veces la ilusión de soñar, a esta altura de la vida, con un mundo más comprensible y menos violento.


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19 de junio de 2018 | 08:13
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19 de junio de 2018 | 08:13
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