opinión

Somos adictos: la adolescencia en peligro (Parte II)

Somos adictos: la adolescencia en peligro (Parte II)

Por Lic. Carina Saracco y Lic. Mauricio Girolamo

¿Todo tiempo pasado fue mejor? La realidad es que el mundo cambió. Las cosas cambian y nada es estático. Las formas de comunicación, las modas, la tecnología y hasta los tipos de familia han evolucionado hacia otras formas; básicamente porque la sociedad muta en un intento de adaptación y supervivencia.

También es cierto que la evolución no siempre va aparejada solo de lo positivo, en nuestro mundo existe un sinfín de peligros, riesgos y desventuras, sin por ello caer en que la vida sea una amenaza constante de lo desagradable, ni que todo tiempo pasadohaya sidomejor. Pero hoy queremos hacer hincapié en el ejemplo quizá más impactante que trae consigo a modo de “combo” lo que daña, hiere y destruye; estamos hablando de la existencia, propagación y abundancia de las drogas, en la realidad actual de nuestros adolescentes.

Los adolescentes están expuestos,porque tienen actividades sociales que involucran estar cerca de las drogas legales e ilegales. Es esperable que se muevan en estos ambientes, e incluso lleguen a consumir, al menos de forma experimental, alguna vez en sus vidas.

Hoy el consumo de drogas no puede asociarse con ningún estereotipo excluyente. Ymás que buscar signos externos, hay que ayudar a nuestros adolescentesa escoger en la vida y que adquieran su propia forma de ser, aprendiendo a vivir en relación con los demás. Solo decirle no a las drogas no es suficiente, es necesario fortalecer (desde niños) la toma de decisiones personales, enseñar a afrontar los problemas, promover la auto aceptación, fomentar la expresión de sentimientos.Es difícil que los adolescentes asuman interiormente los límites, por eso es sumamente importante que los límites sean externos y los debe marcar primordialmente la familia. Deben ser claros, racionales, y en la medida de lo posible negociados, esto fomenta la responsabilidad y facilita la autonomía personal.

El desarrollo evolutivo de los adolescentes desde siempre ha estado asociado a la experimentación, al coqueteo con el riesgo, a la imitación, a la construcción de su identidad en el contacto con sus pares. No nos sirve de nada quejarnos de la realidad imperante, ni escandalizarnos por lo terrible que es hoy el consumo de marihuana en Mendoza, o criticar a los adolescentes por la cantidad de alcohol que toman. Sino que consideramos que ES NUESTRO DEBER HACER ALGO, y ese "algo" empieza por casa. Dejemos de esperar que las políticas lo hagan, que el narcotráfico disminuya oque detengan al kiosquero de la esquina.

¿Por qué decimos que hay que empezar por casa? Porque es la herramienta que más utilidad tiene, comprobada estadísticamente. Porque hay que hacer algo para PREVENIR que mi hijo, vecino, sobrino, etc. llegue al consumo. Porque nuestros adolescentes conviven con este riesgo, sumamente presionados por otros pares, que han comprado (junto con la sustancia) que algunas drogas no son dañinas o que por ser plantitas "naturales", parece que deberían ser inocuas. Podríamos escribir horas sobre el efecto y el daño que producen, pero ésta vez queremos centrarnos en "La Familia".

Está comprobado que la mayor herramienta preventiva para el abuso de drogas es la cercanía,compartir,estar, observar, hablar, y sobre todo escuchar a los hijos. El diálogo de lo profundo surge como una consecuencia de compartir, de ver una película (elegida por nuestro hijo) juntos, aunque sea a veces en el más absoluto silencio, pero estando cerca para cuando ellos deseen hablar; de hacer salidas "de mujeres" o "de hombres", compartiendo sus gustos, conociéndolos, involucrándonos con ellos, dándonos el tiempo para descubrir sus necesidades y poder sentarnos a hablar sin dar sermones, para escuchar lo que ellos tengan para decir y sea importante en ese momento de su desarrollo, sus preocupaciones y sus intereses. Generar espacios para que nos cuenten qué ven, qué hacen, qué música escuchan, quiénes son sus amigos y conocerlos, acercarlos, invitarlos, observarlos. Y conocer a los padres de sus amigos, formando una verdadera red que los contenga, para que sepamos que cuando se quedan en la casa de algún compañero a la salida del colegio, o de un boliche o un cumpleaños, también serán escuchados, observados, "monitoreados", por esos adultos que están en "la misma sintonía" que nosotros.

Quizás todo estono nos garantiza que no beban alcohol en exceso alguna vez o prueben otra droga. Pero seguro ayudará a no caer en los abusos que nadie observo, siendo el portal de entrada a una adicción;y achicará los motivos que determinan la necesidad de "tapar" con el consumo, sus angustias y problemas,porque sí pudieron desahogar en una charla contenedora, en la que se sintieron escuchados y comprendidos por sus padres o algún adulto cercano a ellos.

Todo esto constituye una franca barrera defensiva contra las drogas. Porque el silencio y la distancia de los adultos, es el "caldo de cultivo" para que la droga prolifere en cualquier familia. Así como no existen drogas duras y blandas, ni drogas buenas y malas (absolutamente todas son duras y todas son malas,generando daño y dependencia), no existe clase social, ni cultural, que intercepte su presencia, tampoco existe "nuestra época", porque esta época de nuestros hijos, también es la nuestra, este es el mundo en el que vivimos hoy. Así están las cosas.

La respuesta es la "acción y ahora". Si nos relajamos en considerar que "a mis hijos esto nunca les va a pasar", es dejar abiertala puertade nuestra casa a la entrada de todo tipo de drogas.

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22 de junio de 2018 | 02:41
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