opinión

A 50 años del derrocamiento de Illia

A 50 años del derrocamiento de Illia

 Para quienes formamos parte de la Unión Cívica Radical y creemos en la política como herramienta para la transformación de nuestra sociedad, son días especiales estos que vivimos. Este domingo conmemoramos los 125 años de nuestro partido y este martes se cumplen 50 años del derrocamiento de uno de nuestros mayores referentes y uno de los mejores representantes que tuvimos los argentinos: el doctor Arturo Umberto Illia.

Un 28 de junio de 1966, aquel hombre honesto que llegó a ser Presidente de la Nación, fue derrocado por un golpe de estado cívico-militar. Nuestro deber hoy es recordar los hitos de su gestión y defender la dignidad de este hombre que no fue sólo una persona honrada sino también un gran mandatario y un defensor de la República.

Son muchos los aspectos para destacar de su gobierno. Si hablamos de educación y ciencia basta citar al premio nobel Luis Federico Leloir quien aseguró que "la Argentina tuvo una breve edad de oro en las artes, la ciencia y la cultura entre 1963 y 1965".

Es por todos conocidos lo difícil que resulta a cualquier titular del Poder Ejecutivo gobernar sin mayorías legislativas y esto ocurrió durante los años de Don Arturo en el poder. Por ello, haber logrado la sanción de una ley de Presupuesto y que en ella se destinara el 23% a la educación, merece toda nuestra consideración. Además, como la historia nos ha hecho apreciar, esos fondos no sólo estuvieron presupuestados sino que llegaron al destino previsto. Se dispuso también por aquellos años un Plan Nacional de Alfabetización, lo que destaca la preocupación del Presidente por el progreso del pueblo de la Nación. Llegaron a funcionar 12.500 centros especiales, que albergaron a 350.000 alumnos de entre 18 y 85 años También fueron de su preocupación las escuelas técnicas y las rurales , muchas de las cuales empezaron a contar con sus propios comedores para aquellos chicos que necesitaban más apoyo del Estado.

Podemos decir que Illia creía verdaderamente en la movilidad social y en el progreso, afianzado en cimientos sólidos. Solo el trabajo y la educación son las herramientas aptas en ese sentido y él las puso en práctica.

En materia de salud, la ley de medicamentos conocida por el nombre del ministro Oñativia, estableció que los medicamentos, al tener clientes cautivos, no eran productos comerciales sino bienes sociales que debían ser regulados.

También se creó la Sindicatura de Empresas, para el contralor de las empresas públicas.

" No habrá para nosotros países grandes que debamos seguir, ni países chicos a los que debamos dirigir", dijo sobre su visión de las relaciones internacionales. Gracias al intenso trabajo de los funcionarios de la Cancillería, se impulsó y se logró que la ONU dictara la resolución 2065 que concedió status colonial a las islas Malvinas, favoreciendo el camino hacia la recuperación. La invasión de Galtieri echó por tierra esa situación jurídica internacional. No podemos desestimar que además encaminó las relaciones con el Vaticano después de muchos años, avanzando el Concordato con la Santa Sede.

En el plano personal, todos sabemos que llevó una vida austera y sencilla, enmarcada en profundas pautas éticas, en la convicción de que se podía ser, sin necesidad de tener.

Son muchas las anécdotas que reflejan su modo de ser y quiero compartir una que me parece que resume su forma de pensar y de vivir: una mañana, mientras don Arturo tomaba un café en una confitería del centro la Ciudad de Buenos Aires, se presentó un general de la Nación de parte del presidente de facto Videla para ofrecerle custodia personal. Con su conocida serenidad, el doctor Illia le respondió: "Vea general, dígale a su presidente que yo no necesito custodia, y agréguele que el hombre no tiene mejor custodia que su propia conciencia".

Hay también, muchas frases de su autoría que se repiten y se aplican con gran certeza a las distintas realidades que vivimos en la Argentina. Entre ellas, hay una que recordé muchas veces los últimos años: "Una Nación está en peligro cuando su Presidente habla todos los días y se cree la persona más importante del país". Para finalizar, quise hacer esta relación: la letra H que le falta al nombre "Umberto", la encontramos en muchos de los valores que caracterizaron al Dr. Illia y lo convirtieron en un verdadero personaje histórico digno de recordar con orgullo: honestidad y honradez.

Opiniones (1)
21 de julio de 2018 | 16:35
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21 de julio de 2018 | 16:35
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  1. Junto a otros grandes personajes de nuestra historia política (Yrigoyen, Alfonsín, etc), todo un ejemplo de honestidad, coherencia y lealtad al Pueblo!!!
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