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Así coagula la sangre en Colombia

La crónica del periodista Gabriel Conte escrita en 2009 desde Colombia, tras reunirse con sectores víctimas de la guerra que hoy termina.

Así coagula la sangre en Colombia

Es imposible hablar de lo que pasa en otro país sin conocerlo profundamente, sin vivir un pedazo de lo que les pasa o sin contar con testimonios de raíz. Eso intentamos en numerosas oportunidades en MDZ y lo hicimos con varios viajes a Colombia. Tras uno de ellos, ocurrido en 2009, surgió esta nota, escrita en Bogotá aunque vivida en varios pueblos y ciudades de un recorrido triste y doloroso, aunque con la esperanza de que más temprano que tarde pasaría lo que pasa hoy: las FARC anuncian que dejan de ser guerrilla y el gobierno, que termina su ataque. A eso se le llama "paz". Una paz, sin embargo, repleta de heridas sangrantes, que dejó 260 mil muertos, 45 mil desaparecidos y 6,9 millones de personas desplazadas de su lugar de origen.

Esto conté en 2009 y lo quiero recordar ahora:

El 20 de marzo de 2009 nos reunimos con un grupo de mujeres con aspecto sufrido en la sede de una congregación cristiana. No fue factible detectar a ciencia cierta si eran o no católicos. No hubo aquel día, de todas formas, muchas indicaciones. Ni importaba, a los fines del encuentro. Sólo sabía que estábamos en el centro de Bogotá, perdidos en la selva urbana, esa vez. De incógnitos en el medio de millones de personas que iban y venían.

Adentro nos esperaba Magdalena. Salió, saludó. Su rostro la delataba contenta, digamos. Es una de las “Madres por la Vida”, la agrupación -corporación le llaman en Colombia- que surgió de las primeras "Madres de la Candelaria" e hijas, como ellas se dicen, de las otras madres, las nuestras, las de Plaza de Mayo.

candelaria

"¿¡Qué hay, qué más, Magdalena?!", requirió antes de los dos besos Juan Pedro, nuestro nexo. "¿Estás al tanto?", respondió ella, llena de aliento, sin esperar que
transcurra un solo minuto más: "La fiscal. ¡La fiscal consiguió excavar en lo que sabíamos que era una fosa común, aquella, ¿te acuerdas?, y ya han encontrado tres cuerpos!". Rio. Lloró. Habían encontrado los que pueden llegar a ser los restos de su hijo, asesinado por los grupos armados. Y si no resultaba ser, sería el hijo de otra madre. Por eso estaba contenta. Por eso reía y por eso lloraba y no se despegaba de Juan Pedro.

colombia candelaria

Llegaron otras madres al encuentro. Miraron con desconfianza al extraño que, además, habla "en argentino" aunque no en porteño, según detectaron en el acto. "Es un amigo", habilitó Juan Pedro. Inmediatamente después, dando por sobreentendidos los saludos y evitando los prólogos, cada una cuenta sus cuitas. Una sorpresa: estas madres eran "actuales" y no de hace 30 años. "Dije que venía a ver un pariente; si se enteran en Nariño (en el límite de Colombia con Ecuador) me matan”. Y no es un recurso lingüístico: “No menciones su nombre; la matarán si se enteran", me advirtió por lo bajo el guía.

María -convengamos en llamarla así- se expresó, en confianza. "Me han amenazado. Dicen que si seguimos reuniéndonos, nos borran. Pero yo no voy a parar hasta que encontremos a mis dos hijos (silencio; todas la miraron atentamente; entró al salón Juana, con su bandeja de comida y la sopa. La nueva presencia alteró por instantes la reunión, hasta que se produjeron las aclaraciones)". "Yo… (se quebró y lloró; se tragó la saliva, se limpió la nariz y nadie se atrevió a interrumpirla. Empezó nuevamente ya sin lágrimas) Yo quiero que sigamos reuniéndonos. Que nadie nos pare. Quiero y queremos todas terminar con esta pesadilla".

Marcela, más joven, miraba, desde la punta de la mesa. Apoyaba su rostro en las palmas de sus manos. "Que terminen las violaciones. Que no nos metan el cuento de la limpieza social ahora…", amenazó con extender su plegaria humana y terrenal. Pero fue interrumpida por Juana: "Nadie va a borrar de mi cabeza el día en que nos tomaron a todos, violaron a las mujeres y a mi hijo (pausa y nudo en la garganta) le cortaron la cabeza para jugar fútbol con ella".

El que se quebró en ese instante fui yo.

Tanta dosis de verdad resulta insoportable. Debí salir a tomar aire.

Eran 20 madres allí. Un día antes se juntaron 500 en Medellín. Ya son 6 mil repartidas por toda Colombia y organizadas como "Madres por la vida".

…..

Hoy vemos que los diálogos por la paz entre las Farc y el Gobierno colombiano han llegado por primera vez a una luz de acuerdo. Eso ya es mucho: es todo lo contrario a lo que la historia de mitad del siglo pasado y lo que va del presente nos depararon.

colombia

El pibe desesperado de Marinilla nos enseñó que el hambre es lo que empujó a su hermano y posiblemente a él a empuñar las armas. No hubo allí principio ideológico para sumarse a los insurgentes ni tampoco el de "autodefensa". No cuadra en los estándares de reclutamiento del crimen organizado. Es hambre. ¿Qué es? Es necesidad desesperada de salir de una crisis que nadie atiende, ¿qué es? Es, en definitiva, que la lucha entre unos y otros que afectan a miles de personas quitándoles la vida y/o sus propiedades y/o sus seres queridos y/o sus raíces se ha vuelto una forma de vida, parte de la cultura, cuando no un negocio.

Por ello es tan alentador para tantos que se haya llegado a un principio de acuerdo, y desastroso para otros, aquellos a quienes les conviene la continuidad del conflicto.

La discusión está puesta en la distribución de tierra para su uso agropecuario. Si son 250 mil personas las beneficiarias y 800 mil las hectáreas, o más, como reclama la cúpula política de las Farc. Pero acuerdo al fin.

Botero

Hasta Estados Unidos ha manifestado su beneplácito por esta instancia. Pero una voz se levantó salvajemente en contra: la del ex presidente Álvaro Uribe, quien insiste con un discurso duro, como es el de "no negociar con criminales".

Hay gente a la que no le interesa que haya paz. Frenar la guerra es cerrar un mercado de armas, de narcóticos, de sanidad y medicamentos, de reconstrucción. Esto porque puede decirse que hay una especie de "boom económico de la guerra".

Sobre eso, hace unos años, el ex líder del M19, Oscar Navarro Wolf -ahora, un destacado dirigente político colombiano-, me contaba que los guerrilleros y el Gobierno hasta podían comprarles las armas a los mismos proveedores estadounidenses. Por ello, ¿alguien tiene duda de que esos "proveedores" harán todo lo posible para que no se acabe la masacre?

La verdad es que la sangre corre por el mapa de Colombia desde hace décadas y aquí hay una oportunidad de que coagule, aunque el dolor siga. Primero, la insurgencia surgió por considerarse excluida por la política. Cuando comenzó a incluirse y participar en las elecciones, sus representantes fueron asesinados, aun ocupando cargos electivos, votados por la ciudadanía. La ramificación de la violencia armada incluyó a pobres y ricos, al Estado -que se hizo el tonto cuando los empresarios de "autodefendían" de los guerrilleros, por fuera de la ley y la
ley no existió nunca, directamente, para quienes avasallaron pueblos, violando,
secuestrando y matando-.

.....

El sábado 21 de marzo de hace 4 años, luego de bordear selva y campos sembrados de cacao, con chimeneas humeantes de olor a chocolate, arribamos a Marinilla, un municipio colombiano cercano a Medellín en el que se fabrican guitarras y cuya bandera local recuerda a sus habitantes la "obligación de proteger a los huérfanos".

En la noche anterior, Yonalber Stiven Villegas, un pibe veinteañero,  tomaba cerveza a unos 200 metros de la Iglesia de la Asunción, cuando un par de balazos congelaron su vida contra el muro de la Casa de la Cultura, en la entrada del Museo de los Cristos. Allí quedó.

Me llevaba al lugar la invitación a dejar las armas a quienes las estaban usando. Algunos, desde hace pocos días. Otros, desde hace décadas, bajo alguna "necesidad": defenderse de las Farc, atacar a las Farc, "proteger" sus fincas, cultivos y animales, "autodefenderse", y muchas etcéteras, según en boca de quién se pronuncie la justificación.

En el muro del Museo que alberga miles de crucifijos, incluida una svástica, todavía estaban las balas. En la iglesia velaban a Yonalber y me tocó ir al acto religioso. La tarea empezaba por el final: un muerto minutos antes de que se abriera un encuentro para resguardar la vida de la violencia armada que en Colombia representa una epidemia endémica.

yonalber

En medio de ese clima nos dispusimos a hablar con los jóvenes. La idea, el propósito: evitar su reclutamiento por grupos armados, cualquiera fuesen estos.

Con las autoridades acompañando, expertos amigos y anfitriones de las organizaciones colombianas que trabajan por terminar con el conflicto, nos dispusimos a hablar y a escuchar en un teatro lleno de gente dolorida por lo reciente pero afectada por lo permanente: la guerra.

marinilla

Desde el fondo, un joven interrumpió no bien comenzada la charla. "¿Qué hay? Si mi madre se muere de hambre, yo tomo las armas, ¿y quién me lo va a impedir? Pasamos semanas sin comida y a nadie le importa. Mi hermano se fue con ellos, no lo vimos más, pero seguro que come todos los días".

Si queríamos realidad, ella se estaba plantando de cuerpo entero, cruelmente frente a los supuestos "especialistas en conflictos". La jornada fue larga, los resultados los veremos con el tiempo y el trabajo de las organizaciones locales, no cesó nunca.

 Cómo es trabajar por la paz en un país que está siempre en guerra 

Esta entrevista fue realizada en cuatro tiempos.


Iniciamos la tarea alrededor del 20 de julio, fecha clave para Colombia en la que se realizó una multitudinaria “marcha blanca” para reclamar por la liberación de todos los rehenes que quedan en poder de las FARC, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Queríamos hablar con Luis Emil Sanabria Durán, miembro de la junta directiva de Redepaz, la Red Nacional de Iniciativas por la Paz, quien estaba en la organización de la movilización. Fue imposible. Lo vimos por los canales de televisión portando una gran bandera y entendimos la dificultad que entrañaría encontrarlo en medio de tamaña tarea. 

Lo logramos, finalmente, en un encuentro que tuvo como sede ni a su país ni al mío, sino a Costa Rica. Hablamos en extenso en el lobby del hotel Balmoral y seguimos la charla en el bar de enfrente, en pleno centro de San José y El Patio, un selvático restorán en el que nuestros desayunos coincidieron un par de veces. 

No fue todo.

Cuando cada uno se disponía a volver rumbo a sus orígenes, Luis Sanabria completó impresiones, gestos y circunstancias en el aeropuerto Tucumán, en ciudad de Panamá. Mientras él aguardaba la salida del vuelo 105 de COPA que lo trasladaría a Bogotá, leyendo el libro "La Subversión en Colombia" del recientemente fallecido Orlando Fals Borda, aquel que en 1959, junto con camilo Torres fundara la primera facultad de sociología en la Universidad Nacional de Colombia. 

A escasos 10 metros de su silla, miraba ansioso el ex canciller Fernando Araújo, con una notebook apoyada en sus piernas a la que no miraba mientras tecleaba. Esta serie de encuentros causales resultó ideal para una nota que no se dio: el ex ministro de Alvaro Uribe durante el rescate de Ingrid Betancourt, que fuera rehén de las FARC y lograra darse a la fuga estaba allí, tan cerca de Luis Emil Sanabria Durán, quien hoy lucha con las armas de la movilización popular, pero que ayer no más, luciera el uniforme guerrillero y empuñara las armas. 

Todo un símbolo. Nos miramos. Se miraron. No hubo saludo entre ambos. Tampoco nota: Araújo subió temprana y rápidamente al avión cuyo despegue aun no había sido anunciado. 

Y la cuarta etapa de esta nota, ahora, cuando se escribe y se lee y, además, se tiene al entrevistado del otro lado del chat, completando ideas. 

Su paso por la guerrilla, aun en la adolescencia. La lucha por la justicia de una y otra forma. La actualidad de Colombia. La guerra y la paz. 

- ¿Cuándo, por qué motivos se incorporó a la lucha armada o a grupos insurgentes? 

Lui emil bandera

- En Colombia la lucha insurgente tiene en su nacimiento motivaciones estrictamente políticas generadas principalmente por la falta de espacios políticos que permitieran la expresión y el acceso al poder de corrientes de pensamiento identificadas con propuestas de corte socialistas o comunistas. Estas motivaciones se mantuvieron durante más de 100 años del régimen generado bajo la figura de la Constitución de 1886. Los jóvenes que manteníamos algún nivel de cuestionamiento a la rigidez de dicha Constitución y a las políticas de dominación bajo ella generadas, fuimos objeto de aplicación de figuras como el Estado de Sitio, y en particular de la doctrina de seguridad que bajo el gobierno del presidente Julio Cesar Turbay se expresó en el llamado Estatuto de Seguridad (1977) a través del cual se realizaron persecuciones contra lideres sociales, estudiantiles, políticos, etc., que cuestionábamos tanto al Estado y su vigencia como a las políticas gubernamentales.

Muchos jóvenes fuimos detenidos, encarcelados, torturados y/o desaparecidos, lo que motivó que a su vez sintiéramos que la acción de grupos de izquierda clandestinos armados o no, fuera una opción o la única opción de seguir luchando por los cambios que pregonábamos.

Esta motivación fue principalmente la que me llevó a vincularme primero a grupos de jóvenes que veíamos en la lucha política legal de izquierda una posibilidad. Posibilidad que fue desapareciendo a medida que los niveles de represión y persecución se aumentaban, dejando la opción de la lucha armada como la única posible. 

- ¿Fue entonces que decidieron pasar a la clandestinidad? 

- Los jóvenes estudiantes engrosamos las filas de organizaciones políticas que a su vez se identificaban, promocionaban como organizaciones de armas insurgentes, como en mi caso particular la llamada Juventud Revolucionaria de Colombia que era la organización juvenil del llamado Partido Comunista de Colombia (Marxista- Leninistas)- PCC (M-L) y que tenía como brazo armado al Ejercito Popular de Liberación (E.P.L.). Inicié en esta organización juvenil a principios de la década de los años 80, llegando a hacer parte de la dirección política del PCC (M-L).

- ¿Cómo fue su vida en ese tiempo? ¿Cómo lo recuerda, como algo positivo o algo olvidable? 

- No puedo afirmar hoy que esa experiencia de vida fue algo positivo o negativo, lo cierto es que la concebíamos como la única posibilidad. Sin embargo, esta acción clandestina, insurgente marcaría mi vida en varias formas, de las cuales rescato, el profundo convencimiento de que era necesario, como lo es necesario ahora, avanzar hacia sociedades más equitativas, más justas, más democráticas. La mística del compromiso por los mas pobres, la disciplina de trabajo cotidiano y persistente, el compromiso por el cambio, son elementos que nunca me han abandonado, aunque confieso, que hoy se viven de forma diferente, seguramente menos apasionadamente, con otras utopías, con otros sueños mas realizables y concientes de que muchas de las propuestas que nos involucraron en la guerra, no tienen vigencia hoy en día, aunque las metas sigan siendo muy parecidas. Convencido de que la violencia no es ni puede ser el camino para la construcción de una sociedad culturalmente dispuesta a caminar por la senda del amor, la solidaridad, la justicia social y la paz. Me es imposible olvidar a muchos compañeros y compañeras que murieron en el camino, a mucha gente valerosa que estaría hoy jugando un importantísimo papel en la lucha por la democracia y la paz en nuestro País, muchas vidas perdidas y desperdiciadas que serían hoy de gran utilidad. 

- ¿Le tocó actuar en el ámbito urbano o en la selva? 

- Dependiendo de las circunstancias del movimiento y del análisis político del momento, debíamos cumplir tareas en ciudades y en campos. Es decir el PCC (M-L), tenía como tarea principal crecer en las ciudades como una fuerza política de masas, mientras que el E.P.L. cumplía acciones militares de combate principalmente en el campo. Mi militancia principal la cumplí en la ciudad vinculado a las estructuras clandestinas del PCC(M-L). 

- ¿Cuándo y por qué motivos abandonó la guerra? 

- Realmente esta es una decisión política colectiva. El PCC (M-L) y el EPL, se avocaron a una negociación política del conflicto armado que mantenían, teniendo en cuenta varias circunstancias. El convencimiento de la imposibilidad de acceder al poder por la vía armada, siendo uno de los grupos insurgentes mas grandes de Colombia para la época y no estando derrotado militarmente; el auge de un gran movimiento social y político que reclamaba mas acción política; la inminencia del fenómeno de narcotráfico que amenazaba por coptar su acción militar; la posibilidad de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para un nuevo pacto político y social.

Esta negociación culminó efectivamente con la desmovilización de la organización el 1º de marzo de 1991, en medio de la Asamblea Nacional Constituyente que nos entregó una nueva constitución política en Julio de 1991 en la cual se define al Estado Colombiano como un Estado Social de Derecho,  incluyendo muchas de las reivindicaciones que servían de sustento a la lucha armada, aunque su desarrollo posterior sea cuestionable tanto por su aplicación efectiva, como por los esfuerzos que realizan los dirigentes políticos tradicionales por revertir el proceso democrático y garantista de derechos que se contemplaron en ella. 

- ¿Quiénes lo acompañaron en aquella determinación y quiénes no? 

- En esta negociación participaron separadamente otras organizaciones armadas como el Movimiento 19 de Abril (M-19),  el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), el Movimiento indigenista Quintín Lame, y posteriormente en 1993 la llamada Corriente de Renovación Socialista (disidencia del Ejercito Nacional de Liberación E.L.N.). Por múltiples razones, este pacto no incluyó a organizaciones insurgentes como la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejercito del Pueblo (FARC-EP), y el Ejercito Nacional de Liberación (E.L.N.), quienes hoy mantienen la lucha armada. 

- ¿Cómo vivió la liberación o rescate de Ingrid Betancourt? 

- Para nosotros, las personas y los colectivos que trabajamos por la paz en Colombia, ha sido un propósito político y humanista, la erradicación de la práctica del secuestro como un ejercicio político o como un mecanismo de financiación de la lucha armada. Hemos insistido desde nuestro nacimiento como Redepaz, (Red Nacional de Iniciativa Ciudadanas por la Paz y contra la Guerra), en la defensa de los Derechos Humanos y en la realización de un acuerdo nacional Humanitario que tenga como meta humanizar la guerra bajo los preceptos del Derecho Internacional Humanitario. Por esta razón lideramos y convocamos en Colombia diferentes acciones ciudadanas por la libertad de todos y todas las secuestradas y por la firma de un acuerdo humanitario que permita el intercambio de personas secuestradas en poder de los grupos insurgentes y personas detenidas en las cárceles. El rescate o la liberación de la doctora Ingrid Betancourt y de las demás personas en poder de las FARC-EP, nos llenaron de mucha alegría, celebré su libertad al igual que lo hizo la mayoría del pueblo colombiano, pero seguimos insistiendo en la necesidad de la liberación de los casi 2000 secuestrados que se encuentran en poder de las FARC-EP, el ELN y los grupos paramilitares al igual que exigimos que aparezcan los miles y miles colombianos y colombianas que se encuentran desaparecidas. 

- Ahora que lidera un proceso de paz desde la sociedad civil organizada, ¿qué diferencias y similitudes encuentra con su participación en la guerrilla? 


- Hacer la paz siempre será más difícil que hacer la guerra, pero mucho más satisfactorio. Los logros obtenidos, la lucha incesante por la vida, la construcción de una sociedad mas solidaria, el encontrar y saberse rodeado de miles de personas que quieren la paz y gozar plenamente de los derechos humanos, son elementos que nos comprometen diariamente.  Seguramente la lucha armada y las luchas insurgentes crean afectos o lazos de amistad irrompibles, pero también crea dolores imborrables, llantos que florecen periódicamente con los recuerdos de vidas malogradas. En eso se parece la lucha armada y la lucha por la paz, en los riesgos de actuar en un País que está viviendo los estragos de un conflicto armado. En la lucha por la paz, muchos compañeras y compañeras han muerto, otros han tenido que abandonar nuestro país, otros han abandonado el trabajo por presiones y amenazas de los grupos armados, pero igualmente se crean afectos, esta red de gente comprometida con  la paz, es principalmente una red de afectos, de solidaridades, de amores. Es como decimos en Redepaz, “la paz es el paradigma del cambio…es nuestra propia revolución”.

 

-¿Está en contacto con comandantes de los grupos insurgentes en la actualidad?

 

- No.

 

- ¿Y con secuestrados? ¿Tiene participación en las negociaciones para sus liberaciones?

 

- Tampoco.

 

- ¿Cuál es a su criterio la etapa que vive la guerrilla en estos momentos?

 

- Creo que la guerrilla colombiana vive un momento de reacomodo táctico militarmente o repliegue militar; se encuentra duramente golpeada por las acciones militares de la fuerza pública colombiana; han perdido el control de varias regiones estratégicas para su acción armada, pero no se puede afirmar que estén derrotadas militarmente, pues aún conservan un importante contingente de hombres y mujeres armados, preparados militar y políticamente para mantener la unidad de cuerpo y algunos de sus frentes de guerra  no han sido golpeados duramente. Igualmente están realizando un esfuerzo por conformar estructuras urbanas en lo que parece ser una decisión de hacer de las ciudades algo así como su retaguardia estratégica. Sin embargo cuando se hace el análisis político, se llega a la conclusión de que la insurgencia armada en Colombia ha perdido su vigencia política. En primer lugar, porque lo que está al orden del día tanto en Colombia como en el mundo, es la lucha democrática por mas democracia, que rompe con la vieja estrategia de guerras prolongadas o insurrecciones armadas para instaurar “dictaduras del proletariado”; en segundo lugar porque la violencia no construye sociedades preparadas para la democracia sino para perpetuar absolutismos de derecha o de izquierda; en tercer lugar, porque las guerrillas colombianas hace rato que no mantienen un discurso político en el cual el grueso del pueblo colombiano se sienta representado y por el contrario lo que se evidencia no solamente a través de las multitudinarias marchas, es el rechazo de la sociedad colombiana a unas prácticas de guerra y a un accionar armado que lesionan gravemente el tejido social y las posibilidades de construcción social y política de la justicia social y la equidad.

 

- ¿Hay posibilidad de que la democracia le de espacio a las ideas que alguna vez enarboló a través de las armas?

 

- Lo que se evidencia en Colombia, es una estrategia política de los grupos de poder tradicionales, por mantener los privilegios y por profundizar la receta neoliberal. Se recortan los pequeños avances logrados en materia de descentralización; se persigue bajo la llamada seguridad democrática, a todos los grupos de oposición señalándolos como en la década de los setenta, de pertenecer a grupos terroristas; se cierran espacios de participación, se violan los derechos humanos, se realizan detenciones masivas, se asesinan personas para hacerlas aparecer como miembros de grupos guerrilleros dados de baja en combates, se legisla a favor de la guerra, se invierte mas del 5% del PIB en la modernización de la fuerza pública, se reprime y se recortan los derechos sindicales, se recortan las conquistas salariales u organizativas de los trabajadores, se continua por el camino de la privatización de los servicios básicos, etc.

 

Hoy tenemos un amplio porcentaje de congresistas, políticos locales, alcaldes, gobernadores, concejales, militares, ex militares de la llamada coalición de gobierno Uribista (por pertenecer a la coalición que llevó y mantiene en el poder al presidente Alvaro Uribe) acusados, judicializados o sentenciados de pertenecer o tener vínculos con los grupos paramilitares que masacraron, asesinaron, desaparecieron, torturaron y desplazaron a cientos de miles de colombianos y colombianas.

 

Pero igualmente tenemos una guerrilla empecinada en mantener la lucha armada, en secuestrar, en desplazar, en realizar actos terroristas, en cerrar espacios para la democracia bajo la consigna de debilitar el Estado.

 

Ante esta realidad tan difícil y compleja, no puede haber otra salida que la negociación política del conflicto, no puede haber otra salida que la salida democrática para construir mas democracia, no hay otra salida que la salida pacífica para generar mas paz. Hoy la paz es el camino y la meta, y ese camino se construye, se conquista día a día, nadie se lo va regalara los colombianos y colombianas, nadie tiene la formula para hacerla realidad. Nos toca a nosotros avanzar sin desfallecer con el acompañamiento y la solidaridad de todos los pueblos hermanos de América latina y con la observación de  los gobiernos de nuestros países. Trabajar por los Derechos Humanos, Potenciar espacios democráticos de gobernabilidad y participación, reivindicar el pluralismo político, la tolerancia ideológica, luchar contra las violencias culturales, políticas, sociales, de género, luchar por los derechos de los niños y niñas, son parte de las tareas que nos toca hacer.

 

- ¿En donde está parada hoy Colombia y hacia adónde va?

 

- Colombia está hoy en una encrucijada, en lo se puede catalogar como un quiebre histórico, que hay que saber aprovechar para la paz.

 

El proceso de negociación que llevó a la entrega de los comandantes de los grupos paramilitares, el proceso de la llamada ley de justicia y paz, la detención y el encarcelamiento de un importante grupo de políticos y militares vinculados con el paramilitarismo y el narcotráfico, las voces de cientos de miles de victimas que reclaman verdad, justicia y reparación, el hallazgo de miles de fosas comunes, las grandes movilizaciones que reclaman paz y el cese de acciones contra la población civil, el asenso al poder local de otros sectores políticos de la llamada izquierda democrática, entre otros, ayudan a sustentar la tesis de que este es el momento propicio para trabajar unidos por mas y mejor democracia, de trabajar por un nuevo pacto de unidad nacional por la paz de Colombia; es el momento de las negociaciones políticas, de la unidad de los demócratas de todos los partidos en defensa de la constitución política y del Estado social de Derecho. Si no logramos avanzar hacia una sociedad mas democrática e incluyente, es posible que empujados por la mano visible del narcotráfico, nuestro conflicto armado, nuestras violencias sociales sigan haciendo parte de la agenda nacional y termine por ese camino involucrando a toda América Latina. 

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20 de junio de 2018 | 19:07
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