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La Copa América bajo una mirada Femme

La Copa América bajo una mirada Femme

 Para la mayoría de los argentinos, el Gilette Stadium (anteriormente conocido como Foxborough Stadium) es el tristemente emblemático lugar donde Maradona jugó su último partido con la Selección Nacional, en aquella infame ocasión en la que una enfermera lo escoltó fuera de la cancha luego de dar positivo a una prueba de doping.

Durante nuestra estadía en Boston, nos confiamos en que la típica organización estadounidense facilitaría el acceso al estadio, que se encuentra a unos 35 km del centro de la ciudad. Pero no fue así: en primer lugar, no existe un medio de transporte público que te lleve directamente al estadio (existe un tren que va directamente, pero sólo lo habilitan para eventos especiales, y evidentemente el fútbol no lo es). La opción más sugerida era un tren que llegaba a unos 15 km del estadio, y de ahí un taxi. Segundo problema: a la llegada, contrario a lo que todos esperábamos, arribamos a un pueblo residencial en el que con suerte esperaban 5 taxis que inmediatamente fueron ocupados por algunos afortunados seguidores de Argentina y Venezuela, dejando a la gran mayoría “a la deriva”. Nosotras, después de una búsqueda intensa (sin teléfono ni internet), logramos que un vecino nos acercara al estadio por 20 dólares (aventura a la que nos animamos porque íbamos acompañadas por familiares varones). Y eso fue sólo el comienzo, porque la llegada al estadio fue realmente complicada y lenta. Autopistas colapsadas, caminos cerrados y peatones caminando por la calle fueron algunos de los factores que atrasaron nuestra llegada al estadio. Sin embargo, después de todo, el ingreso a la cancha fue rápido y llegamos a tiempo para escuchar los himnos nacionales.

Argentinos hubo pocos, pero el estadio era principalmente celeste y blanco: gran cantidad de locales, latinos y europeos se pusieron nuestra camiseta para salir a deleitarse con el juego de Messi, la gran atracción del partido.

Pocos de los presentes vivimos los cuatro goles con tanta pasión: el estadounidense vive el deporte como un show, y era común ver a muchos levantarse a comprar comida o cerveza en medio del juego. Sin duda, el frenesí argentino por el fútbol es difícil de encontrar en otros lugares del mundo.

La odisea, parte 2

Uno pensaría que la vuelta sería más sencilla, ya que se supone que, luego de un evento que convocó a 60 mil personas, los taxis se agolparían para ofrecer sus servicios. Sin embargo, de nuevo nos sorprenderíamos: una gran cantidad de venezolanos y argentinos se encontraron varados en el estadio, disputándose los escasos taxis que ocasionalmente llegaban al lugar. Luego de una hora, logramos conseguir un transporte que nos llevó a la estación de trenes –para el que ya teníamos pasajes que afortunadamente habíamos sacado para el último horario disponible- y nos encontramos en camino de vuelta, después de un día más que lleno de emociones.

Definitivamente, el fútbol no es un deporte que genere pasión –interés, siquiera- en Estados Unidos, donde la gran mayoría no estaba ni al tanto de que su país era sede de la Copa América Centenario 2016. 

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18 de agosto de 2018 | 23:12
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