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El diccionario según Runno: Morsa

Los de National Geographic están mareados. Bicho escurridizo, parlanchín, mutante, fulerón. Una fauna que llegó a nuestras costas y lo mucho que cuesta correrlos mar adentro.

Del fr. morse, y este del finés mursu o del lapón morssa.

1. f. Mamífero carnicero muy parecido a la foca, que, como ella, vive por lo común en el mar, y de la cual se distingue principalmente por dos caninos que se prolongan fuera de la mandíbula superior más de medio metro.

2. f. Arg. Instrumento que sirve para sujetar piezas que se trabajan en carpintería, herrería, etc., compuesto de dos brazos paralelos unidos por un tornillo sin fin que, al girar, los acerca.

El mundo es un lugar para toda clase de chiflados, amigos. Eso lo sabemos apenas nos adjudican el DNI, al menos en este país, que, aunque nos suena más chiflado todavía, es parte del mundo. Incluso más: antes de la irrupción del general Perón, muchos entienden que en Argentina existía vida humana, rastros de civilización institucional, hombres y mujeres comprometidos con valores sociales. Antes de Perón, en Argentina existía la imprenta, los amaneceres, los obreros, la electricidad, los sindicatos, los badulaques.

Y los animales, autóctonos. Luego estos se harían autóctonos-nacionales-populares-progresistas. Vaya fauna, amigos. Los del National Geographic quedan mareados con tantas mutaciones.

Después de la irrupción militar de Juan Domingo Perón (la primera no, que es cuando se encamina a inaugurar la serie de golpes de Estado, sino la segunda, cuando fue víctima del invento en el que había participado en 1930), varios ornitólogos han dado cuenta de atractivos descubrimientos. Y los zoólogos se han entusiasmado en nuestra geografía, vasta y diversa, alumbrando nuevas especies.

En estas razones habría que buscar el éxito como profesión de los etologos. Hay ocupaciones exitosas en Argentina: cajero de banco (Lázaro, aquel que no levanta ni anda), arquitecto (Julio De Vido, el que levanta más polvo que ladrillos) y actor oficialista (coro de ocasión, que no canta, sino que más bien enmudece, ante el avance de lo considerado como realidad)


Y tal como se ha apuntado, los etologos surgen como profesionales exitosos en un país menos exitoso que ellos, entre los oficios liberales. Es que casi nadie suponía que antes de Perón fuesen estos los predestinados más lúcidos para darnos sus estudios sobre el comportamiento de los animales. 

Y de las morsas.

Explican en encumbrados manuales que la morsa, como tal, llegó a la Argentina en 1945, cuando luego del apocalipsis asomó a la vida humana  el general Perón, dando paso así todas las revoluciones posteriores que hemos conocido en el mundo, desde la sucedida en China a la Post-Industrial, hasta la actual Digital (los radicales y los del PRO esconden que Juan Domingo fue el inspirador de Steve Jobs, por ejemplo). Ni hablar de los presidentes del Estado de Bienestar ni los jefes de las iglesias católicas, judías y musulmanas de esa fecha hasta hoy, que abrevaron en el doctrinario de lo que es más numeroso que las simplezas legadas por Moisés, en aquel desierto casi infinito. Tuvo que haber apenas 10 mandamientos para que nosotros gozáramos de "Las 20 verdades peronistas", la tabla contemporánea de nuestra salvación, el texto fundante del siglo XX en la humanidad.

Cuando las aguas de los polos se derritieron por el Gran Rayo, Perón hizo traer parejas de animales de las más variadas especies a nuestro país. Comenzó un Mundo Nuevo, que, lamentablemente, nuestro compatriota el "Che" Guevara años más tarde despreciaría, empecinado en la búsqueda del Hombre Nuevo.

Lo cierto es que la morsa se acomodó en las costas más gélidas de nuestra plataforma continental. Hasta que décadas después consiguió adaptarse a las playas más tórridas de la costa en verano (Pinamar, esa onda), una vez que otro peronista, Carlos I de Anillaco, las hizo moda entre funcionarios y empresarios afines.

Morsa diccionario

La morsa es un animal que también es llamado Vaca de Mar por las voces populares, distantes del más científico Odobenus rosmarus. Un ejemplar típico consigue un peso de 1.800 kilogramos y hasta 3 metros y medio de altura, lo que frustra pasearlos en baúles de coches.

La piel de la morsa es considerablemente gruesa, aunque su mayor poderío radica en la lengua, en el ejercicio de alaridos con sujeto, verbo y predicado, lo que les sirve para abandonar el agua y así moverse en la tierra, entre pares e impares.

Son animales efectivos: sus alaridos distraen en las discusiones, en las rendiciones de cuentas, en los balances deportivos.


Lamentablemente no hay posibilidad para su extinción. La esperanza es que dejaron de ser amenaza de plaga. Igual, los etologos recomiendan tenerlos en lugares seguros, vigilados, en lo posible bajo custodia. Les encanta armar operaciones, como si fueran cirujanos. Son muy sociables. Y peludos. Si la sirena seduce al marinero con sus cantos, la morsa lo hace con el discurso. Son fascinantes en el mundo desde, por lo menos, 1945.  


Opiniones (3)
21 de junio de 2018 | 22:00
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21 de junio de 2018 | 22:00
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  1. Si la comparamos con la foto de arriba , son igualitossssss
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  2. busquen GIANNI o Monito, así se comprende como esta Mendoza y lo que viene
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  3. Siga así señor Runno. Muy descriptivo.
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