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Rescatar el piedemonte de Mendoza

Santiago de Chile inauguró la semana pasada un Bike Park en pleno corazón de la capital. Una buena idea para implementar en Mendoza.

Rescatar el piedemonte de Mendoza

A pesar de ser una ciudad congestionada y a la que no le sobran espacios, Santiago de Chile se las arregló para inaugurar la semana pasada un Bike Park en pleno corazón de la capital. Es en el icónico cerro San Cristóbal, una postal del viejo Santiago que está en plena modernización. A partir de julio, por ejemplo, el cerro contará con un renovado teleférico, equipado con portabicicletas y con capacidad para transportar a mil personas por hora.

Los bike parks son básicamente circuitos de mountain bike con predominancia de bajadas, a los que se accede en vehículo o medio de elevación. El trazado de los senderos combina partes naturales con mejoras artificiales que aprovechan la pendiente, como peraltes, saltos y puentes. Están en auge en muchos países, donde se han constituido en atracciones turísticas. Son una excelente opción para los centros de esquí en verano.

Y tal vez también para nuestro Cerro de la Gloria, donde una iniciativa así podría ser parte de la puesta en valor del Parque San Martín que impulsa el Gobierno.

Hay algunas situaciones en común. El cerro San Cristóbal queda dentro del Parque Metropolitano de Santiago, un espacio verde y de esparcimiento en plena ciudad. Se promociona como el principal parque urbano de Latinoamérica y el cuarto del mundo. Apunta a privilegiar la circulación de peatones y ciclistas por sobre la de vehículos.

El uso que le da la gente va en el mismo sentido. Mediante máquinas contadoras instaladas en los puntos de acceso, la administración del Parque Metropolitano detectó que en 10 meses ingresaron al predio 543.566 ciclistas, 216.864 peatones y sólo 107.669 vehículos, de acuerdo al sitio oficial del ente (parquemet.cl).

La propia presidenta de Chile, Michelle Bachelet, presentó el renovado medio de elevación que potencia el uso de la bici y que buscan tener listo para las vacaciones de invierno: “Este nuevo teleférico va a contar con un sistema para transportar bicicletas, para que los que quieran pedalear en el cerro, pero no quieran subirlo, puedan hacerlo a través del teleférico”, declaró la mandataria a la prensa.

El proceso abarca a distintos públicos. Desde deportistas más especializados, como los 300 ciclistas que corrieron el domingo pasado la carrera de enduro con la que se lanzó el bike park, hasta el turismo en general. El parque cuenta con un “plan de convivencia” que delimita sectores para peatones, ciclistas y horarios para vehículos.

El Estado diseña políticas y controles, y delega algunas operaciones a privados, como la concesión del teleférico y del bike park. Pero el punto no es el tipo de gestión, sino cómo se incorporaron los nuevos usos del espacio público que hace la gente.

Tal vez un proyecto así en el Parque San Martín y el Cerro de la Gloria podría sacarnos del círculo vicioso, de las penurias del zoo­lógico y de la inseguridad, para iniciar un círculo (al menos un poco) virtuoso, de calidad de vida y generación de ingresos para Mendoza. Para dejarlo claro: no se trata de privatizar. Tampoco de dañar el importante patrimonio que diseñó el visionario Carlos Thays. Al contrario, un cuidado responsable y que a la vez sea una opción de esparcimiento, puede resultar en un balance de uso y conservación aceptable, de largo aliento.

La realidad de nuestro piedemonte es un ejemplo. El cerro Arco es una propiedad privada abierta al público. En una mañana soleada (como prometen ser las de este fin de semana largo), las familias trajinan la ladera, algunos caminantes van un poco más allá y recorren el bonito filo que lleva a los cerros Santo Tomás y Gateado. Hay que pagar por el estacionamiento si uno va en auto; pero se puede ingresar libremente si no se deja el vehículo en la playa. El puesto de ingreso cuenta con baños y ofrece gastronomía. Y la gente cuida (bastante) la limpieza del cerro.

La reserva Divisadero Largo es otro ejemplo de uso público, en este caso de un área natural protegida. A minutos del Centro de Mendoza, es un lugar excepcional para caminar, correr, iniciar a los niños en la belleza de nuestro entorno árido y poderoso y en los principios de la geología. Un paseo perfecto para turistas, que además pueden informarse sobre nuestra red de Areas Naturales Protegidas, a través de los guardaparques. Pero en el circuito ocurrieron algunos asaltos el año pasado, por lo que la reserva estuvo cerrada entre octubre de 2015 y febrero de este año.

La contracara son los circuitos del dique Frías y de la Colonia Papagayos, que son tierra de nadie a pesar de ser un paraíso de senderos para mountain bike y un sector del piedemonte de gran riqueza paisajística. En los 90 el Iadiza (Instituto Argentino de Investigaciones de Zonas Aridas) identificó y propuso una reserva en la zona, que incluso llegó a tener una ley (nro. 5804 de 1991, modificada en el 95). Un cartelito de madera perdido en un cerro, que reza “Reserva Crestas del Frías” es la única obra visible. Aparte de una colonia educativa y de las motos enduro, la principal actividad que tiene lugar aquí es el robo de bicicletas.

Un poco más al sur, los senderos de Chacras de Coria son la prueba del gran auge de la recreación al aire libre ­y de su potencial­. La zona se colma de ciclistas, grupos de entrenamiento, padres enseñando el ABC de la bici a sus niños... Cualquier sábado a la tarde seguramente rivaliza con el lago del Parque en cuanto a convocatoria. Milagrosamente, es gratis, es seguro y aunque hay basurales, los senderos están relativamente limpios.

Por supuesto que cualquier iniciativa realista de uso público en el piedemonte (estatal, privada o mixta) tiene grandes escollos desde antes del inicio; los conflictos limítrofes entre comunas, la propiedad de las tierras, la frazada siempre corta de los recursos, y el azote de la inseguridad siempre presente. Pero también deben haber enfrentado obstáculos los montañeros mendocinos que en los años 80 propusieron y crearon el Parque Provincial Aconcagua. Sin embargo llevaron adelante su visión, que sin dejar de proteger el cerro permitió desarrollar una industria (los servicios en el Parque) y atraer miles de visitantes cada temporada. Además de ser, junto al vino, nuestra mejor imagen ante el mundo.

Ojalá podamos encontrar una idea que le de a las cerrilladas del Gran Mendoza su dimensión de patrimonio de todos. Y que las ponga a salvo de los dos extremos que las amenazan: el abandono total o la negación del espacio público que suponen los barrios privados. 

Opiniones (3)
24 de mayo de 2018 | 17:09
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24 de mayo de 2018 | 17:09
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  1. Digo, con los actuales legisladores que son todos evasores impositivos y chupamedias del inescrupuloso de Zaffaroni, lo único que se logra es enriquecer a los cuervos
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  2. Con buenos legisladores la inseguridad desaparecerá. Obvio, con los actuales
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  3. el gran problema es la inseguridad en todos los lugares mencionados
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