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El diccionario según Runno: Vanguardia

Emilio Pettoruti hace 100 años realizaba su primera exposición en Florencia. Debería ser hito para el arte contemporáneo argentino. Es el primer artista nacional del siglo XX.

Del ant. avanguardia, y este de aván, acort. de avante, y guardia.

1. f. Parte de una fuerza armada, que va delante del cuerpo principal.

2. f. Avanzada de un grupo o movimiento ideológico, político, literario, artístico, etc.

Nació en La Plata y murió en Paris. Como los primeros tangueros punks rioplatenses (sírvase indagar y conocer la obra de José Arolas, el Tigre del Bandoneón).

Emilio Pettoruti fue becado en Italia, por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, la que logró con mucho esfuerzo. A diferencia de la gran mayoría de aspirantes a artistas hace un siglo, escogió Florencia y no Paris, casi diez minutos antes que comenzara la Primera Guerra Mundial. Cuando regresó a la Argentina, tiempo después y luego de haber sido parte del ambiente artístico de la ciudad, debió acostumbrarse aquí a una geografía que no entendía su pintura, menos sus modales, su afán pedagógico, su entusiasmo por llevar el arte a lo más profundo de la sociedad.

La Argentina no suele llevarse bien con la vanguardia. Como Astor Piazzolla ("En mi país cambian los presidentes y no dicen nada, cambian los obispos, los cardenales, los jugadores de fútbol, cualquier cosa, pero el tango, no. El tango hay que dejarlo así como es: antiguo, aburrido, igual, repetido"), Pettoruti también da fe.

Se trata de un sensible, fino, arriesgado artista. Lo mejor que puede hacerse en este caso es acercarse a su obra, excepcional incluso 100 años después. Y recomiendo a los más curiosos pasearse por un libro que dejó, "Un pintor ante el espejo", en el cual surge un exhaustivo ejercicio, hecho por el propio Pettoruti, que debe haber pensando que ante tanta controversia lo apropiado era dejar su testimonio de puño y letra.

Argentina y la vanguardia, en el arte, ha sido más una provincia que una capital


En 1913, en Florencia, frecuentó el futurismo de vanguardia. Fue la plataforma para reflejar su propia idea de la dinámica de las cosas en movimiento. En Italia, participó en numerosas exposiciones y visitó varias ciudades, así como se abocó al estudio de diferentes técnicas artísticas, con la pasión de genuino autodidacta.

Entre 1916 y 1917 vivió en Roma. Allí se hizo amigo de más artistas del círculo de vanguardia, reunidos en torno a Giorgio De Chirico y Carlo Carra. Luego se instaló en Milán. En ese momento se ganaba la vida mediante la ilustración de libros y diseño de vidrieras-

En busca de expandir sus técnicas, aprender de nuevos movimientos artísticos y con la posibilidad de exponer sus trabajos producidos en medio del torbellino italiano. Viajó a Viena y a varias ciudades alemanas, hasta que exhibió en la Galería Sturm Der, en Berlín, con éxito singular. En 1924, Filippo Marinetti le presentó a Léonce Rosenberg que se ofreció a ser su marchand y lo primero que le aconsejó fue que no volviese a la Argentina en ese momento.

Pettoruti había salido en buque de Buenos Aires en 1913 y esos 11 años le pesaban en alguna esquina de la conciencia. Cuando llegó a Europa lo describe: "Durante dos días no hice otra cosa que recorrer la ciudad cuya topografía conocía tanto com su historia artística y política, penetrando en las iglesias que me venían al paso, sin pensar en museos; la ciudad de por sí lo era, y sus monumentos y palacios me embelesaban. Mi primera visita "formal" fue a la tumba de Lorenzo, el Magnífico, donde me enfrenté con los bloques de Miguel Angel".


Y Pettoruti desoyó las recomendaciones de Rosenberg, el gran coleccionista de Georges Braque, Picasso, Juan Gris, Auguste Herbin, Léger, Gino Severini, Henri Laurens, Georges Valmier y Jean Metzinger, a quienes apoyó en su condición de artistas durante la Segunda Guerra Mundial.

Pettoruti se ató al destino argentino y ese año montó su tan conmocionante muestra en la Galería Witcomb de Buenos Aires. La discusión que generó, incluso las peleas a puño limpio en su apertura, abrió el camino para la renovación del lenguaje artístico.

La etapa "argentina" del argentino es fascinante, titánica, contra viento y marea, como suele ser el aire de las pampas con los llamados a cambiar la historia.

No hacer más extensa esta evocación. Pese a imaginar la relación estremecedora entre Pettoruti y Xul Solar y con tantos otros creadores, que inventaron el arte contemporáneo antes que alguien hubiera querido definirlo, no sólo en Argentina.

En Argentina, la vanguardia en el arte ha tenido peor suerte que la vanguardia política, con más chances y posibilidades de poder, aunque, su peor pecado, haya sido insistir en el fracaso, una y otra vez. El arte, en cambio, todavía se muestra agazapado. Quién sabe si Pettoruti no es capaz de despertar al monstruo. 

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23 de mayo de 2018 | 06:49
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