opinión

La Reforma Universitaria de 1918

La Reforma Universitaria de 1918

 Como una forma de rendir homenaje, al 98 aniversario de la Reforma, gestada en nuestra prestigiosa y siempre rebelde Universidad Córdoba, me pareció oportuno reflexionar sobre lo que muchos consideran un escrito revolucionario, de quien lideró aquel histórico movimiento reformista.

Deodoro Roca, fue uno de los máximos representantes de la libertad y la democracia de los pueblos de América y redactor de aquél maravilloso Manifiesto, que comenzaba diciendo: "Estamos pisando los terrenos de una verdadera revolución".

Roca, fue un gran pensador y alumbró con su talento, una época singular del siglo pasado. Su intelecto y sus acciones siempre estuvieron al servicio de las reivindicaciones educativas.

Éste, es un testimonio de su pensamiento progresista, en materia educativa: “LOS EXAMENES”.

"¡Exámenes a la vista! Bolilleros, más bolilleros... ¡Con sus inconfundibles dispositivos de juego! Como todos los años, vuelve a las sienes juveniles el presuroso latir de los días de examen, sobrecogidos, azarosos.

Días de palideces, fiebres y matrículas con números impersonales. Tiempo implacable, que apremia. Se ahoga en ellos la risa. Tardes de marzo, julio y diciembre. Exámenes: ¡Lotería, lotería! El alumno acude con su registro. No siempre saca premio. Hay que pasar de alumno a médico, abogado, ingeniero...

Los exámenes son como llevar al alumno al filo de una roca y -como Satán a Cristo- decirle: "Toda la gloria será tuya, si me respondes a estas preguntas, si tienes suerte con estas bolillas, desde donde te miro". El alumno entrega, por esa fantasía, sus deseos y su indefensión.

Lo humano, lo verdaderamente humano y pedagógico, sería ir apuntalándolo, durante su vida de aprendizaje. Qué cosas y qué ideas no "parecen" convenirle; qué cosas y qué ideas le serían de fácil adquisición... El problema del adiestramiento, la elección del trabajo fértil, el de la educación "total", en suma, es el que debiera mantener alerta la mente de los maestros…”.

Estoy absolutamente de acuerdo, en que el examen -tal cual lo conocemos- debería quedar catalogado para siempre, entre los "juegos prohibidos", en defensa de la inteligencia.

En tiempos en que “La sociedad del conocimiento”, pone en crisis los sistemas educativos tradicionales, es imperioso superar el pensamiento lineal y avanzar en planes de estudios y sistemas de evaluación que se adecuen a los nuevos requerimientos de la época. Las profesiones deben dar respuestas eficaces, pero también éticas, a los cambiantes y probablemente caóticos desafíos, con los que el futuro, enfrentará a nuestros jóvenes estudiantes.

Vivimos una realidad compleja y diversa, donde emergen paradigmas de conocimientos interdisciplinarios. Se promueven pluralidad de métodos y también, una nueva racionalidad, que termina cuestionando la objetividad de las ciencias.

El principio de incertidumbre derrumba la consistencia de los sistemas exclusivamente objetivos y cerrados, dando paso a la fuerza de la subjetividad.
La obsolescencia, nos rodea!! La culpa, no es de tal o cual profesor, sino de un "régimen" de enseñanza, que no es superior, ni inferior, ni siquiera doméstico u oficial, sino de “toda” la enseñanza, salvo raras excepciones.

El aprendizaje -expresado en el examen- está pensado, apuntando al "éxito efímero".

Hace depender de un resultado, de una buena jugada, a veces toda una vida. Y nada debería depender del azar en la educación.

El examen se presenta como “premio o recompensa", a una prueba donde intervienen factores tan extraños al conocimiento, como la audacia, la inequitativa memoria, la seducción verbal, de la que suelen carecer muchos espíritus profundos. Y lo grave es que esos factores siguen guiando más tarde la mente y la acción de sus beneficiarios. Y así, terminan siendo jugadores toda la vida.

La verdadera educación -muchas veces lo leímos, pero pocas lo vemos practicado- debe enamorar, desarrollar la atención, el deseo de comprender, la coherencia con lo aprehendido. Rigor con uno mismo y justicia con el prójimo. La verdadera educación, la formación que anhelamos, debe ser siempre abierta. No debe fomentar la fe, sino la duda; no la credulidad, sino la oportuna y desnuda pregunta. La falsa educación, la educación juego, azar, "lance", se nutre necesariamente de respuestas oficiales a preguntas más "oficiales" todavía. Como observaba Bertrand Russell, hay que desterrar la idea de muchos educadores, que ven en el examen, "Un medio de adquirir poder sobre el alumno y no de favorecer su futuro desarrollo".

¡¡Cualquier aprendiz, puede hacer repetir de memoria un texto!!

A la mayoría de nuestros jóvenes, no se les enseña a "pensar" ni se los educa en capacidades y competencias. La tarea es enamorar en ideas y valores. Hay habilidades, que les darán medios para subsistir. Sin embargo, los ideales, las virtudes y la pasión, les darán razones para vivir.

Opiniones (1)
19 de junio de 2018 | 02:32
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19 de junio de 2018 | 02:32
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  1. Excelente!!!!!! No podía ser de otra manera. Fue el profe más inspirador que he tenido. Lejos el mejor y más querido de 1er año de Derecho de la Facultad, por generaciones. Si hubiera muchos como él, nuestra profesión, no generaría tanto cuervo.
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