opinión

El diccionario según Runno: Marte

El astronauta Stanaforth viaja 270 días sabiendo que no volverá jamás a casa. La misión es desarrollar vida allí para nosotros. La última película sobre la tierra colorada. El 2023 está a la vuelta.

De Marte, planeta del sistema solar.

1. m. Alq. hierro (elemento químico). Azafrán de Marte.

¿Qué tanto en común podría existir entre el desierto de Atacama y el planeta Marte?

¿Qué viaje imaginario es el llegar a Marte, y por qué siempre queremos llegar a Marte y no a otro planeta?

La película "Approaching the Unknown", estrenada hace menos de dos semanas en Estados Unidos vuelve a poner foco en lo que suelen ser esas bocanadas del cine americano, que no alcanzan a ser un género en sí mismo, aunque la temática las hermane o permitan establecer conexiones entre ellas. Siempre hay una más exitosa que otra, incluso hasta en lo artístico. El caso de la que protagonizó un versátil Matt Damon, en "The Martian", fue una apuesta comercial que devolvió la inversión y, además, puso en órbita, delante de nuestros ojos, esa conquista pendiente.

La película más austera, en cambio, es la que presenta el debut como director de Mark Elijah Rosenberg. Aquí no hay estrellas (para eso estaría el cosmos, si se lo piensa), no hay presupuesto para la espectacularidad o la desmesura de efectos especiales, y, sin embargo, es una película que en su modestia logra hacerse lugar entre la gran familia de la ciencia ficción, iniciada por Stanley Kubrick en el clásico "2001, odisea del espacio". Kubrick, en su estreno, en 1968, inauguró el futuro. Los rusos tardarían algunos años para dar su versión con "Solaris", en 1972, otra obra maestra.


Es al norte de Chile, en Atacama, donde comienza el viaje del astronauta capitán William D. Stanaforth, que allí se gana una de las misiones más insólitas (aunque probables) en la historia de la NASA: alcanzar Marte, intentar alguna forma de vida allí, sabiendo que no hay posibilidad de regreso a nuestro planeta, y aceptarlo, obvio. El suyo es un viaje de ida, literal. En este límite radica el mayor suspenso de lo que podría ser también una obra de teatro, por la economía de voces y personajes.

Importa contar la vida pasada de Stanaforth para saber qué motiva a un hombre a confinarse al destierro galáctico. Y en esa vida, entonces, ha pasado de todo o casi todo, al punto que puede permitirse pensar que salir de aquí, sin retorno, es su mejor opción. Surge hastiado ante la decepción de un mundo que le es ajeno, hostil, impiadoso.

Los ingenieros, el corpus científico, los flacos de la NASA, digamos, intentan convencernos que esto se trata apenas de una misión casi filantrópica aunque decisiva para la vida humana. Pero no hay engaño que pueda conmover al astronauta y protagonista. Compartimos su desazón en tanto se sabe un héroe casi místico, destinado a inventar un mundo. Quizá esta sea la parte peronista: es él o el apocalipsis, sus reglas o el caos.

Y para abandonar este planeta ha debido inventar un método y sobrevivir en Atacama, ante la sequía y la nada mismo. Su salvación acaso sea nuestra esperanza.

En este plano, la película es bastante estricta sobre este elemento fundante, civilizatorio. En una síntesis, la película sería la lucha por el agua, que sería, entonces, la lucha por la vida. Suena melodramático. Pero quizá por no tomarnos más en serio estas cuestiones el planeta siga una marcha alocada y casi suicida en la conservación de sus recursos.

No dudo: este capitán astronauta es el más escéptico en la historia del cine de la ciencia ficción, casi al borde del spleen, en la melancolía de una mente lúcida. Stanaforth es tan difícil de pronunciar y escribir como su idea del mundo de los olores, las sensaciones, la humanidad más neta. Posiblemente hayamos conocido a otros expedicionarios en la pantalla grande, fuera de borda ante lo imprevisto, en el balcón de la locura ante la conciencia de enfrentar o la nada o lo desconocido, al optimista que sueña con regresar a casa luego de sufrir impericias técnicas. 

No encuentro astronauta más sombrío que Stanaforth (podría haber egresado de la Escuela de Frankfurt)  y tampoco más comprometido con su desafío no tan secreto como sí íntimo: colonizar ni más ni menos que un planeta. Coloquen un traje espacial en Kurt Cobain o en el escritor David Foster Wallace y échenlo a volar. Eso daría un space cowboy Stanaforth.

¿Vamos a Marte por curiosidad o por necesidad? 

¿Qué dejaríamos allí, en caso que pudiéramos recibir algo a cambio? 

¿Qué desierto debemos sortear para encontrarnos con lo elemental? 

Un pensamiento de Stanaforth todavía me retumba: "Viajo a un lugar donde nada ha nacido y donde nada ha muerto". Mientras lo expresa camina por un sitio que podría ser Atacama, el Valle de la Luna o los Altos Limpios. Pero es Marte.

"La NASA está hablando del 2023. No sé si serán capaces. En cualquier caso, pisaremos Marte en las dos próximas décadas, eso creo". Y lo que dice Matt Damon no es ficción ni está en su película, sino que es el cálculo más riguroso que hoy podemos hacer en este planeta para expandir y desafiar toda geografía hasta ahora conocida.

En cualquier caso, lo que sobra es tiempo para saber qué es lo que podemos ofrecer, además de la perplejidad, ante una realidad que, como siempre, el cine suele hacer notar. Si vamos a Marte para hacer lo que hemos hecho con este planeta, posiblemente estemos más ante un desafío tecnológico que humano. Si es que en Marte podríamos hablar de hombres y mujeres, tal como aquí.

Me encantaría saber lo que opinaría alguien como Stephen Hawking.

Opiniones (2)
26 de mayo de 2018 | 09:21
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26 de mayo de 2018 | 09:21
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  1. Querido Mauricio, encuentro tu nota muy interesante, sobre todo porque el momento ha llegado. Esto de ir a Marte y de hacer punta para que los que vengan de atrás tengan un nuevo hogar me parece bárbaro, aquí viejo ya no va quedando lugar. El problema es que sería tremendo llegar y encontrarse algunos chilenos primero ya que este astronauta se entrenará en el desierto de Atcama y como ahí hay muchos mineros seguro que un par se cuelan, son como topos. Ud. se imagina que lleguemos y te reciban con un chuuucha weón como te hay demorao conchatumadre, aparte compadre este planeta Rojo es nuestro, somos mapuches y reclamamos esta tierra roja porque somos los pueblos originaaaarios weón. Y Ud. Sabe mi querido escriba que Marte para los Mendocianos como América para los Americanos.
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  2. Porque no se llevó al Venier, al Juez GULEE y al Dagostino ? AH !! no quieren chismes en el espacio, muy bien !!!
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