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Dichos populares: bastardos con gloria

Dichos populares: bastardos con gloria

En nuestro folklore popular, existen numerosos dichos, algunos absurdos o contradictorios en su contenido, que repetimos a través de las generaciones, naturalizándolos de este modo, sin siquiera detenernos a pensar en sus significados.

Tendemos a darlos por supuestos veraces, como irrefutables conjeturas, a las que seguimos como fieles devotos del mandato de un anónimo autor.

Detengámonos unos minutos para analizar, desde nuestra mirada psicológica, el contenido de algunos y logremos al final cierta conclusión.

Un clavo saca otro clavo: Según nuestro parecer, el más usado y más falaz.

El que cree que esto es así, no sabe nada de carpintería, ni de amor (rezaba un grafiti). Es que contiene en sí mismo, un error conceptual. Los amores perdidos, desengañados, abandonados o dejados, se duelan. Sí. Como cualquier pérdida en la vida, se hace un literal "duelo" ¿Y qué es esto? Es una herida psíquica. Y como toda herida tiende a sanar y cicatrizar, en el mejor de los casos. Pero para ello, debe ser limpiada y desinfectada. Eso generalmente es doloroso. Trae angustia, ansiedad, miedo y cansancio.

Los duelos son así: lentos, con vaivenes, con altibajos y por etapas. Querer saltear etapas, tomar atajos, es "hacer de cuenta que ya paso". Y eso es un autoengaño, cuando no, una negación brutal, casi patológica. Y si además hemos de "usar" a un tercero para calmar nuestro sufrimiento, no sólo es inútil a mediano o largo plazo. Sino una estafa en el presente, que no podremos sostener por demasiado tiempo.

A los duelos se los atraviesa, se los vive y se los supera. Un clavo según nuestro entender, lejos de sacar otro clavo, lo entierra más adentro, profundiza el conflicto, lo ningunea por un rato. Pero más tarde que temprano, nos será una verdadera barrera para continuar y crecer en próximas relaciones y vínculos de todo tipo.

Ojos que no ven, corazón que no siente: Creer que sólo vemos con los ojos es un concepto limitante. La percepción visual es sólo una parte de nuestro sistema sensorial. Percibimos también con otras áreas de nuestro ser.

Nuestra inteligencia emocional es altamente perceptiva. Muchas veces nos damos cuenta de ciertas cosas, aunque no encontremos las palabras para describir esa sensación. Nos decimos frases del tipo:"esto no me cierra", "no se por qué, pero siento que tendría q ir por otro camino", “algo me dice que esto no está bien”.

Hablamos de "corazonadas", sin embargo, esa sensación no se ubica en el músculo cardíaco, sino en el cerebro y nos da información relevante a la hora de tomar decisiones. Las emociones son el otro cincuenta por ciento de la razón. Tanto o más importante. Trabajan juntas y se complementan.

Si estás pensando que lo que no se ve, no se siente, pues estás equivocando el rumbo. Estas simplificando terriblemente lo que está al alcance de tus narices. Hay mucha sabiduría en esas sensaciones, y si le das lugar, atención ypalabra, seguramente encontrarás que por algo llegan desde tu interior, y es tu deber decodificarlas.

Hay que dar sin esperar recibir nada a cambio. Esto es literalmente de "looser" (perdedor). Una creencia tan ancestral como digna de la más baja autoestima. Un estandarte del que no se siente merecedor de la reciprocidad. La bandera del que cree que en algún momento, como una suerte de recompensa divina, la vida le pagará con creces todo lo que dio, a cambio de nada.

En la vida, los vínculos son recíprocos. Se construyen de ida y vuelta. En una suerte de retroalimentación (feedback). No al estilo de una contraprestación. ¿Quién podría sostener una amistad con quien solo asiste a fechas formales de cumpleaños o alguna ocasión puntual y jamás recibimos una llamada para compartir unos mates o un café, con la sencilla excusa válida de extrañar nuestra presencia? Ni que hablar de aquellos oportunistas que hacen su aparición justo cuando necesitan algún favor nuestro.

Dar y recibir en una rueda que se alimenta a sí misma, es la condición del crecimiento de los vínculos de todo tipo: amistosos, familiares, de pareja y hasta en los laborales.

Concluyamos: Tomar por verdad lo que "se nos dice", sin someterlo a una crítica personal,creemos que es,cuando menos, pecado mortal. Seguir ciegos estos dogmas,en una sociedad en constante cambio es, por poco, anacrónico.

Revisemos cuanto de lo que "repetimos", se ajusta a nuestra verdad. Pues, hay tantas miradas subjetivas como seres hay en el mundo, no desarrollar nuestro espíritu crítico y dejar de colocar nuestro sello, no hará otra cosa que diluirnos en ideas y opiniones que vienen desde afuera y poco tienen que ver con nosotros.

Salgamos a criticar constructivamente, a asentar un pie en el escalón siguiente, aponer en tela de juicio estos y más dichos populares. Por algo, y tal como dijo alguna vez Descartes "pienso (siento, creo,percibo, anhelo), luego existo".


Por Carina Saracco y Mauricio Girolamo

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20 de junio de 2018 | 19:09
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20 de junio de 2018 | 19:09
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