opinión

Puros como un campo de soja al amanecer

El autor, escritor y docente, reflexiona sobre la poca imaginación que tiene la derecha en el poder en la Argentina.

Puros como un campo de soja al amanecer

La propaganda del gobierno muestra ciudadanos felices, obreros trabajando, campos de trigo que resplandecen. La consigna es que estemos todos juntos, cual eslogan de la izquierda más vetusta. ¿Otra prueba de que no tiene imaginación la derecha?

Si estamos juntos todo es posible, dice el gobierno. Si nos ponemos todos alrededor de una estufa, con una estufa alcanzaría para la familia, si invitamos a los vecinos, y al de la esquina, el barrio entero se entibia en la sopa de ese calor único y evitamos pagar facturas inverosímiles, perder la energía que no tenemos, el dinero que no alcanza para más. Y estimulamos la amistad en la comuna.

Al trabajar cada uno al lado del otro, haciendo el trabajo del otro y el propio, aunque no haya mucho que hacer, lograremos que bajo ese paragua de autoayuda, la solidaridad nos proteja masivamente de los rayos calcinantes de la inflación o el hambre. O podemos repartir el hambre, no es lo mismo, dice el gobierno, el hambre cocinada en una casa, que el hambre servida en un municipio, para todo el departamento, la zona de Cuyo por ejemplo. El hambre así se reduce a migajas.

El hambre es un asunto relativo, viene aclarando el gobierno. Estadísticamente se sabe que nadie muere de hambre en un país como el nuestro, un país rico puede alimentar a generaciones de ciudadanos décadas después de haber dejado de ser rico, además los ricos no dejan de ser ricos, eso es otro asunto bastante relativo y discutible afirma el gobierno, y lo sabemos por las cuentas que esperan en los paraísos después de que se han muerto. Los faraones lo vieron, hay que tener recursos piramidales, con el libro de los muertos no se pasa a una mejor vida solamente, después de esta.

Si estamos juntos, todo es posible.

El gobierno sugiere amasar algunos principios básicos: el recuerdo de tiempos peores, el mapa de países en guerra, que exprimamos nuestra imaginación (un puñado de momentos felices) que celebremos los malos días con una sonrisa, porque la alegría es la base de la felicidad, cuyo principal componente es, obvio, la alegría. Una ciudadanía triste, sostiene el gobierno a través de sus innumerables voceros homófonos -coro de representantes genuflexos- una ciudadanía que no mira más allá del horizonte de su plato está condenado a no ver la mesa, los manteles bordados del futuro que se extienden para las nuevas generaciones.

La pobreza no existe si somos ricos ante la miseria. Juntos podemos multiplicar los sueldos denigrantes que el gobierno ha calculado para nosotros en su afán de ayudarnos a ser unidos, otra vez un pueblo originario, advertidos para el desamparo y la desgracia.

Este llamado a la promiscuidad del colectivo amor, esta orgía democrática, esta piedra de sacrificio, el téchcatl azteca donde nos arrancan el corazón, no es un invento de este gobierno, ni podrá patentarlo el próximo. Lo que se nos pide es que borremos nuestra huella sobre la arena y seamos la arena, no más grafitis, sino pintura en las paredes, no más ríos sí piedras bolas para construir represas que detengan a los verdaderos ríos. El gobierno necesita mover el cuerpo social al ritmo de una ballena franca austral, que vayamos a los mismos sitios cada año sin esperanza de redención y sirvamos de espectáculo a los turistas que vienen de sitios extraños a conocer una especie amenazada. El gobierno ha decretado que desaparezcamos de la faz de la tierra para poder volver a sembrarnos sobre esta tierra ávida de apellidos extensos, rubios, distintos; para que un día se nos pueda cultivar sin la plaga del descontento, limpios de sueños que interrumpen el ciclo del progreso, puros como un campo de soja al amanecer.

Opiniones (1)
22 de junio de 2018 | 05:00
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22 de junio de 2018 | 05:00
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  1. "Si nacen más de 750 mil niños/as por año en Argentina según información del Ministerio de Salud y gran parte de ellos (6 de cada 10) está entre los hogares más vulnerables, un año de desmejora social tiene un costo social alto y no es tan sólo un período de ajuste momentáneo. Sus condiciones de educabilidad y nutricionales están disminuidas con todo lo que implica a futuro." fuente CASH , Infancias por Susana Mazzola
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