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Treinta años no es nada: el alma aferrada a un dulce recuerdo

El martes se cumplirán 30 años del inicio del último Mundial ganado por Argentina, palpitando una nueva Copa América sedientos de un título.

Treinta años no es nada: el alma aferrada a un dulce recuerdo

En 1930 la Selección argentina fue subcampeona de la primera Copa del Mundo de la historia. Unos años después, Alfredo Lepera y Carlos Gardel compusieron un tango que quedó grabado a fuego en el alma de los argentinos, con versos que fácilmente podemos relacionar con el deporte más popular del planeta.

Sábado 31 de mayo de 1986: el campeón defensor, Italia, empata 1 a 1 ante Bulgaria en el estadio Azteca. Alessandro Altobelli puso en ventaja a la Azzurra, a los 43' del primer tiempo, y Nasko Sirakov decretaría el empate a los 40' del complemento.


Fue el partido inaugural de un Mundial que, 29 días después, sería el último ganado por Argentina hasta hoy, y este martes se cumplirán 30 años de ese puntapié inicial.

Mundial-86

Con un Maradona inspiradísimo, la Selección lograría en ocho años su segundo título Mundial y auguraba un futuro de liderazgo que se fue desmoronando de a poco. Lo que sucedió en estos treinta años lo sabemos todos. Después de levantar la Copa América en dos ediciones consecutivas a comienzos de los '90, como hinchas fuimos masticando una frustración tras otra. Y la historia se fue repitiendo periódicamente.

Detrás de cada desazón, venía la promesa: "Es la última vez que me ilusiono con la Selección". De pibes, ante la pasión que nos despertaba todo lo que nos genera placer, nos volvíamos locos al comienzo de cada campeonato. A medida que fueron pasando los años, intentamos sentar cabeza. "Ya estoy grande, no puedo estar sufriendo por 11 tipos de celeste y blanco corriendo atrás de una pelota".

Pero, dicen, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y no hacemos más que volver, como decía el Morocho del Abasto. Es que, aunque no lo queramos, siempre se vuelve al primer amor.

Argentina enfrenta esta tarde a Honduras en San Juan. Será la despedida de nuestro país antes de jugar la Copa América Centenario en Estados Unidos, luego de llegar a la final en Brasil 2014 y Chile 2015.

Y acá estamos, haciendo como que no nos interesa, cuando en realidad seguimos tan atentos como siempre. Es que, en el fondo, nos invade el pánico de comernos un nuevo garrón. Tenemos miedo del encuentro con el pasado, que vuelve a enfrentarse con nuestras vidas.

Aunque el equipo de Gerardo Martino no venga mostrando su mejor versión, rompemos una vez más nuestra promesa e insistimos con ilusionarnos. Entre los motivos racionales, nos esperanzamos porque está Messi, porque Higuaín rompió todos los récords en Italia, porque de a poco la defensa se va afianzando...

Si apelamos a la pasión, nos ilusionamos porque guardamos escondida una esperanza humilde, que es toda la fortuna de nuestro corazón.

Al fin y al cabo, treinta años no es nada. Y vivimos con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloramos otra vez.


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20 de agosto de 2018 | 12:15
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