opinión

El hilo rojo: de zorras histéricas y chongos sin swing

Con una mirada nada moderna y bastante machista , la directora de Abzurdah regresa con una historia banal, que no logra superar los clichés de la peor de las telenovelas.

El hilo rojo: de zorras histéricas y chongos sin swing

Con un escandalete mediático como imprevisto motor publicitario, y una legión de fans incondicionales de Eugenia "La China" Suárez; El hilo rojo debutó por lo alto en la taquilla de los cines conquistando el primer lugar en su día de estreno, y sacándole una buena diferencia al tanque de Hollywood de esta semana, X-Men: Apocalipsis.

Está más que claro que una buena porción del público que asiste a las salas, lo hace movilizada por la historia de celos, traición y pelea; desatada el año pasado en pleno rodaje de esta película, cuando Pampita irrumpió en un motorhome y sorprendió a Benjamín Vicuña y la China Suárez en pleno momento hot. La modelo encargada de desatar aquel episodio de furia, y que hoy es tapa de revistas con sus fotos junto al tenista Juan "Pico" Mónaco, jamás sospechó que se transformaría en la encargada de encender la mecha publicitaria del film protagonizado por su ex pareja. Completando el irresistible combo promocional, semanas antes del estreno, la dupla protagónica mostró su romance consolidado y enfrentó las cámaras de programas televisivos de toda calaña. Tamaño dispositivo mediático no podía fallar.

Basándose en una leyenda china, esta nueva apuesta de la directora Daniela Goggi, que el año pasado fue responsable de la exitosa Abzurdah, también con la China Suárez; gira alrededor del mito del hilo rojo invisible que conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, más allá de las adversidades que se interpongan en el camino. Manuel (Benjamín Vicuña), es un enólogo exitoso que en un vuelo conoce a la bellísima azafata Abril (Eugenia Suárez), y queda automáticamente deslumbrado. Tanto en ese primer acercamiento, como en los restantes, ella procederá con el sistemático manual del "primero rechazo y después cedo"; mientras él insistirá hasta el hartazgo multiplicando su calidad de felpudo mullido. No hay mucho más que eso. La película es una mala telenovela en versión comprimida.

El hilo rojo

Con una estética publicitaria, acumulando situaciones inverosímiles y personajes tan lineales como poco atractivos; El hilo rojo descansa sobre la insuperable belleza de la China Suárez, capaz de iluminar cada plano en el que aparece con su irresistible fotogenia; y apoyándose en locaciones de ensueño como las de la ciudad de Cartagena, donde los personajes se reencuentran años después de haberse conocido. El film es superficial y banal, que no es lo mismo que decir que es una película sobre la superficialidad y la banalidad. No hay ironía ni profundidad, solo un liviano paneo sobre temas como el matrimonio, los hijos y la infidelidad.

En cuanto a las actuaciones, el trabajo de Suárez y Vicuña navega a la deriva de un guión imposible. Es evidente que cada uno hizo lo que pudo, sonriendo/llorando en piloto automático, y haciendo el intento de poner en las escenas de sexo un poco de condimento al asunto. Los personajes secundarios tampoco agregan demasiado. Guillermina Valdés interpreta a la mujer de Manuel, una fotógrafa cool que no tiene mayor peso en la trama. Mientras el español Hugo Silva, a cargo del rol de pareja de Abril, cae en el más burdo cliché del músico famoso. Ni siquiera Leticia Siciliani logra aportar una cuota de gracia, con su performance de la atribulada azafata a quien su novio abandona por WhatsApp.

Benjamin vicuña guillermina valdes

Sumada a una historia que jamás levanta vuelo ni se juega por nada, la música omnipresente y redundante se encarga de subrayar cada intento de clima dramático. Amy Winehouse suena no una, sino dos veces, con su hit You know I'm no good. Seguramente la cantante debe estar revolcándose en la tumba, o intentando arrojar desde el más allá una botella contra la pantalla. Ni siquiera su fuerte impronta logra insuflarle una dosis de intensidad a una película tan "fome" como Vicuña.

Cuando llega el final, constatamos que el episodio de furia en el motorhome, con palta y manta de Nepal incluidos; es mucho más contundente que este desabrido canapé del anti cine. En un subtexto algo forzado, dado que tamaño engendro ni siquiera es sólido desde lo que enuncia; se podría decir que El hilo rojo va sobre cierta fascinación por la belleza sin contenido. Con un mirada nada moderna y bastante machista, en la que se pretende ubicar a la mujer en el lugar de quien lleva las riendas de la historia; el guión pone en boca de Abril unas cuantas frases solemnes y seudo filosas, reduciéndola de manera sistemática al mote de zorra histérica. En la otra esquina, el eterno chongo sin swing podrá ser vapuleado una y otra vez, pero aún en lo más profundo de su supuesta desgracia; se erige como el inexplicable epicentro del asunto. "Nadie te va a querer como yo", dice desde una impostada pose de entereza la corneada mujer de Manuel. En apariencia, la directora Daniela Goggi no ensaña su dedo acusador sobre ninguno de los protagonistas. Pero si se escarba un poquito, queda al descubierto que su película es más culpógena y falocrática de lo que parece. 

El hilo rojo / Argentina / 2016 / 100 minutos / Apta para mayores de 13 años / Con: Eugenia Suárez, Benjamín Vicuña, Hugo Silva y Guillermina Valdés.

Opiniones (1)
21 de julio de 2018 | 04:03
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21 de julio de 2018 | 04:03
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