opinión

El atroz encanto de ser infieles

El atroz encanto de ser infieles

Por Lic. Mauricio Girolamo y Lic. Carina Saracco

Una vez que la intensa y hormonal etapa del enamoramiento se diluye, cede y se transforma (en el mejor de los casos) en un "amor profundo y maduro", entramos en una suerte de mar calmo con sus vaivenes naturales. Podemos decir que la historia,recién ahí comienza. Ahora bien, ¿qué pasa cuando se esfuma ese cumulo de sensaciones, tan intensas y adictivas, que provocaba el enamoramiento?

A diario se nos presenta el desafío de alimentar la relación desde un lugar de encuentro, basado en la monogamia…. esa palabra, que tanto dice de fidelidad,de confianza mutua, del deber, lo correcto, el compromiso manifiesto y el anhelo de sostenerla. Sin embargo, qué pasa cuando casi sin quererlo, se nos filtran en las fantasías, en los pensamientos y hasta en la más recóndita condición involuntaria de los sueños, personas tan ajenas como cercanas. Amigos históricos, compañeras de oficina, vecinos inimaginables o hasta imágenes de personas desconocidas o actrices hollywoodenses. Hasta ahí, todo el repertorio estaría permitido si es para "condimentar" el encuentro con mi pareja…total, son fantasías, no? Mi encuentro sexual sigue siendo exclusivo con mi pareja.

Pero avancemos un poco más. Vamos por la calle deleitándonos con la belleza de otros u otras. Admiramos la inteligencia de Juan, la personalidad de María, el humor de Nacho, las caderas de Fer, la espalda de Matías, la mirada profunda de ….. En fin, y muchas cualidades estimulantes flotando a nuestro alrededor.

Bueno, pero seamos claros, reparar en estos aspectos no es ser infiel... O sí?¿Desdecuándo mirar a otros, es traicionar? Y ¿descubrir deseos? ¿tentarnos con el otro?, ¿y qué dicen de esa sutil seducción que ejercemos desde el más simple saludo, comentario o mirada?, ¿Qué opinas de elegir la ropa o el perfume, de acuerdo al día en que nos cruzaremos con esa persona, que nada sabe de nuestro gusto por encontrarnos? ¡Que alguien venga a decir dónde se encuentra taxativamente el límite más estricto que marca estar de un lado o del otro! ¿Existe un límite tan definido?

La monogamia es un acuerdo, un consenso, un valor para algunos, un anhelo para otros. Y hasta un absurdo para unos cuantos. Muchos autores coinciden en que es un verdadero trabajo que implica renuncia, represión de deseos, evitar el atajo y seguir apostando al compromiso contraído.

Pero seamos realistas, de la tentación nadie esta exento…. Están los que, ante tales sensaciones primitivasy viscerales se alejan como si hubiesen visto al mismo demonio. Sin embargo algunos, elijen jugar con fuego, y otros… arden en sus llamas.

Pero si hemos de sentirnos tentados de comer de la manzana prohibida, no juzguemos nuestro software genético, no reneguemos de nuestra esencia, no critiquemos desde afuera como si tuviésemos una coraza a prueba de flechas de cupido.

Quienes hayan logrado el nirvana de una monogamia decidida, trabajada y sostenida, saben que es un trabajo cotidiano, día a día, valorando y resguardando aquello que no quieren perder. Y eso es tan elogiable como elegible.

En definitiva, jugar al amor es jugar al riesgo y quien no esté dispuesto a tamaña apuesta, pues que no invierta en el azar del amor. Porque en conclusión…el que esté libre de haberse sentido tentado, que tire la primera piedra.

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21 de junio de 2018 | 21:03
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