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Brasil: ¿es el petróleo la verdadera razón de la lucha por el poder?

Brasil: ¿es el petróleo la verdadera razón de la lucha por el poder?

Son muchas las voces que aseguran que el presal es el verdadero motivo del impeachment a la presidenta Rousseff, pero otras lo desmienten. ¿Cuál es la situación el sector petrolífero de Brasil y su reflejo en la vida diaria del país?

“Quieren renunciar a la soberanía nacional, mudar el régimen actual de concesiones y entregar los recursos del presal [petróleo] a las multinacionales extranjeras”. Faltaba un día y medio para la votación del impeachment contra la presidenta de Brasil. El 15 de abril, Dilma Rousseff decidió suspender su comparecencia en televisión y optó por lanzar un mensaje a la nación a través del Twitter.

Aquel viernes, los sondeos ya daban por segura la derrota de la presidenta. Rousseff, todavía en busca de aliados, habló de muchos temas: de las supuestas irregularidades fiscales cometidas para maquillar el déficit presupuestal, razón por la que podría ser alejada del Gobierno; de la inestabilidad política que puede surgir a raíz de esta drástica decisión; de la corrupción y de la voluntad soberana del pueblo; de las conquistas sociales y de los derechos de los brasileños. Y citó el presal.

Esta palabra define el enorme tesoro petrolífero escondido a 7.000 metros de profundidad en las costas de Río de Janeiro, bajo 2.000 metros de sal. Descubiertos en 2006 y presentados al mundo en 2010, estos formidables yacimientos contendrían entre 176.000 y 300.000 millones de barriles de crudo, según distintas fuentes. Es, sin duda, una de las mayores reservas petrolíferas del mundo.

En las semanas previas a la votación del impeachment, en las pancartas de todas las manifestaciones progubernamentales apareció el lema “El presal es nuestro”. “No hay dudas de que el presal está detrás del impeachment. Incluso la presidenta Rousseff lo ha citado en su discurso antes de la votación. Estamos hablando de una reserva de entre 270.000 y 300.000 millones de barriles”, asegura a esglobal Jose Maria Rangel, coordinador general de la Federación Única de Petroleros (FUP), que congrega tres sindicatos nacionales, entre ellos, el mayor de América Latina.

La preocupación del Gobierno y sindicatos no es baladí. Algo muy importante ha pasado desapercibido en la prensa internacional, más preocupada por describir con todo lujo de detalles el grotesco circo protagonizado por los diputados brasileños. El pasado 24 de febrero, en medio de la mayor crisis política de los últimos 25 años, el Senado de Brasil aprobó con 40 votos a favor y 26 en contra una ley que pretende cambiar las normas que regulan el complejo mercado petrolífero. Promovida por el senador José Serra (del Partido de la Social Democracia Brasileña -PSDB), esta ley exonera a la principal petrolera del país, Petrobras, de la obligación de mantener una participación mínima del 30% en la explotación delpresal. El texto debe pasar a la Cámara de los Diputados para la segunda votación.

¿Cuál es el verdadero alcance de esta ley? Para los sindicatos petrolíferos y el Partido de los Trabajadores (PT), su entrada en vigor equivaldría a abrir la caja de Pandora de la privatización de Petrobras, epicentro del mayor esquema de corrupción y desvío de dinero de la historia brasileña. Y peor aún: sería el pistoletazo de salida para la entrega del petróleo a las multinacionales extranjeras “a precio de banana”, como ha dicho en más de una ocasión el senador Lindbergh Farias, del PT.

Rangel recuerda que el nombre José Serra aparece en los archivos de Wikileaks, filtrados por Julian Assange. En 2009, Serra habría prometido a una representante de la petrolera estadounidense Chevron que, en el caso de que ganara las elecciones en 2010, cambiaría la legislación que regula la explotación del presal.

¿Por qué los sindicatos están preocupados con la entrada de empresas extranjeras en el mercado brasileño? “Multinacionales como Chevron o Shell no compran naves, plataformas o sondas en Brasil. Sin Petrobras como gran operadora no se sustentará el desarrollo de la tecnología nacional en este área estratégica”, advierte el senador Farias. “Fijar una participación mínima del 30% tiene un sentido. Si la empresa operadora es estatal, se impide una explotación predatoria y se desarrolla una industria nacional a través de la compra de material y servicios en Brasil”, refuerza Rangel. “La ley actualmente en vigor está inspirada en el modelo noruego, un país donde se logró desarrollar una industria que gira entorno al sector del petróleo. Hoy Noruega exporta equipamientos y servicios, y no solo crudo”, añade Rangel.

Sin embargo, varios expertos brasileños discrepan de esta visión “nacionalista y politizada” y acogen con entusiasmo la nueva ley impulsada por el senador Serra, un viejo conocido en los círculos del poder de Brasil, que en 2010 perdió las elecciones presidenciales frente a Dilma Rousseff, y en 2002 frente a Luiz Inácio Lula da Silva. “La nueva legislación para la explotación del presal debe ser encarada de forma muy positiva, porque busca mantener la competitividad de la industria petrolera nacional en un escenario a la baja de los precios del petróleo y de las materias primas”, señala Edmilson Moutinho dos Santos, profesor del Instituto de Energía y Ambiente de la Universidad de Sao Pulo (USP) e investigador del Research Center for Gas Innovation de la USP.

Para entender el verdadero calado de esta compleja cuestión, hay que remontarse a 1997, cuando el entonces presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, aprobó una ley para acabar con el monopolio de Petrobras y abrir el mercado al capital extranjero. Fue creada la Agencia Nacional de Petróleo, independiente del Gobierno Federal y responsable de realizar las subastas entre petroleras nacionales y extranjeras en igualdad de condiciones. El objetivo era multiplicar las ganancias y convertir ese sector en un motor del desarrollo de Brasil. Por aquel entonces, la explotación de estos recursos representaba apenas el 2-3% del PIB brasileño, muy lejos del actual 13%.

“Lo que aconteció fue impresionante. Llegaron empresas petrolíferas de todo el mundo. Había licitaciones con frecuencia bajo varios criterios. Uno de los más interesantes era el del contenido local: si la empresas compraba productos y servicios fabricados en Brasil, obtenía más puntos para ganar la licitación”, recuerda Julia Mota, de Mota Advogados/SFME Advogados, consultora jurídica especializada en inversión extranjera, petróleo y gas. “La idea en aquella época era que Brasil no sería una nueva Angola, en la que las empresas explotaban el petróleo sin más, sino que se impulsaría la creación de una industria local de bienes y servicios”, agrega.

“La industria nacional aprendió a valorar sus recursos naturales y a atraer a los inversores, incluso en una situación desfavorable. Petrobras supo reinventarse como una empresa estatal con una vocación comercial. Se convirtió en un símbolo de modernidad entre las grandes petroleras”, opina Moutinho. “Cuando el precio del petróleo subió de nuevo, a partir de 2005, estábamos preparados para coger los frutos. La industria petrolera brasileña fue vista como una estrella en el mundo global”, añade.

En este escenario, los sindicatos se resistieron a que Petrobras perdiese el monopolio y el cambio de modelo fue solo parcial. “A pesar de que otras empresas estaban ganando las licitaciones, Petrobras siempre mantuvo el monopolio del transporte del petróleo y el control de los oleoductos. Es muy complicado abrir el mercado a la competencia y dejar el transporte en manos de la principal empresa estatal”, explica Julia Mota, que trabajó durante seis años en el Consulado de Canadá auxiliando a empresas de toda la cadena del sector del petróleo.

La llegada del PT al poder marcó un cambio en la política petrolera de Brasil, que se aceleró con el descubrimiento del presal, en 2006. El Gobierno de Lula decidió substituir el sistema de licitación por el de partilha, una especie de empresa mixta para la explotación del presal que volvió a situar a Petrobras como operadora única, con el derecho a un 30% mínimo en la explotación. “Creemos que el sector petrolífero debe ser tratado como una política de Estado y no de Gobierno, y que debe ser independiente del partido que esté en el poder”, señala Rangel, de la Federación Única de Petroleros (FUP).

“El problema es que en este proceso para modificar de nuevo la legislación hubo una inercia muy grande a la hora de determinar el nuevo modelo. Durante muchos años el sector paró”, señala Mota, que subraya que el sector petrolero del Canadá cuenta con 300 empresas privadas y más de 30.000 proveedores. “Este sector no puede parar. El inversor, ya sea extranjero o brasileño, necesita estabilidad jurídica. Sin eso, no invierte. El Gobierno tardó mucho en estipular las nuevas reglas que regirían elpresal y eso provocó un desánimo generalizado. Muchas empresas extranjeras comenzaron a salir de Brasil”, añade Mota.

Mientras tanto, la investigación del caso Lava Jato, que comenzó en 2009 y culminó ese año, mostró la cara más oscura de Petrobras. El desvío masivo e ilegal de dinero para pagar propinas a los principales político del país, del Gobierno y de la oposición, ha costado a las arcas de esta empresa pública 42.800 millones de reales (unos 10.700 millones de euros), según datos de la Policía Federal. “El nuevo proteccionismo instaurado para favorecer a Petrobras fue inadecuado. Se creó un sistema con una elevada exposición a la corrupción, como la operación Lava Jato está revelando, baja eficiencia y competitividad”, asegura Moutinho. “El presal fue visto como la mina de oro que permitiría al PT perpetuarse en el poder”, dice Mota.

La situación se ha agravado por la baja del precio del petróleo, que ha perdido un 70% de su valor. El estado Río de Janeiro, muy dependiente de los royalties del crudo, atraviesa sus peor crisis financiera y ni siquiera consigue pagar a tiempo los sueldos de los funcionarios públicos.

“Hoy Petrobras tiene una deuda de 543.000 millones de reales (135.750 millones de euros) y tendrá que pagar en los próximos seis o siete años 80.000 millones de reales de intereses por año (20.000 millones de euros). Ya tiene comprometida una inversión de 80.000 millones de reales y hay que descontar 40.000 millones de reales de impuestos (10.000 millones de euros). Las cuentas no salen”, analiza Adriano Pires, director del Centro Brasileño de Infraestructura (CBIE). Según este analista, hoy Petrobras no está en condiciones de asumir una participación mínima del 30% en la explotación del presal, y mucho menos de ser una empresa monopolista. De ahí que la apertura al capital extranjero se hace necesaria y hasta positiva.

“Brasil necesita retomar las inversiones en el sector del petróleo, y para eso hay que revisar la legislación. El proyecto del senador Serra propone eliminar la obligatoriedad de Petrobras del 30% y su monopolio, pero al mismo tiempo le concede una ventaja. A cada subasta, Petrobras tendrá 30 días para expresar una preferencia para quedarse o no con este 30%”, explica Pires. “En realidad esta ley es muy buena para Petrobras, porque elimina la obligatoriedad y le ofrece la posibilidad de escoger en qué subasta participa. Para Brasil también es interesante, porque es una forma de atraer en este momento a empresas extranjeras”, añade.

“Es verdad que Petrobras pasa por un problema económico, pero es coyuntural, no es estructural”, asegura Rangel, del FUP, para quien las entradas del presal pueden servir para subsanar la principal petrolera del país. “Se puede esperar a que Petrobras mejore y pueda volver a invertir, pero eso representa un riesgo, porque la empresa estatal va a necesitar mucho tiempo en recuperarse. Para Brasil es más interesante abrir el mercado a la inversión extranjera. Eso va a generar enormes ingresos, muchos más que si se dejara para más adelante”, rebate Julia Mota.

Un estudio de los economistas Edmar de Almeida y Luciano Losekann muestra que la falta de explotación del petróleo puede causar pérdidas de 530.000 millones de euros. Según sus cálculos, si Brasil comenzase a explotar hoy el crudo a través de subastas, en un marco de libre competencia, hasta 2040 podría ingresar unos 750.000 millones de euros. En cambio, si se mantiene el monopolio de Petrobras y se realiza la primera subasta en 2021, cuando se calcula que la empresa estatal podría recuperar su liquidez para invertir, los ingresos serían de tan solo 220.000 millones de euros.

Para Moutinho dos Santos, Petrobras necesita urgentemente ayuda externa de empresas dotadas de tecnología y financiación consistentes. “Fue excelente para nuestro país que los españoles vendiesen parte importante de sus activos de Repsol en Brasil a China. Esperamos contar con muchas más inversiones y presencia de las estatales chinas. Eso podría ser interpretado como un nuevo colonialismo petrolero, según la óptica de los nacionalistas. Por otra parte, la adquisición del Grupo BG (el mayor socio de Petrobras en el presal) por parte de Shell debe ser celebrada como una fiesta, porque los bolsillos y la capacidad tecnológica de Shell son mucho mayores que las del Grupo BG”, reflexiona este profesor.

Para los sindicatos, el verdadero objetivo de las multinacionales es hacerse con las reservas de petróleo de Brasil en un momento en el que las compañías buscan recursos en todo el mundo. “La nueva ley llega en un momento extremamente delicado para el sector, con el barril a 40 dólares. ¿Qué país del mundo va a hacer subastas con estos precios? Sería un suicidio”, señala Rangel. “Se trata de una estrategia muy bien elaborada con el fin privatizar: mostrar que Petrobras es una empresa ineficiente y corrupta, como si la corrupción solo aconteciese en empresas estatales”, añade.

Mota cree que dejar el presal bajo tierra a la espera de que suba el precio del barril entraña otro riesgo: la pérdida de valor de este recurso natural. “El mundo está intentando modificar sus fuentes de energía por las calentamiento del planeta. El petróleo se va a acabar y hay una fuerte tendencia a buscar fuentes de energía renovables. El momento de explotar el crudo es ahora. De aquí a 20 años puede producirse una decisión global que penalice fuertemente el petróleo”, advierte. “El petróleo debajo de la tierra no vale nada. Con un ciclo de precios a la baja, hay que implantar un sistema en Brasil que atraiga a inversores de fuera, porque Petrobras ahora no está en condiciones de explotar este enorme capital. Brasil no puede esperar: en el estado de Río de Janeiro hay mucho desempleo. La inversión en el sector petrolífero debe ser retomada”, confirma Pires.

Entonces, ¿el crudo es la razón oculta tras el impeachment de la presidenta Rousseff, como sostienen el PT y los sindicatos? “Es una tontería. Lo que hay detrás del impeachment son las irregularidades fiscales del Gobierno de Dilma y la corrupción sistémica implantada en el Ejecutivo”, asegura Pires. “El PT ha destrozado Petrobras, que hoy acumula una de las mayores deudas del mundo y está envuelta en el mayor escándalo de corrupción de Brasil. Por primera vez en su historia, la petrolera tiene dos años consecutivos de pérdidas. Petrobras nunca tuvo una gestión tan mala como la de los últimos 13 años de PT”, agrega.

“La baja gobernabilidad actual de Brasil retrasará decisiones importantes y perjudicará aún más al país. Pero decir que la industria del petróleo está en la raíz de los actuales problemas políticos brasileños es una exageración y no corresponde a la realidad”, señala Moutinho. “El país necesita reducir el nivel de nacionalismo petrolero para poder tomar decisiones coherentes con la situación económica desfavorable hoy en vigor”, concluye este profesor. 

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20 de junio de 2018 | 19:07
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