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No al desarrollo territorial a ciegas

¿Conocemos el modelo de desarrollo? Aquí, un experto en la temática nos ilustra.

No al desarrollo territorial a ciegas

El proceso de globalización ingreso al país, hace ya varias décadas, y se extendió por todo el territorio imponiendo su paradigma. Trajo innovaciones tecnológicas y el concepto de eficiencia para la competitividad como bandera, pero también produjo cambios en el ámbito rural que se pueden considerar positivos o negativos según el modelo de desarrollo que uno considere.

En el país miles de productores dejaron su actividad vendiendo sus tierras a grandes grupos económicos. Además el alto precio de las commodities, especialmente la soja, hizo que los ganaderos tradicionales fueran desplazados por aquellos empresarios que tienen por lema “los números son los números” y que con un manejo basado en la tecnología de precisión vaciaron el campo de gente, dándole a la pampa húmeda otra identidad.

No quiero juzgar aquí si eso fue interesante para el país, ya que todo cambio produce situaciones complejas donde lo positivo se toca con lo negativo. No se puede negar lo importante de la mejora tecnológica y no se puede negar lo malo del vaciamiento y la modificación en la estructura agraria.

Lo que sí quiero remarcar es que la política de desarrollo implementada se basaba en el crecimiento por sectores, el derrame y especialmente potenciar el país agroexportador del siglo XX. Nadie que estuviera en el sector podía desconocer ese proyecto

La provincia de Mendoza aprovechó las inversiones internacionales en bodegas y orientó su comercio hacia el exterior sobre la base de vinos de alta calidad enológica. Esta propuesta interesante no alcanzó para darle sustentabilidad a todos los que venían acompañando desde principios del siglo XX al negocio vitivinícola.

Banco Hipotecario Nacional, sucursal Mendoza (1934)


La ganadería bovina creció gracias al convencimiento de un grupo de privados que apostaron por darle vida y negocio al secano. Otras producciones han sabido aprovechar la disponibilidad de tecnología que trajo la globalización y otras se quedaron confiando que el ciclo negativo terminara para volver a sonreír sin comprender la realidad.

Mendoza basa su vida en la cultura del oasis sin pensar que su amplio territorio es casi en su totalidad secano. Hoy tenemos la misma superficie de oasis, o casi igual, que en los años en el que se sistematizó el riego y se decidió que la producción intensiva y la agricultura eran nuestro presente y nuestro futuro. Cuando se pensó este proyecto de desarrollo en el siglo XIX habitaban la provincia unas 100.000 personas y los censos actuales nos señalan cerca de 2 millones que sumado al turismo producen una densidad sobre el oasis que indicaría no ser la apropiada.

Hoy miro las transformaciones que ocurren en el territorio y que influyen fuertemente sobre lo económico, social, ambiental e inclusive cultural y me pregunto, cuál es el proyecto de desarrollo que nos enmarca a todos los que hacemos, con la mejor calidad posible y deseable, un trabajo para poner a Mendoza en un proceso de crecimiento y desarrollo.

Me hablan de ordenar, de ser eficiente, pero en lo personal considero que son herramientas, más o menos importantes, pero que tienen que ir acompañadas de un proyecto de desarrollo que en forma participativa se haya construido. Un proyecto que explique qué escenarios buscamos y que queremos alcanzar, que permita reflexionar y debatir los problemas a resolver y construir la Mendoza del futuro.

Mucho he dialogado con distintos actores de la comunidad sobre esta inquietud y la mayoría consideran que no hay proyecto y que los negocios son los que marcan el camino al desarrollo.

Si esto es así, y siguiendo la lógica de la política, habría que entender que el proyecto es “que no haya proyecto” y que la Sociedad no construya, simplemente espere lo que otros piensan por ella.

Si no ejercemos esa capacidad de pensar y construir nuestro propio proyecto de desarrollo, poco a poco lo vamos perdiendo y nos volvemos más débiles como Sociedad.

Pero, seguramente más ordenados y eficientes.

* Jorge Silva Colomer es Doctor en ingeniera agronómica, ingeniero agrónomo y diplomado en agronegocios y doctor en Agronomía; su especialidad es el desarrollo de zonas áridas y el desarrollo territorial.

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21 de agosto de 2018 | 18:40
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