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Francisco: contrahegemónico y humanismo cultural

Francisco: contrahegemónico y humanismo cultural

 Francisco, el papa de las periferias, significa la irrupción de América Latina en el centro de la institución religiosa, y en el centro del mundo. Ello configura una revolución pastoral, política y geopolítica, jerarquizando al hemisferio sur y colocando a la Iglesia de los oprimidos en el centro de la escena.

Recientemente visitó un campo de refugiados en la isla griega Lesbos. Fiel a su estilo directo y sin tapujos denunció que estamos frente la catástrofe humanitaria más grande después de la Segunda Guerra Mundial: "los migrantes, antes que números, son personas, rostros, nombres e historias".

De acuerdo a Mario Calabresi, director del diario italiano La Stampa, en un período en el que parece haber un pensamiento hegemónico, que disimula cualquier desigualdad discursiva o real con un montón de reglas y números, hay un solo hombre que habla tozudamente de personas y de humanidad.

Francisco ‘contrahegemónico’ es un aporte a la tercera vía, a la tradición latinoamericana y a la ‘humanización de la humanidad”. En este orden de cosas, lo que el artículo se propone es precisar sus ideas políticas, económicas y sociales, cuyo derrotero es ciertamente perpendicular a las voces políticas de Occidente.

En primer lugar, una riqueza y fuerza intelectual le permiten leer con claridad los signos de los tiempos. Así el Papa Francisco interpela con un mensaje socio-político-cultural novedoso al interior de un contexto de cambios o un cambio de época. Ejemplo de ello son sus alocuciones y viajes apostólicos, que ni por asomo se podrían definir desde la ingenuidad o casualidad mediocres.

Así, la inclusión social de los pobres es la más destacada propuesta político-económico-social manifestada por el Santo Padre. La paz social ocupa un lugar preponderante también. Con todo, las reivindicaciones sociales no pueden ser sofocadas con el pretexto de construir un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz.

Las ideas centrales del Pontífice se completan con el diálogo social, como contribución a la paz. El diálogo lo refiere principalmente con tres sectores: el Estado, la sociedad (y las ciencias) y los creyentes de otras religiones. El sujeto histórico de este proceso es la gente y su cultura, no es una clase o una élite que piensa en representación de la colectividad.

En este punto, es sustancial el giro de tuerca que realiza el Líder Religioso a una cuestión de difícil tratamiento en un mundo signado por ideas fundamentalistas que derivan en el genocidio de miles de personas. Bergoglio proclama la plena vigencia del derecho universal a la libertad religiosa y la laicidad del Estado. Promueve el respeto a las opciones que en conciencia realiza el ser humano.

La inclusión social de los pobres, la paz social y el diálogo social llevan a conjeturar la profunda terrenidad de Francisco, el real pragmatismo de un líder empapado de la condición del hombre social, un Papa que tiende a privilegiar el contacto con el mundo vital por encima de las mediaciones conceptuales.

En segundo lugar, la lectura que se hace de la política, de acuerdo a las ideas de Francisco, da cuenta de tres roles según el foco esté puesto en la caridad, el diálogo o la inclusión.

Primeramente, el rol caritativo de la política. Aquí la política como caridad debe ser interpretada como salida o éxodo voluntario y racional hacia la periferia, es un estado de misión político permanente, deliberado y lógico en busca del bien común.

Luego, la política es entendida en términos de diálogo y encuentro. Para el Pontífice debería ser instancia de un entendimiento veraz y noble, moldeadora de bases y condiciones amplias, y allanadora de peligros e intereses sectaristas de manera tal de propiciar un encuentro no banal y sustancioso. La política, en su rol dialoguista, es la gran promotora del encuentro de los desencuentros.

El último rol contempla a la política como inclusión y guardiana de la casa común. Hace referencia a la política en su función de acoger y defender la justicia social. Aquí la política es centinela y reguladora de la dialéctica relaciones sociales – relaciones económicas. De esta manera, provee el marco censor y corrector de los excesos y abusos en esas interrelaciones.

En tercer lugar, se deduce que la expresión más acabada de la concepción de política de Francisco encierra una coherente y ampliamente razonada propuesta sociopolítica denominada ‘Cultura del Encuentro’. El argentino realiza un aporte novedoso a la llamada tercera vía. Abona un nuevo tipo de política que reúne el aporte personalísimo, distintivo, latinoamericano y reformador de un gran estadista. Es una cultura de alianza, en la cual se abrazan los antagonismos (nosotros / ellos) en busca de la prosperidad para todos, con especial acento en la opción preferencial por los pobres.

Para comprender la categoría antes señalada, núcleo del pensamiento y del discurso bergogliano, se hace necesario no desestimar las influencias teológicas, políticas y filosóficas que con posterioridad el Padre Jorge reelaboró autónomamente en su experiencia personal, espiritual, pastoral y de liderazgo. Ahora sólo las nombramos, con el deseo de desarrollarlas en próximos artículos: la Teología del Pueblo, como modalidad menos dura de la Teología de la Liberación; la doctrina peronista en su relación con la doctrina social de la Iglesia; y la espiritualidad ignaciana.

Por tanto, Cultura del Encuentro es la expresión más pulida respecto a la visión que tiene el Papa sobre la política. Es un tipo de política que rechaza abiertamente la propuesta imperial del ultraliberalismo individualista y el anacrónico socialismo totalitario.

Sus ideas desfilan por una tercera vía, por una tradición latinoamericanista mucho más moderada: la de la opción preferencial por los pobres, la de la justicia social, la del alivio contra la pobreza a través de acciones de base en las propias comunidades, aceptando también un rol activo del Estado y la fijación de reglas al juego del mercado.

Todo lo preliminarmente desarrollado deriva en la confirmación de un retorno al humanismo integral, o acuñando una nueva tendencia, a un humanismo cultural porque se comprende al hombre –y a los pueblos- desde su peculiar cultura, y así contribuyente de la totalidad heterogénea de la sociedad.

Francisco es un animal político, es un hombre esencialmente político en el sentido aristotélico del término. Esto implica asumir la historia de los pueblos, sus anhelos y sus luchas; es un compromiso con la cultura y con la historia de un pueblo y, particularmente, con los más pobres y excluidos.

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22 de junio de 2018 | 02:45
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