opinión

Trinidad y la desolación ciudadana

Debajo de la tristeza y bronca por el crimen de una niña hay un desesperado pedido de la sociedad.

La inseguridad no es una sensación que nos arrastra hacia la paranoia colectiva e infunde terribles miedos que alteran nuestro modo de vida. La inseguridad es una realidad latente, una pesadilla viviente que, aunque no 'toca' a todos directamente, nos afecta de modo contundente y provoca reacciones profundas o exacerbadas que son difíciles de controlar.

El crimen de Trinidad, una pequeña de 8 años que vivía una vida como la de muchos chicos de su edad en un pueblo chico, conmocionó nuevamente a todos los mendocinos. Miles de lágrimas se derramaron y cientos de toneladas de bronca se escupieron anoche en Fray Luis Beltrán ante la impotencia y la necesidad de reclamar no solo justicia para la niña, también un pedido desesperado de ayuda y protección por parte de un Estado que aún tiene deudas con sus representados.

Con una fuerza imparable, cientos de vecinos decidieron hacerse escuchar con las voces en alto para que sus palabras no queden en el viento y sean arrastradas al abismo del olvido, como tantas veces presenciamos.

Saber los detalles del brutal asesinato a manos de tres hermanos que ya contaban con antecedentes similares prendió la mecha del letargo social, una bronca contenida por mucho tiempo que se destapó instantáneamente y que, en diversos casos, fue díficil contener para los que no querían desviarse del objetivo y caer en la nunca sanadora violencia vengativa.

Aunque se haya visto fuego y alguna que otra agresión, es de destacar la valentía e integridad de cientos de vecinos que decidieron reclamar por sus derechos, a la verdad, la justicia y la seguridad, que se han visto pisoteados por personas inadaptadas que no tienen recato en cometer los más bárbaros crímenes y por aquellos empoderados en el aparato estatal que miran "desde arriba" creyéndose los sabios y terminando como lastres burocráticos.

Johana, Micaela, Luciana y Trinidad, como muchos otros nombres cuyos destinos fueron arrancados de cuajo en plena florescencia de la vida, no deben ser olvidados por nosotros, quienes somos los que debemos velar por sus recuerdos y hacerles recordar a los que se creen estar más arriba de todo que son ellos quienes deben garantizarnos una tranquilidad y que tienen la obligación de actuar en la búsqueda de Justicia, porque sino se terminan volviéndose cómplices de una enredadera oscura de la cual será cada vez más difíciles de salir.


Opiniones (1)
24 de mayo de 2018 | 00:30
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24 de mayo de 2018 | 00:30
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  1. Desolación, impotencia, dolor, indefensión, soledad, desazón, angustia, miedo, terror, bronca, odio, resentimiento, asco, artazgo, injusticia son los sentires que llevan al individuo a recuperar su potestad de administrar justicia, potestad que NUNCA perdió, que solo delegó en el estado y que ante un estado carente de toda capacidad de brindarla, el individuo la recupera y la hace nuevamene suya a su arbitrio.- Esto nos lleva como sociedad a un salvajismo diferente al que estamos (donde los DDHH son de los delincuentes), y quien te dice, quizás un salvajismo mas justo, uno que tenga mas que ver con la JUSTICIA, donde caigan muertos mas culpables que inocentes y no como hoy donde caen mas inocentes que culpables.- Que Dios nos perdone.-
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