opinión

Sobre tortugas y liebres en el corazón del poder

Sobre tortugas y liebres en el corazón del poder

Para quien pueda leer desde otro país lejano las vicisitudes de Argentina le pueden resultar desde incomprensibles hasta entretenidas.

Cómo no serlo cuando en pocos días, el más famoso y mejor jugador de futbol del mundo, como su recién llegado Presidente y la apenas ida ex presidenta han sido catapultados a los diarios y redes sociales con cientos de miles de opiniones sobre ellos a favor o en contra por temas judiciales. Hasta ahora el único que ha quedado fuera es Francisco, al parecer la última joya de la corona.

Para quien viva aquí la realidad transcurre en los medios de comunicación ultimo altar de la justicia inmediata, donde en reemplazo de los juicios por jurados, son los conductores con sus invitados los que deciden la suerte de cualquier persona o tema. Ya no son necesarios los expedientes, sino sólo la avidez de la nueva denuncia que necesita inmediatamente ser sentenciada, con tendencia cierta de condena. Lo judicial pues se limita a los escalones de los tribunales, donde se entrevista a denunciado y denunciador y luego cuando llega el juicio real, la sentencia o la verdad ya no importan.

Durante la década del kirchenrismo este país asistió a una inmensa discusión sobre la importancia de la parcialidad o no de la justicia y si los jueces debían abandonar su toga por la camiseta partidaria y así sabríamos por cierto a que intereses o ideología representaban. La historia nos recuerda ese tipo de justicia en los modelos de partido único donde éste es además el dueño del estado, como en Cuba y Corea del Norte donde el poder lejos de ser revolucionario se hereda.

También asistimos en esa década en especial la de CFK a la denostación desde el poder ejecutivo sobre aquellos jueces o procesos que intentaban averiguar la veracidad de las denuncias que pesaban sobre negocios, licitaciones o actos de gobierno. Medios de prensa oficialistas en ese momento se encargaban del escarnio público buscando para ello la complicidad de la población; todo era siempre fruto de una misma conspiración. Así nacieron entonces los jueces tortuga, que nunca producían las pruebas o que demoraban los procesos eternamente sin resolver, total la tele, las redes o los diarios digitales ya habían dado cuenta de ello con dedicatoria.

Con la caída del gobierno K, llegó la promesa de un nuevo estilo de gobierno de transparencia, de adiós a la historia oficial y al mundo de las conspiraciones así como la no injerencia en materia judicial.

Aparecieron entonces las liebres, jueces que en forma simultánea casi con los programas nocturnos, con los mismos “jueces” conductores y los mismos invitados, han logrado que los dos presidentes, el saliente y la entrante estén doblemente imputados, para jolgorio de medios y redes. En ese escenario de entretenimiento familiar digital y televisivo cada escudería política va perdiendo soldados antes generales y coroneles. La grieta agradecida con tanto esponsor.

La corrupción en su lado más hostil, es el nuevo fenómeno que recorre el mundo, parafraseando a Marx, desde Moscu a Buenos Aires, pasando por Venezuela, Brasil, Bolivia, Chile, Nicaragua, Panama, Perú y el Salvador, por citar los casos más conocidos y por supuesto por Asia, Europa y la siempre presente Norte América. Ya nadie se acuerda de la vieja Africa que era el punto geográfico de referencia cuando nadie descubría nada por aquí.

La corrupción no sólo mata sino que también vende más allá de los resultados judiciales.

Pero lo más importante, en un país como el nuestro que permite hablar de ello a personas como Rodriguez Saa o Barrionuevo, sin que nadie levante la voz o acuda a la memoria, es que exhibe la realidad de un territorio institucionalmente degradado, averiado, sin fe en ello por parte de su feligresía.

Es grave la falta de recursos económicos que el nuevo gobierno ha denunciado y el gobierno saliente ha desmentido; pero a mi criterio más lo es la falta de confianza en la institución pública cerrada a la gente, oscura, sin controles y donde el objetivo es el asalto para salvarse.

Que las tortugas ahora sean liebres no deben hacernos creer que estamos en un mundo mejor o que la justicia por fin se ha liberado y tendremos sentencias y juicios transparentes.

No se construye una sociedad creíble con procesos pendulares ni con personajes conversos, se la construye desde espacios de consenso, con miradas de largo plazo y con transparencia, de lo contrario sólo seremos lo de siempre, náufragos sin proyectos en manos de los animales sueltos.

Opiniones (3)
22 de junio de 2018 | 02:42
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22 de junio de 2018 | 02:42
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  1. tatekieto.- sin ninguna duda es como ud. dice, tal cual.- Al igual que los políticos y al igual que "cada pueblo tiene el gobierno que se merece", cada pueblo tiene los jueces que se merece, ni mas, ni menos....o...a veces menos.-
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  2. osvaldo: es muy probable que sean los jueces de una sociedad los espejos de su más fiel reflejo.
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  3. Magistrados argentinos, "de tortugas y liebres".- Esta correcta comparación animalista del autor, responde y es consecuencia de la ya, muy probada suceptibilidad de estos empleados públicos carisisimos, a prevendas, arreglos, componendas, interpretaciones caprichosas, ideologías e intereses políticos, apetencias económicas, delirios de poder y grandeza, soberbias de dimensiones cósmicas, autosuficiencias omnipotentes y pretensiones "olímpicas", que son patrimonio de los traficantes del derecho en general y de los magistrados en particular, dejando de lado algunas muy pocas excepciones que ofortunadamente existen.- Inoperancia, falta de idoneidad, parcialidad, desconocimiento, inmoralidad, displicencia, influenciabilidad, suceptibilidad y un largo etc. los hace ser "tortugas o liebres" a su conveniencia y buen criterio o entender, "ajustados a derecho" siempre, como si esto tuviera algo que ver con la JUSTICIA.-
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