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¿En qué lista estás?

¿En qué lista estás?

Pasará un largo tiempo para que las olas levantadas por el tsunami Panama-Papers puedan aquietarse. Llegan a casi todas las playas del mundo. Digo a casi todas, porque hay algunas curiosas excepciones.

El fiscal Federico Delgado imputó al presidente Mauricio Macri por figurar en dos empresas offshore. Él fue a la justicia para probar su inocencia. ¿Seguirá su ejemplo el ex secretario de Finanzas del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y actual intendente de Lanús, Néstor Grindetti? En Islandia, renunció el primer ministro Sigmundur David Gunnlaugsson tras multitudinarias manifestaciones de repudio. La nobleza roja de Beijín no sabe cómo explicar las sociedades constituidas por familiares de prominentes miembros del poderoso Buró Político del Partido Comunista Chino. Una jovencita de 16 años, hija y nieta de la nomenclatura partidaria, ya ocupa un lugar en el directorio de una Sociedad Anónima comprada al estudio panameño Mossack Fonseca.

La nómina incluye a jefes de Estado como el presidente ruso Vladimir Putin, el líder chino Xi Jinping, el ucraniano Petro Poroshenko, la mujer del mexicano Peña Nieto, los reyes de Arabia Saudita y Marruecos, cientos de ministros, políticos de nota, personajes del deporte, de la farándula y hasta best seller, todos mixturados con traficantes de drogas y armas. Caen en el cóctel varios de los que han frecuentado escándalos durante el último lustro, como los capos de la FIFA, que ya no pueden sumar más mugre. Entre nuestros vecinos chilenos, la ya vapuleada clase política por investigaciones propias no está, pero sí se encuentra un prócer, nada menos que Don Agustín Edwards.

Desde que nació, el capitalismo – y hubo varios, no se confundan – nunca fue el convento de las Carmelitas. Hay quienes amasaron su fortuna inicial traficando esclavos, como encomenderos exterminando a la población nativa, traficando cualquier cosa: seres humanos y armas para que pueblos enteros se mataran unos con otros u pusieron una casilla de peaje. También están los que practicaron mercadeo lícito, levantaron industrias, financiaron el tendido de los ferrocarriles o extraordinarias innovaciones científicas y tecnológicas, etc. etc. En fin, la lista es larga.

Pero son incontables las páginas de la prensa escrita y las horas de radio y TV, amarillentas o no, dedicadas a ventilar escándalos financieros. Desde aquellos cuyas consecuencias han llevado a la muerte y al sufrimiento a miles de seres humanos, hasta los que registran jocosos enredos.

Sin embargo, el capitalismo predominantemente financiero, que empezó a galopar alocadamente y sin riendas desde los años 70 del siglo pasado - que parece acelerarse en esta última década -, es sencillamente alucinante. Con sólo computar lo que pasó desde el estallido de la burbuja en 2008 hasta aquí, habría que poner en el otro plato, para equilibrar la balanza, los quebrantos de varios siglos atrás.

Interesa, por lo tanto, preguntarse sobre las consecuencias políticas de los Panama-Papers. Numerosas y perturbadoras, como ya ocurrió con el fenómeno WikiLeaks cuyos campanazos siguen resonando.

No todos los escándalos llevan a los mismos resultados o usos políticos. Recordemos por un momento la película de Alain Resnais, Stavisky (1974), diálogos escritos por Jorge Semprún y Jean Paul Belmondo como actor principal. El film muestra la vida del ruso Alexandre Stavisky, eximio estafador y malabarista del esquema Ponzi. Sus maniobras financieras provocaron un estallido político alimentado por la extrema derecha, antirrepublicana, monárquica y pro fascista. Además de tumbar al gobierno, impusieron la expulsión de León Trotsky, cuyo asilo había sido garantizado por la anterior administración surgida de las elecciones de 1932, tal como muestra el film de Resnais. Los acontecimientos de esa época fueron relatados por el mismo Trotsky, en una lectura grave y de mal pronóstico sobre lo que se avecinaba en Europa y en el mundo.

La renuncia o el desplazamiento, del presidente Roberto Ortiz, en 1940, se dio en medio del gran escándalo de la compra de las tierras para la ampliación del Colegio Militar de El Palomar. Según el informe de la Comisión investigadora, presidida por el socialista Alfredo Palacios, fue pagada una coima de un millón de pesos, por lo que en la jerga se llama “un pase de mano”. Un “agente” económico, se diría hoy, compró unas tierras por lo que poco valían y a las pocas horas las vendió al Estado a precio oro, con la anuencia del Congreso de la Nación. El dictamen de la Comisión-Palacios pidió el juicio político del entonces ministro de Guerra, general Carlos Márquez, y repartió culpas entre dirigentes conservadores, como el presidente de la Cámara baja, Juan Kaiser, y el mendocino, Gregorio Godoy, titular de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, y los radicales Guillermo Bertotto y Víctor Guillot, probando lo que cada uno cobró por el voto favorable. El cohecho de Márquez no fue probado y él siempre negó su responsabilidad, pero había terminado su carrera política y militar. Para algunos autores, como Robert Potash en su historia del Ejército, los daños políticos colaterales de este negociado fueron importantes. Se trataba de aprovechar la situación para un ajuste de cuentas entre los sectores abiertamente fascistas, adversarios de Márquez, que revistaba entre los aliadófilos de las FFAA. Al radical Guillot le pegó duro el negociado: se suicidó. Y como para aumentar el aquelarre del momento y el comentario de la posteridad, dejó un dinero significativo para una amiga.

Pierre Eugène Bérégovoy ocupó varios cargos en el gobierno de François Mitterrand y en 1992 asumió como primer ministro. Meses después fue acusado en la prensa de haber recibir un millón de francos del banquero Roger-Patrice Pelat, como préstamo a tasa cero para comprar un departamento. Bérégovoy, egresado de una escuela técnica a los 15 años comenzó a trabajar en los ferrocarriles franceses como como mecánico ajustador. Pocos meses más tarde, en plena ocupación nazi de Francia, se incorporó a la Resistencia. En 1944, como partisano encabezó la batalla por la liberación d’Elbeuf, cerca de Rouen. Al final de la guerra, su militancia lo catapultó a una brillante carrera en las filas del socialismo. Ante el interrogante, de la sospecha que despertaba del préstamo, solamente dijo en su defensa: que el banquero era un amigo y que él le había devuelto todo lo que le había prestado. El primero de mayo de 1993, almorzó con viejos amigos dirigentes sindicales, tal vez para recordar mejorar momentos de esa fecha, después, como hacía habitualmente, caminó al borde de un canal de la ciudad de Nevers, de la que había sido alcalde. Allí se pegó un tiro en la sien.

Para nada la de Bérégovoy y Guillot son vidas paralelas, simplemente casos de otros tiempos, de otro siglo.

Hoy una cuenta offshore da un aire distinguido, una señal de pertenecer. Como una Ferrari. Los miles de millones que no aparecen en los Panama-Papers, ni en las otras listas filtradas o las ilustradas por Forbes ¿son giles porque no pueden? ¿O son simplemente ciudadanos y ciudadanas virtuos@s que quieren vivir en democracia y en una República?

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25 de mayo de 2018 | 01:22
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