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Lucha eterna por la memoria y la verdad

Lucha eterna por la memoria y la verdad

 “Lo que pasó en las almas de los argentinos entre 1976 y 1983 es todavía un enigma. (…) ¿Fue cielo alguna vez la tierra que se convirtió en infierno? No lo sé, los abuelos de nuestros padres decían que sí. Sin embargo, no hay razón en creer en viejas fábulas. Hoy tenemos otras”. Osvaldo Soriano

Las conmemoraciones de números redondos son propicias para la reflexión, los actos públicos y la opinión publicada.

Los 40 años del golpe de Estado de 1976, la mayor tragedia de la historia argentina, no escapa de esa costumbre. Cientos de artículos, docenas de libros (entre reediciones e inéditos) nos obligarán a seguir leyendo y pensando por varios años. Algunos trabajos son novedosos, resultado de investigaciones o de opiniones fundadas, miradas sobre el mismo fenómeno desde distintas perspectivas. También hay inolvidables testimonios. Otros son panfletos y varios apenas platos cocinados para el oportunismo editorial. Hay para todos.

El golpe del 76 ya es historia para las generaciones nacidas en democracia. Pero para los que vivimos el momento de la tragedia, tiempos de dolor intenso, seguirá siendo una lucha eterna por la memoria y la verdad. Sin embargo, tanto a los jóvenes y veteranos nos viene bien recordar las lecciones del historiador británico E.H. Carr cuando decía que la historia “es un diálogo sin fin entre el presente y el pasado”.

Convendría repetir aquí lo que dijimos en Sin Permiso al cumplirse 38 años del golpe, lo reafirmamos.  De todas maneras siempre hay nuevos y variados relatos que buscan acomodar la caracterización del Golpe, las responsabilidades y consecuencias a sus posturas del presente. Cualquier historia puede ser novelada, para mejor o para peor, pero “verde es el árbol de la vida” y los hechos son los hechos.

El jueves 24 asistimos a una multitudinaria manifestación conmemorativa, pero fue una de las peores en toda la historia de los derechos humanos. Las grandes manifestaciones, incluso cuando todavía la dictadura estaba vivita y matando eran la expresión de una voz potente. El jueves pasado hubo tantas manifestaciones como grupos, tantas consignas como da la imaginación de cada fracción, no hay una voz de conjunto. Y ni el menor atisbo de pensar críticamente en el daño de partidizar y fraccionar el histórico movimiento de los derechos humanos, que trascienden el período 1976-1983; son para lo que pasó después, para lo que pasa hoy y para lo que pasará mañana.

Y en eso llegó Obama

La visita casi turística de Barack Obama movilizó el histórico antiimperialismo, que siempre se manifestó cada vez que algún funcionario estadounidense importante llegó a este puerto. Cuando Richard Nixon tuvo la mala idea de enviar a Nelson Rockefeller a Buenos Aires, en 1969, amanecieron incendiados 13 supermercados de la cadena Minimax. Por una década nadie se animó a abrir un supermercado en Argentina. Sin embargo, cuando vino George Bush (padre) a festejar con Carlos Menem el ingreso al primer mundo, muchos de los diputados, senadores y gobernadores peronistas aplaudieron a rabiar. El gesto solitario del entonces trotskista Luis Zamora, imitó el grito del legendario Liborio Justo, cuando el Congreso recibía con pompa a Franklin Roosevelt, en 1936. Bush hijo, vino – pero no en visita oficial – a sepultar el ALCA en Mar del Plata, y varios de los que festejaban a su progenitor ya vestían de antiimperialistas. Pueden cambiar tantas veces como sea necesario, la política y la economía argentina son recurrentes.

Obama, en retirada de su gobierno, al llegar en esta fecha a Buenos Aires obligó Mauricio Macri a verbalizar una condena del terrorismo de Estado y una visita al museo de la Memoria, que nunca hizo. Al mismo tiempo Obama se comprometió a poner a la luz pública los archivos militares y del Departamento de Estado sobre la dictadura argentina, en paralelo con una similar decisión del Vaticano. Sabemos que las palabras pueden ser malversadas y que existen las operaciones para mejorar la imagen de los políticos, pero estos gestos no son gratuitos y deben ser contabilizados en el haber de los Derechos Humanos.

Obviamente será interesante revisar los archivos que quieran abrir tanto el Vaticano como el Departamento de Estado, pero no vamos a encontrar mucho más de lo que ya sabemos. No van a dar el nombre de sus agentes y cuánto pagaron a cada cual y difícilmente nos digan quien guardó la lista con el destino de los desaparecidos ni quien se robó los bebés nacidos en cautiverio.

La geopolítica de Washington definió muy tempranamente América Latina como su espacio vital y en esa estrategia fue desplazando comercial y financieramente a Gran Bretaña mientras intervenía en todos los golpes o confrontaciones sociales y políticas de la región. Acentuada luego por la existencia de Cuba y la Guerra Fría.

Pero en el golpe del 24 de marzo de 1976 no fue necesaria la intervención abierta del Departamento de Estado y de la CIA, como sí se registró en Chile desde el mismo momento en que las encuestas daban como posible un gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular.

El golpe más anunciado de la historia argentina

Los militares asumieron el 24 de marzo de 1976, pero vale preguntarse si en realidad el golpe no se fue consumando antes, como un ejercicio de aproximación sucesiva. Por ejemplo, desde los trágicos sucesos de Ezeiza, el 20 de junio de 1973.

Luego vino el derrocamiento del presidente Héctor Cámpora, disfrazado como renunciamiento; la payasada del interregno del yerno de José López Rega, Raúl Lastiri y la elección de Perón. Una vez en el gobierno, Perón da numerosas señales hacia dónde apunta. Entre ellas, se destacan las dos veces que se reunió con el dictador Pinochet, repudiado entonces por todo el mundo, menos para Estados Unidos. Y ya enfermo, casi al borde de la muerte, viaja a Asunción dar un abrazo a su viejo amigo, el dictador Alfredo Stroessner. En estos encuentros se habría comenzado a diseñar el Plan Cóndor, según varias fuentes.

Poco tiempo después de la muerte de Perón, el golpe ya era parte de los comentarios habituales. Hasta que llegó el momento en que el entonces comandante del Ejército, Jorge Rafael Videla, hablando públicamente en nombre de las Fuerzas Armadas, le puso fecha: advirtió que le daban 90 días al gobierno para rectificar el rumbo. El plazo se cumplía a última hora del 23 de marzo.

La inolvidable periodista y amiga, Susana Viau, entrevistó hacen 20 años al general Rodolfo Mujica. Había llegado al generalato con 46 años y fue, en 1975, comandante de la Brigada de Tropas Aerotransportadas y luego director de la Escuela Superior de Guerra. Pasó a retiro en noviembre 1976, junto al general José Buaso, por ser los únicos oficiales del Estado Mayor que se opusieron a la represión ilegal. “Algún día nos van a pedir cuentas por esto”,advirtió, el 7 de julio de 1976, en una reunión del Comando en Jefe del Ejército, presidida por Jorge Rafael Videla y Roberto Viola y de la que participaban 16 generales; fue su despedida, según Mujica contó a Viau.

SV -¿Siempre consideraron inevitable el golpe?

RM -Los generales habíamos barajado tres variantes: una, la salida constitucional, con Lúder, en la que confiábamos; la otra, la bordaberrización con Isabel, que aunque se mostraba factible no me parecía justa. Un hombre es o no es presidente. Me resultaba indigno de un militar usar un títere para gobernar sin poner la cara. La última era un golpe de Estado. (…) A este golpe se llegó hasta sin ganas de golpear. Algunos de nosotros, el general Viola, el general Videla, el coronel Villarreal, el coronel Reston y yo mismo nos reuníamos hasta con Ricardo Balbín para hablar del país. Opinaba que “esa mujer no está en condiciones de gobernar”, aunque admitía que dentro de su propio partido había un sector, al que llamaba “los zurditos”, que no compartía esa posición. Había que garantizar el orden.

SV- Llevarse por delante la ley para reinstalar la ley…

RM- Siempre que hubo un movimiento revolucionario, con razón o sin ella, se esgrimió el mismo argumento. Siempre fue para salvar la democracia, cosa simpatiquísima, que cada uno interpreta como quiere. “Vulnero la democracia para salvar la democracia”, “vulnero el orden constitucional en bien de la Constitución”. Tenga por seguro que si mañana hay que salir a defender mercaditos, a controlar el caos, a frenar la entrada de un país extranjero, el orden constitucional, aunque sea yo el presidente – lo que no puedo ni quiero – se va a subvertir. Porque hay cosas que superan lo escrito y el argumento va a ser siempre el bien de la patria”. (Página 12, 24 de marzo de 1996).

Al comenzar marzo de 1976, Isabel estaba en su laberinto, asesorada por personajes como el intendente de Avellaneda, Herminio Iglesias. Confiaba en un plan de ajuste diseñado por su ministro de Economía, Emilio Mondelli. El 8 de marzo, Herminio, como vocero de la presidenta, expresaba a la revistaCuestionario que las medias adoptadas por el ministro Mondelli eran idénticas a las que preparaban los militares, quienes se quedarían así, sin plan económico. “A las Fuerzas Armadas – según Isabel – les conviene que sea el gobierno popular quien absorba el impacto de semejantes medidas. El golpe va a quedar frenado – aseguró – y si ganamos un mes, entonces vamos a llegar a las elecciones. Por dos cosas: una, porque yo no voy a ser candidata; dos, porque el candidato no va a ser peronista. Va a ser un hombre de mucho prestigio internacional, que va a venir del extranjero”. El candidato era por todos conocidos: el mendocino Alejandro Orfila, secretario general de la OEA, que era y siguió siendo por varios años un hombre del Departamento de Estado. En octubre correspondía llamar a elecciones y Orfila bien podía garantizar una salida política, complaciente con Washington y hasta compartida, entre otros, por el padre del neoliberalismo en el Río de la Plata, Álvaro Alsogaray, que estaba, contra el golpe.

Pero si algo faltaba para confirmar ese extravío, esa falta de visión política que afecta a los políticos argentinos de todos los signos, vale detenerse en la entrevista de Gabriel García Márquez a Mario Firmenich, publicada en la revista italiana L´ Espresso el 17 de abril de 1977.

“La junta militar presidida por el general Jorge Videla hace ya un año que está en el poder”, le digo. “Mi impresión personal es que este lapso de tiempo le bastó para exterminar a la resistencia armada. Ahora ustedes los montoneros no tienen nada que hacer, al menos en el terreno militar. Están despachados”.

Mario Firmenich no pierde la compostura. Su respuesta es seca e inmediata. “Desde octubre de 1975, cuando todavía Isabelita Perón estaba en el gobierno, ya sabíamos que en un año habría golpe. No hicimos nada para impedirlo porque, en definitiva, también el golpe formaba parte de la lucha interna del movimiento peronista. Pero hicimos nuestros cálculos, cálculos de guerra, y nos preparamos para sufrir, en el primer año, un número de bajas humanas no inferiores a 1.500 unidades. Nuestra cuenta era ésta: si lográbamos no superar este nivel de pérdidas, podíamos tener la seguridad de que, tarde o temprano, venceríamos. ¿Y qué pasó? Pasó que nuestras bajas fueron inferiores a lo previsto. En cambio, la dictadura perdió aliento, ya no tiene salida, mientras nosotros gozamos de un gran prestigio entre las masas y somos en Argentina la opción política más segura para el futuro inmediato”.

El golpe tuvo consenso

Durante mucho tiempo una franja muy amplia del activismo, alentada por la miopía de los mariscales de la derrota, se negó aceptar que el golpe tuvo un amplio consenso social. El mismo rechazo obtuvo la conclusión de que estábamos frente a una ola de reflujo del período que se había abierto en América Latina con la Revolución Cubana, el mayo del 68, el triunfo de Allende, el Cordobazo y tantos otros acontecimientos, que parecían anunciar que nada podría detener el progreso o la revolución social. Y que ese reflujo tenía explicaciones profundas económicas y políticas, que no vamos a detallar aquí.

No hablemos de la prensa del establishment que festejó el golpe, sino de medios como el Buenos Aires Herald, cuyo director, Robert Cox, se jugó la vida denunciando desaparecidos. En su primer editorial tras el golpe sostiene que por fin se ha puesto término a un vacío de poder y da un mensaje esperanzador.

El comunicado oficial del Partido Comunista fue más lejos:

“Ayer 24 de Marzo, las FF.AA. depusieron a la presidenta María E. Martínez, reemplazándola por una Junta Militar integrada por los comandantes de las tres armas. No fue un suceso inesperado. La situación había llegado a un límite extremo "que agravia a la Nación y compromete su futuro", como dice en uno de los comunicados de las FF.AA. Cargan por esta situación, inmensa responsabilidad el lopezrreguismo reaccionario y su protectora María E. Martínez, que habían pisoteado el programa por el cual había votado el pueblo en 1973, y que en la etapa anterior había empezado, aunque con timidez e inconsecuencias, a realizarse. (…) En víspera de los dramáticos sucesos del 24, bandas fascistas impunes asolaron con sus crímenes el país. La muerte rondaba las calles y caminos, fabricas, universidades, hospitales; penetraba en la intimidad de los hogares. Nunca se había visto en nuestro país nada tan cruel. El P.C. siempre se pronunció contra los golpes de estado. La experiencia indica que desde 1930 los golpes de estado tuvieron por objeto defender el latifundio improductivo y aumentar el grado de dependencia del país. Esta vez, ¿se romperá esa nefasta tradición? El PC está convencido de que no ha sido el golpe de Estado del 24 el método más idóneo para resolver la profunda crisis política y económica, cultural y moral. Pero estamos ante una nueva realidad. Estamos ante el caso de juzgar los hechos como ellos son. Nos atendremos a los hechos y a nuestra forma de juzgarlos; su confrontación con las palabras y promesas. Los actores de los sucesos del 24 expusieron en sus primeros documentos sus objetivos, que podríamos resumir de la siguiente manera: “... Fidelidad a la democracia representativa con justicia social; revitalización de las instituciones constitucionales; reafirmación del papel del control del Estado sobre aquellas ramas de la economía que hacen al desarrollo y a la defensa nacional, defensa de la capacidad de decisión nacional...”. El P.C., aunque no comparte todos los puntos de vista expresados en los documentos oficiales, no podría estar en desacuerdo con tales enunciados, pues coinciden con puntos de su programa, que se propone el desarrollo con independencia económica; la seguridad con capacidad nacional de decisión, soberanía y justicia social”.

Este apoyo inicial, que se podría explicar por el terror impuesto por la Triple A y otras bandas paramilitares (Comando de Organización, Libertadores de América, etc.), por la implacable persecución, encarcelamiento y asesinato de dirigentes sindicales clasistas o independientes de la burocracia sindical, además de una gran dosis de ingenuidad por considerar que Videla le pondría fin al caos; el PC extendió durante mucho tiempo su carta de crédito, cuando ya se sabía lo de los desaparecidos y la política económica de Martínez de Hoz, con todas sus consecuencias. Apoyo que llevó a organizar una gira internacional de sus principales dirigentes explicando que las denuncias de los enviados de Carter eran una patraña del imperialismo. Ciertamente, la URSS era el principal cliente a las exportaciones argentinas, un negocio que continuó más allá de Carter, cuando ya militares argentinos colaboraban en el aplastamiento de las guerrillas en Centro América. En 1982, la aventura absurda de Galtieri, concitó no sólo la adhesión del PC sino de la mayoría de la izquierda y la clase política, que llenó las plazas de entusiasmo. Los que pusieron la vida, sin embargo, fueron los miles chicos mal entrenados, mal alimentados y maltratados. Pero no carguemos sólo al PC, con sus pecados en dictadura. Américo Ghioldi, el líder del Partido Socialista democrático fue designado embajador de la dictadura en Portugal. Habiendo trascurrido ya algunos años, todavía en 1981, La Vanguardia, el periódico del PSD, que sólo conservaba el nombre de las glorias de su pasado, afirmaba: “Más allá de los errores evidentes, Videla presidente de paz y de la paz, energía callada templada por la virtud, protagoniza la primera etapa del proceso, consistente en afianzarlo y prevenir retornos retrógrados”.

Del otro sector del PS también hubo esmero para la causa. Dos de sus dirigentes fueron a la Internacional Socialista a denunciar la campaña “antiargentina”, y fue Willy Brandt quién los desenmascaró al enterarse de que los pasajes de los delegados habían sido pagados por el ministro del Interior de la dictadura, general Albano Harguindeguy.

En 1979, en la avenida de Mayo se formó una larga fila de temerosos denunciantes para entrevistarse con la delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y contar lo les había pasado o lo que habían visto. Una caravana de camiones y colectivos que gritaban “Argentina, Argentina” los intimidaba. Habían sido alentados desde un programa radial de alta audiencia que transmitía el triunfo de la selección juvenil de fútbol en Japón. Otro de los logros, tras el Mundial de 1978 que cimentaban la popularidad y el intento de perpetuarse del régimen militar. En ese momento, para la Asociación de Medios del Interior (ADIRA) la gestión de Patricia Derian, era una injerencia en los asuntos internos del país. La misma ADIRA, que congregaba a los diarios y radios del interior del país – no a las grandes empresas capitalinas – presidida por José Antonio Romero Feris, director del diario correntino El Liberal (luego gobernador de Corrientes entre 1983-1987, por el Pacto Autonomista-Liberal), también acusó de intervencionista en las cuestiones argentinas a la delegación de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), que vino a reclamar por la libertad de expresión y particularmente por la libertad de Jacobo Timerman, fundador y director del diario La Opinión, incautado por el régimen militar.

Timerman había lanzado un vespertino, La Tarde - dirigido por su hijo Héctor, hasta hace poco canciller de Cristina Kirchner - que apoyaba abiertamente el golpe. Héctor frecuentaba la casa Rosada y circulan fotografías cenando con Videla. El idilio terminó cuando los militares secuestraron, torturaron y casi matan a Jacobo, quedándose con todos sus bienes.

Por el lado de la burocracia sindical peronista los aplausos a la dictadura no eran menos entusiastas. La Federación de Empleados de Comercio publicó en 1979 una muy visible solicitada en los principales diarios nacional para conmemorar el día de la Lealtad, donde luego de resaltar el significado de la gesta señalaba:

“El 17 de octubre de 1945, los trabajadores argentinos enarbolaron para siempre la bandera nacional, dieron la espalda a todos los internacionalismos y abrazaron una doctrina que es la verdadera base de la paz social argentina. (…)

La doctrina cristiana, los valores humanistas universales, el concepto de soberanía nacional, el fortalecimiento y no la destrucción de estructura productiva del país, la complementación del Estado en la protección de la salud, la vivienda digna, la recreación y el turismo social, en lugar del irreconciliable enfrentamiento; la conciliación y no la lucha de clases; la defensa apasionada de la empresa nacional contra la competencia extraña, y no la destrucción de la vida empresaria; son ideas fuerzas fundamentales que se incorporaron al patrimonio cultural de la Nación y motivaron a la mayoría del pueblo.

Dilapidar ese patrimonio por resentimiento, sería simplemente suicida.

Desde esta perspectiva histórica estamos dispuestos a reconstruir el país, al que queremos apasionadamente. Por él hemos realizado ingentes sacrificios sin recompensa ni reconocimiento, por él se ha vertido la sangre de cientos de mártires sindicales cuyos pechos fueron valla contra todo tipo de subversión, por él hemos olvidado tantos gratuitos agravios a nuestra dignidad y a nuestros más legítimos derechos”.

A esa altura, mientras algunos dirigentes sindicales estaban en las cárceles de la dictadura, como el metalúrgico Lorenzo Miguel, otros trabajaban para el proyecto del almirante Emilio Eduardo Massera, en sus sueños de un movimiento para ser un nuevo Perón.

Con esta recorrida de avales y otros que podrían abrumar páginas y páginas, la palmadita de Henry Kissinger al vicealmirante César Guzzetti, cuando le dijo en octubre de 1976 en el Waldorf Astoria de Nueva York, “lo que tengan que hacer háganlo rápido”, agregando “tengo un punto de vista anticuado, según el cual los amigos deben ser apoyados. Lo que no se entiende en Estados Unidos es que ustedes enfrentan una guerra civil”, sumó pero no fue determinante.

(*) Carlos Abel Suárez. Periodista mendocino. Miembro del comité de redacción de SinPermiso.info.

Opiniones (5)
26 de abril de 2018 | 19:11
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26 de abril de 2018 | 19:11
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  1. Pinkerton, lo tuyo, como siempre, muy bueno.- Idem los demás foristas.-
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  2. Una media verdad, es lo mismo que una media mentira.- Una verdad entera, es muy distinto a una mentira entera.- Mientras se siga fomentado el "relato" parcial, se seguirá en la media verdad/mentira y los jovenes seguirán engañados.- De todas manera: "Se puede mentir mucho, a poca gente, poco tiempo; Se puede mentir poco a mucha gente, mucho tiempo; pero no se puede, mentir mucho, a mucha gente, mucho tiempo".- La verdad se conocerá y vendrán los juicios alos delincuentes que hasta hoy estan en puestos politicos y otros que estan escondidos, la mayoria ricos por las indemnizaciones pagadas como si fueran héroes.- Tod mientras a los chicos ded Malvinas los cagan de hambre.- Otra verguenza que averguenza.-
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  3. Un largo escrito que intencionadamente ( es muy evidente ) describe los años 73 al 76 y posteriores evitando hacer la mas minima referencia a lo que fue el catalizador de todos los hechos que describe, la accion de la guerrilla apatrida y sus ataques constantes y generalizados por la via de asaltos a bancos e instituciones, atentados con bombas, asesinatos, secuestros y cuanta accion delincuencial puede imaginarse, lo cual fue el motivo, al menos en parte, de la triple A, el derrumbamiento de Isabel y el golpe, nada de eso se hubiera producido sin la accion armada del terrorismo que a su propio decir, buscaba imponernos una dictadura comunista a fuerza de balazos y bombas: Hoy aquel recuerdo vivido parece haber producido una amnesia colectiva en casi todos los argentinos o al menos un alto nivel de hipocresia descarada en personas como este señor Suarez al que puede reprocharsele sobre manera ya que por edad segun la foto, vivio esa epoca, DIRIA, NOTA DESCARTABLE POR LO TENDENCIOSA E INOBJETIVA.
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  4. La nota es excelente. La leí dos veces, con un intermezzo de varias horas para meditarla mejor. Obviamente, no estoy de acuerdo en un 100 por ciento, no puedo estarlo, pero eso me parece lo de menos ya que es inevitable. Destaco el esfuerzo periodístico, bastante recompensado por el resultado, de transitar sin desvíos esa delgada línea de la verdad casi perdida en una enorme, descomunal, maraña de mentiras. Lo que le falta a esta horrible historia es tiempo, nada menos. Perspectiva histórica para que la mentira vaya cediendo a medida que cedan los intereses que las impulsan y las sostienen. Las generaciones futuras podrán ir viéndolo más claro. Por ahora, todo intento esclarecedor, por muy logrado que fuere, suscitará reacciones violentas desde una u otra perspectiva o de ambas. Ya se vislumbran algunas en los comentarios precedentes. Deseo agregar que el golpe del '76 y todo el proceso que siguió no fueron hechos aislados, obviamente que no, fueron solo un suceso más en una larga cadena de violencia que empezó unos 20 años antes y que se mantuvo con regularidad pasando por periodos más o menos intensos (los primeros atentados con muertos fueron bajo el Gobierno de Frondizi). Los que lo vivimos recordamos muchos más hechos significativos, pero creo que esta nota es un gran y meritorio aporte. He aprendido cosas que ignoraba. Felicitaciones. Solo agregaría un comentario más, que no puedo negar que me repugna pero me parece necesario: Con todo lo horrible que fue ese periodo, decir que fue "el peor de la historia" parece ser solamente desconocimiento de nuestra triste historia. Se cuentan en ella muchos periodos de sangre desgraciadamente tan o más terribles que éste y algunos de ellos mucho más largos. Saludos
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  5. A medida que pasa el tiempo, ganan los que hicieron todo mal y cuentan la historia al revés. A esta altura, no importa. Es más, cada vez que pueden, le dan un vuelta de tuerca a la mentira que ya a esta altura, es patética. No había madre que no supiera lo que hacía su hijo, como estos tiempos actuales; ni padre que no hubiera desistido de ese/a hijo/a al saberlo guerrillero-montonero . Los demás, sabían lo que sucedía, es más, cuando la bajaron a la Isabel, todos festejaron que cayera junto a su brujo, tal como ahora se siente alivio de no ver más a la enferma por cadena nacional ni destrozando el país. Ahora, se cuenta un cuento, que lo creen los jóvenes de hoy, que ni siquiera servirían para guerrilleros desaparecidos. Recomiendo ver la película "Infancia Clandestina". Allí se puede apreciar lo que les importaban los hijos guerrilleros a los padres y madres y su complicidad, y los hijos a los guerrilleros, incluso cómo les arruinaron la vida a esos hijos que algunos tuvieron la suerte de encontrar familia nueva, aunque por suerte para ellos de distinta genética.
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