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La "utilidad" del papa Francisco, a tres años de su elección

Todos se lo disputan. Todos creen que o los apoya o los combate. Todos hablan del papa Francisco y ese era el objetivo, el único.

 Hace tres años un cardenal proveniente del "fin del mundo" era consagrado como pontífice de la Iglesia Católica y ascendía a uno de los puestos de liderazgo político y social más relevantes del planeta. Jorge Mario Bergoglio era elegido como papa Francisco en el Vaticano y otro argentino, Guillermo Karcher, allí desde los tiempos de Juan Pablo II, ahora santo de la Iglesia, lo acompañó al balcón. Se mostró por primera vez sin los oros y lujos acostumbrados y lo acompañó un humilde crucifijo. Nacía un nuevo papado, un nuevo estilo, una nueva época pero, fundamentalmente, renacía la esperanza del catolicismo por subsistir.

Acostumbrados a un Bergoglio "utilitario", al que podemos poner más a la izquierda o a la derecha de las ideas, de acuerdo a nuestro propio interés del momento, pocos recuerdan que el caos interno que vivía la Iglesia hace tan solo tres años alejaba a los fieles y quebraba las "vocaciones" para integrarse a sus filas. De medio millón de religiosos esparcidos por más de 100 países, unos 10 mil sostienen juicios o acusaciones de abuso sexual y prácticas reñidas no solo con las que deberían ser sus propias convicciones, sino con los derechos humanos y las legislaciones nacionales. Ya no se trataba tan solo de las élites que respaldaban a gobiernos impopulares o autoritarios, sino de un reguero de curas esparcido por todo el mundo que dejaba a todo ese sistema de creencias con dos mil años de antigüedad al borde del abismo, debido a la perversión y el uso del secretismo como método de dominación hacia adentro y hacia afuera de la Iglesia.

Pocos recuerdan también ahora, mientras tironean de este hombre de casi 80 años para mostrarlo a su favor o achacarle desinterés en tal o cual cuestión puntual y local, que su antecesor, el antipático teólogo alemán Josef Ratzinger, Benedicto XVI, no murió y fue el primer pontífice en 500 años en renunciar. Tan grave era la crisis interna que se llegó a eso. Muchos sostienen todavía -cuando el conflicto está caliente por dentro, pero apaciguado por la luminosidad de la imagen del papa argentino por fuera- que "tuvo" que resignar el papado para generar un terremoto que marcara una bisagra en el tiempo a raíz de los escándalos, desobediencias y hasta la pudrición de las cúpulas y jerarquías.

Francisco llegó con sus gestos y el freno a la sangría católica en el mundo se frenó de inmediato. De hecho, le quitó poder a la vieja Europa, culpable en gran medida no solo de los hechos sino de los silencios y mutiplicó su figura con la designación en elevados cargos de hombres similares a él en África, Asia y, obviamente, en "su" Latinoamérica.

¿Le importa en verdad al papa Francisco ser de derecha o izquierda, ser disputado por Cristina y Macri en su país, por los conservadores y progresistas adentro y afuera de las murallas del Vaticano? La cuestión, en realidad, parece ser muy otra: si Francisco no hace lo que está haciendo, si no hubiera abierto los brazos hacia ambos lados en forma alternada, ya no el futuro, sino el presente de la Iglesia sería noticia diaria en los tabloides amarillistas y en la sección policial de los diarios.

Su misión no es otra que detener la caída de la Iglesia Católica y, en simultáneo, motivar un proceso de inercia que permita sumar, avanzar, seguir existiendo. Se trata de una actualización cultural que, tratándose del Vaticano, puede confundirse con una "revolución" debido a que tal dosis de oxígeno, de aire foráneo en esas catacumbas ideológicas, resultan algo muy extraño y en determinados recovecos en donde todavía no llega la mano de Bergoglio, algo muy ajeno.

¿Por qué el papa Francisco se deja usar? Se lo llama "peronista", el filósofo Gianni Vattimo lo indicó como parte del "chavismo latinoamericano que llega a Europa", en diálogo con MDZ y en otras nota de este medio, pensadores como Enrique Krauze dijeron todo lo contrario, "un libertario"; y representantes de la Secretaría de Estado de EEUU lo tildaron de "fundamental" para el acercamiento con Cuba. En MDZ, hasta los hijos del Che Guevara felicitaron su participación en las negociaciones y luego, país por país, la derecha o la izquierda, los "curas del Tercer Mundo" o del Opus Dei lo reivindican como cercano y propio. Francisco hizo que tanto Juan XXIII como Juan Pablo II, de uno y otro extremo de las ideas dentro de la Iglesia y en su comprensión del mundo, fueran canonizados. Y lo hizo con los dos a la vez.

Se deja usar, entonces, si cabe el verbo -y sin ninguna intención de ofensa- porque todos son necesarios en el único proyecto que lo ocupa y que no pudo cumplir su antecesor, a pesar de tratarse de uno de los intelectuales europeos más importantes del siglo pasado. Bergoglio, Francisco, tiene la "viveza criolla" suficiente para que hoy, a tres años de su designación como "papa bisagra" de la Iglesia Católica, hayamos olvidado los escándalos sobre los que navegaba turbulentamente Benedicto XVI.

Qué le importa a Francisco que se discuta en su nombre, siempre que termine por ser invocado una y otra vez, días tras día y eso, a la vez, le de existencia vívida a su Iglesia.

Lo está logrando, a todas luces, porque no hay nadie que no hable, bien o mal, para abrazarlo o acusarlo, de él y con él, de su "gestión" papal, de su Iglesia. Pero ese es otro análisis: para qué, por qué, con quiénes debe (o no) seguir vivo el Catolicismo.


Opiniones (3)
16 de agosto de 2018 | 19:00
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16 de agosto de 2018 | 19:00
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  1. pepita según vos macri es bueno a pesar de tener como 250 causas... y el "PAPA" es un caradura? Bien lo tuyo, jajajaja
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  2. Otro caradura...
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  3. Huele a podrido ...igual....con olor a demagogia barata y a que hay un poder muy lejos del Dios humde y misericordioso....al.que le conviene este Papa...tan tan astuto....tan preciso para que la iglesia hambrienta de.poder aumente sus clientes.....digo, sus fieles ...
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