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Imaginemos

Imaginemos

 Imaginemos por un momento que un nuevo régimen de gobierno liderado exclusivamente por hombres se instalara en la Argentina.

Imaginemos que este tribunal de hombres nos encontrara culpables y nuestra sentencia fuera prisión domiciliaria de por vida. Que nos autorizaran alguna que otra salida transitoria de la mano de nuestro guardia carcelero: un hombre. Que se nos obligara a usar un uniforme carcelario que tapara todo nuestro cuerpo y sólo dejara ver nuestros ojos.Según esta nueva concepción, naceríamos impuras, por lo que antes de la pubertad un desconocido mutilaría nuestros genitales, sin anestesia y con tijeras, en un dormitorio de nuestra cárcel. Estudiar, opinar, reclamar serían actos condenados con la pena de muerte.El delito: nacer mujer.

Nada de esto ocurre en Argentina, pero sí pasa en otras partes del mundo. AyaanHirsiAli nació en Mogadiscio, Somalía. De niña le fue negado sonreír, mirar a los ojos y jugar. La obligaban a tapar su cuerpo y a cruzar las piernas. A los 5 años en el dormitorio de su abuela fue “purificada” por un desconocido con tijeras y sin anestesia. Su educación se restringió al estudio del Corán. Cualquier cuestionamiento era castigado con azotes. Un día un profesor le fracturó el cráneo.

Su padre decidiría con quién ella se casaría y de ahí en más se le exigiría fidelidad para con su desconocido esposo y jamás podría llamarlo por su nombre, solo “rajel”: mi señor. De quedar viuda o ser abandonada por su esposo, sus actividades sexuales serían “controladas” por sus hijos o su suegro.

Ayaan escapó a Holanda.Estudió Ciencias Políticas, trabajó como traductora y trabajadora social. Habla seis idiomas. Fue diputada del parlamento holandés. Ha escrito cinco libros. Tras recibir amenazas de muerte, se mudó a Nueva Yorkdonde hoy vive con su marido, su hijo, guardaespaldas y la constante amenaza de ataques terroristas en su contra.

MalalaYousafzai ganó el Premio Nobel de la Paz en 2014, con 17 años se convirtió en la persona más joven en ganar ese premio. Malala nació en el valle de Swat, Paquistán. Tenía 15 años cuando el régimen talibán le disparó en la cara en el ómnibus que la llevaba al colegio. El motivo del atentado: Malala había levantado la voz en reclamo por el derecho a la educación de la mujer.

Malala sobrevivió al ataque, pero perdió la capacidad auditiva y la movilidad facial del lado izquierdo. Hoy vive en Inglaterra junto con su familia y viaja por todo el mundo en defensa por los derechos de las mujeres. En una entrega de premios en España dijo: "Teníamos dos opciones, estar calladas y morir o hablar y morir, y decidimos hablar".

Historias como la deAyaan y Malala, quienes se abrieron camino en las condiciones más extremas, demuestran que la mujer no es vulnerable, ni debe ser considerada por la sociedad como tal.

Por más tratados internacionales que suscribamos, por más leyes que resguarden nuestros derechos, se requiere de un cambio de percepción por parte de la sociedad, que sigue viendo en la mujer un ser frágil, vulnerable, que necesita ser sobreprotegido. Ello nace de la idea de que no podemos hacerlo nosotras mismas. La ley deviene entonces en letra muerta, en un mero catálogo de buenas intenciones.

En Argentina tenemoseducación, libertad de pensamiento, derechos civiles y políticos, trabajo. Pero aún queda mucho por hacer y parte de la falencias del sistema actual surgen, como expresó Malala en una entrevista en TheDaily Show, “por no aprender la importancia de nada hasta que se nos arrebata algo de nuestras manos”.

Como sociedad seguimos empleando frases ofensivas, que disminuyen, que discriminan e invalidan. Frases que de tanto repetirlas se han vuelto peligrosas, porque se han vuelto comunes.

Tras su recuperación, Malala dijo ante la Asamblea de la ONU: “Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo. La educación es la única solución”. Inculquemos entonces a las nuevas generaciones la importancia de aquellos derechos que tenemos, su defensa y desarrollo.Fomentemos tanto en niños como en niñas el valor que yace en el potencial de su persona y de sus conocimientos.

(*) Jimena Travieso. Abogada, magíster en Periodismo, directora del área de Libertad de Expresión del Centro Latinoamericano de Derechos Humanos - CLADH.

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24 de mayo de 2018 | 02:18
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