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La crítica: Una Vendimia "sale con fritas" que atrasa 80 años

El espectáculo escrito y dirigido por Alejandro Grigor acumuló gran cantidad de lugares comunes en una puesta desganada y carente de ritmo. El oficio de los artistas y la calidad musical de "Paito" Figueroa entre los aspectos rescatables.

La crítica: Una Vendimia sale con fritas que atrasa 80 años

A esta altura, cuando hablamos del Acto Central de la Vendimia, es muy importante distinguir los conceptos "convención" y "lugar común". Se sabe que la fiesta mayor de los mendocinos está construida alrededor de un puñado de temas infaltables: la Virgen de la Carrodilla, San Martín, los huarpes y los inmigrantes; son algunos de los tópicos que nunca faltan en la gran noche del Frank Romero Day. Resulta difícil, y en algún punto innecesario, reclamar mayor audacia en los acontecimientos que narra año a año este espectáculo. En algunas ocasiones, ha quedado muy claro que basta con resignificar creativamente las convenciones, para así transformarlas en un renovado hecho artístico.

El mayor problema de Vendimia de la identidad, es que más allá de que el texto y la puesta de Alejandro Grigor no están planteados en términos de osadía, tampoco logran salir del territorio de la alusión mecánica. En esta propuesta no hay una resignificación de la convención, hay simplemente una acumulación de lugares comunes. Los cuadros se suceden sin fluidez ni nervio creativo, son despachados serialmente en una suerte de "sale con fritas" vendimial.

Con un relato guiado por la voz del Tiempo, el espectáculo nos lleva alrededor de diferentes etapas de la historia mendocina. Ese devenir representado en un aparatoso eslabón realizado en utilería, inicia un despliegue de postales en las que no se le da mayor entidad a ningún personaje. Las escenas transcurren con uno que otro sube y baja, alcanzando algunos momentos de emoción gracias al notable trabajo de la banda de músicos comandados por el gran "Paito" Figueroa. Más allá de que algunos puedan objetar las mixturas de estilos en cada fragmento del espectáculo, el combo suena compacto y ajustado, a la vez que aporta una necesaria cuota de dinamismo que contrasta con todo lo que desfila morosamente sobre el escenario.

La importancia del timing en un show de estas características no es un asunto menor. La configuración del ritmo no consiste solamente en una rápida sucesión de cuadros, sino en saber balancear tiempos, recursos escénicos y caudal emotivo. En Vendimia de la identidad todas esas coordenadas parecen estar planas. Su cadencia pausada y estirada, se ve remarcada por varios momentos con el escenario demasiado vacío. En tanto que a nivel de golpe de efecto, el uso de acrobacias aéreas con artistas colgados de una estructura que pende de una gigantesca grúa, no demora en agotar su sorpresa cuando es reiterado sistemáticamente a lo largo del espectáculo.

Acto central Vendimia 2016 54

Otro punto cuestionable reside en la concepción escenográfica de Israel Pérez Hugas. El año pasado el escenario fue moldeado armónicamente con cálidas texturas de madera. Esta vez la propuesta remite a cierta frialdad, potenciada por el desatinado uso de los hilos de luz colocados en la escalera principal, la rampa y en algunos otros sectores. El lucimiento en escena de la banda de músicos tampoco se vio lo suficientemente realzado en el espacio, y el tradicional pequeño espejo de agua fue parcialmente ocupado por unos cubos cubiertos con telas tenzadas, que poco aportaron al brillo de la puesta.

Acto central Vendimia 2016 62

Las visuales proyectadas volvieron este año a transformarse en un enorme despropósito, con pobres animaciones dignas de alguna técnica noventera. La menos inspirada es sin dudas la del cuadro industrial, en la que unos toscos engranajes giran en pantalla mientras bailarines contemporáneos salvan el asunto con una performance que incluye potentes acrobacias break dance. Solo se salvó de la debacle visual, el efecto de holograma sobre rocío de agua, punto a favor del iluminador y responsable de efectos especiales Mariano Velasco.

A diferencia de otras puestas vendimiales, en términos generales los cuadros de la era actual salieron aquí bastante airosos. A excepción del medley de canciones icónicas del rock nacional, en las que un fuera de tono Nito Mestre destruyó fragmentos de títulos como Seminare, Puente, Seguir viviendo sin tu amor y No llores por mí, Argentina. Más allá de su entidad como gran mito rockero, su frágil voz ofreció un desfavorable contraste con los poderosos registros de los restantes vocalistas.

Como siempre, todo llega a su fin. Y cuando Vendimia de la identidad cierra con el tradicional malambo, queda flotando la idea de un déjà vu cíclico que se repite año a año. La sensación de un tiempo sin tiempo. La constatación de que aún con 80 años de historia, la gran fiesta mendocina sigue acusando los vicios de sus desgastadas metáforas. Y algo que sin dudas no da para más: esas voces en off de actores y locutores imprimiéndole a cada frase una emoción exagerada, como si estuvieran eternamente atrapados en un spot de Balbi Funcional. Un espectáculo que no se actualiza. Un museo mastodóntico que siempre expone el mismo añejo grano de uva. 

Opiniones (61)
25 de junio de 2018 | 13:52
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25 de junio de 2018 | 13:52
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  1. creo que lo explicado por el señor zalazar esta en lo cierto,no se le puede agregar mucho,pero mi pregunta es,que pasa no hacen casting para buscar al cantantes que nos pueda dejar un poco mejor, que los que estuvieron, no tanto por lo de folclore,yo apunto al señor que canto tango,por favor es muy malo canto tinta roja y lo destrozo al tango,no creemos que para semejante espectáculo hay que buscar las mejores voces,para que la provincia hubiera quedado mejor parada,todos sabemos que una persona no salva nada,pero si puede dejar algo mal parado la calidad de cantantes que tiene la provincia,y por lo tanto al escenario central y una fiesta de tal magnitud tienen que estar los mejores.SEÑORES DE CULTURA SE PODRÍA VER ECHO UN BUEN CASTING,ASI COMO LO HACEN CON LOS BAILARINES.
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  2. Buenaassss...¿Se puede?...ya que todos tienen excelentes ideas criticando...¿Por qué no se unen y hacen ustedes el próximo libreto de la Fiesta?...tienen un año para organizarse...no se...digo nomas...
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  3. jcglsl6 de Marzo de 2016 | 19:08 El problema de la fiesta, no escapa a lo que es todo el resto del tema turismo y del mendocino. Mendoza ya ni siquiera es conservadora, ya llegó para quedarse la mediocridad más llana y se instaló definitivamente. Pueden guardar los carros vendimiales y desempolvarlos al año siguiente sin retoque alguno, como los artistas y el guión de la fiesta y, habrá por décadas quien vaya gustoso a ver los mismos carros, los mismos guiones y hasta el mismo estiércol que pisan cuando pasan los carros y grupos caminando. Es algo que al mendocino le gusta, como ver mil veces el mismo programa de TV. El mendocino es así, y por ello, la provincia y sus departamentos siguen en la misma. Carros sin creatividad; pobrísimos por donde se los analice; mezcla de gente que no tiene nada que ver con la cosecha tanto en la fiesta como en el carrusel; politizada como si no tuviéramos ya suficiente con los paros y con tener que votar hasta cinco o seis veces en menos de dos años; gente en el escenario que está tan lejos de ser artista o bailarín como cualquiera de ser astronauta; libretos que mezclan lo autóctono con lo extranjero confundiendo al mejor de las raíces nuestras y ajenas; conductas de los Huarpes plasmadas en sus bailes como si hubieran sido así (muy lejos de lo que realmente fueron); gente bailando que más parece traída de Woodstock que de un grupo de danza serio; en fin... un rejunte ni siquiera poco feliz, más bien desgraciado de elementos que no llegan a lo artístico, que incluso ofenden a un artista que se precie de tal. Es la fiesta de la vergüenza ajena, donde, ante alguien que conoce de fiestas típicas de otros lugares, ésta, es un papelón institucionalizado. Cuando un turista pregunta sobre ella con seriedad hay que contestar: "Es lo que a la gente de aquí le gusta"... "Es popular", con todo el significado peyorativo que lleva implícito.- Pero... como el pueblo navega en la ignorancia más profunda... es feliz con esto, que ni siquiera es fiesta, ya que al ver a los espectadores, pocos se sonríen y disfrutan, sólo miran, una película que se saben de memoria.- Innovar no es cambiar de plano, sino retocar para que siempre haya algo que sorprenda y mejorar, significa que los que actúan sean profesionales, no éstos.-
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  4. Excelente espectáculo. Con todos los elementos que tiene en expectativa el turista. A los que quieran una fiesta diferente: ORGANICENLA! Propongan una fecha! Bienvenida la idea! Beneficio para el turismo y la Provincia! La fiesta de la Vendimia ya tiene su propio estilo. Si alguien quiere algo diferente, deje esto como está y ADICIONALMENTE proponga algo más! Si su gran idea es buena, todos lo coprovincianos agradecidos!
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  5. "tampoco logran salir del territorio de la alusión mecánica. En esta propuesta no hay una resignificación de la convención," AH ?? WTF! QUE DIABLOS QUIERE DECIR ALUSIÓN MECÁNICA? QUE ES UNA RESIGNIFICACIÓN DE LA CONVENCIÓN. ALTA ZARASA !!
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  6. Pedro zalazar. El q no sabe nada es usted . La eleccion fue durante la anterior gestion pero x una cuestion q ya habian sido ñas elecciones las ordenes las bajo gareca
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  7. Manson: si querés mejorarla, decí que lo que pondrías, no vaya a ser que la gente se asquee en vez de aburrirse.
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  8. Laureano no sera muy pretensiosa tu critica. Es Mendoza flaco.. no Paris.
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  9. Me encanto el monumento a la vajina de oro que hicieron para representar a un eslabón de cadena. Me imagino que interpretaron los turistas q no entienden el idioma... Después exagero cdo hablo de berreteadas
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  10. Yo desde hace años tomo la fiesta de la Vendimia como un paquete cerrado y bien envuelto que hay que hacer y vender sin grandes discusiones sobre el tema porque eso es lo que se demanda y se entrega, es como un postre clasico de panaderia, siempre lleva lo mismo porque si se lo modifica la gente se enojaria. Desde ese punto de vista hay que aceptar que la repeticion de los elementos de siempre ( la Virgen de la Carrodilla, los indios, los españoles, San Martin ,los inmigrantes y el vino ), son ingredientes de un show turistico que no deben faltar, ASI DEBE ANALIZARSELA, SIN EXIGENCIAS Y VIENDOLA COMO UN PAQUETE TUIRISTICO, entiendase que si se la analiza como un espectaculo mas, por su nivel de actuacion, su puesta, su guion o su volumen tecnico, es un absoluto y totalmente insoportable bodrio.
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