opinión

Una vendimia donde la esperanza vuelve a ganarle a la frustración

No es la que soñamos los que conocimos la Mendoza pujante, productiva y grande en serio, con grandeza de espíritu y músculo. Pero estamos saliendo de un pantano de años.

Una vendimia donde la esperanza vuelve a ganarle a la frustración

Cuando el Gobernador empezó a hablar, la gente se empezó a ir; estruendosas ausencias de funcionarios nacionales y cuestionamientos concretos a la inflación, las retenciones que afectan las economías regionales y el tipo de cambio que castiga a los vinos mendocinos en el mundo.

El discurso más relevante incluyó frases tales como: "Hoy todas las protestas son válidas", "La situación es insostenible".

El primer párrafo es una foto del desayuno de la COVIAR en el 2015. Raleado de funcionarios nacionales y cargado de demandas eternas de un sector productivo pisoteado durante años, ese desayuno fue un quiebre definitivo, aunque en el ambiente se combinaba hartazgo con desazón.

Para ser justos con el presente y proyectar equilibradamente el futuro, hay que mirar el pasado. Sin abusar del espejo retrovisor, sin usarlo como excusa fácil, pero sí para poner los pies sobre la tierra, mensurar el daño que nos hicieron y darnos cuenta que estamos saliendo de ese entuerto.

No es esta vendimia que soñamos los que conocimos la Mendoza pujante, productiva y grande en serio, con grandeza de espíritu y músculo. Pero si está claro que estamos saliendo de un pantano de años, con muchos dolores, pero donde una mayoría de los mendocinos nos hacemos visera al ver la luz cuando miramos hacia adelante.

Durante años las retenciones afectaron la economía mendocina. Incomprensible que nuestra industria frutícola tuviera que pagarle retenciones a un Estado que dedicaba sus días a avivar el fuego de la inflación, disminuir cada día más nuestra confiabilidad en el mundo y complicar cada operación de comercio exterior llenándola de escritorios, formularios y burocracias varias.

Durante años el tipo de cambio cerró fronteras a las exportaciones que no fueran parte del complejo sojero. Así, vender vinos a Brasil, un mercado de proximidad, se volvió más difícil que comerciar en tiempos de Marcopolo. 

Durante años el pedido de flexibilidad y visión amplia del país en las negociaciones de acuerdos internacionales, chocó contra funcionarios que en Buenos Aires disminuían a la vitivinicultura a la periferia de la periferia y, sus demandas al último cajón del último escritorio de la última oficina.

Durante ocho años la vitivinicultura no solo no tuvo un aliado en el Estado. La vitivinicultura tuvo que soportar la violencia institucional de un Estado que castigó la producción, ignoró la cultura del trabajo y bastardeó la matriz productiva de Mendoza. 

Hace ochenta y cinco días asumieron nuevos gobiernos en Mendoza y la Nación, y ya pueden verse los primeros cambios tangibles. Escuchar y dialogar es la regla;  atender las necesidades de las economías regionales, es una decisión; y salir a ofrecerle al mundo las potencialidades, bienes y servicios de nuestro país, una realidad.

Por este camino, a los que innovan, invierten y trabajan, les va a ir bien. Un proyecto político que facilita la innovación, facilita las condiciones para la inversión y protege al trabajador, es la mejor noticia para una provincia construida con esos pilares.

Llega otro desayuno de la COVIAR, nuevamente le pondremos el termómetro bajo el brazo a la vitivinicultura. La temperatura va bajando, en el horizonte empieza a aclarar, falta mucho es cierto, pero estamos recorriendo un camino que devuelve al sector productivo de nuestra provincia a un ciclo virtuoso de expansión y desarrollo.

Alejandro Molero

Presidente del Bloque de Senadores UCR Mendoza

Opiniones (1)
24 de mayo de 2018 | 02:14
2
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24 de mayo de 2018 | 02:14
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  1. Es cierto, no es la mejor Vendimia pero después de muchos años, quienes estamos vinculados al sector productivo sabemos que al menos nos escuchan y las decisiones tienen la lógica de favorecer a los que producen en Mendoza.
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