opinión

Una mirada cultural del femicidio

El autor se pregunta: "¿queremos cambiar las cosas?", en un desafío a que toda la sociedad discuta la cultura imperante.

Una mirada cultural del femicidio

 La situación vivida por mis amigas María José Coni y Marina Menegazzo la madrugada del 23 de febrero ha generado en todos nosotros un torbellino de sentimientos. Una impotencia que impide entender lo sucedido, y un shock producto de lo inexplicable de la situación. Dos chicas que viajan libremente por Sudamérica con el producto de su trabajo, terminan padeciendo las consecuencias de una historia de género que lleva muchos siglos. Voy a tratar –en lo posible- de escribir olvidando que son mis amigas las víctimas, entendiendo que les tocó a ellas como podría haber sido cualquiera, y tratando de encontrar una respuesta que dé posibilidades a futuro.

Como todo hecho que trasciende a la esfera pública, suscita una serie de comentarios de los más variados, donde predomina el apoyo a los familiares y amigos de las víctimas, pero también aquellos que dejan flotando en la conciencia colectiva el peligro que representan esos tipos de viaje para “mujeres indefensas”.

Y es aquí donde me gustaría poner el foco. Me resulta inentendible, casi absurdo, caer en una mirada tan pequeña de la realidad que nos lleve a concluir que la solución a esto es “que las mujeres dejen de viajar solas”. De hecho, no es más que el reflejo de una sociedad patriarcal y machista, hacer caer en cabeza de las chicas las consecuencias derivadas de querer vivir libremente. De querer disfrutar su vida. De querer conocer el mundo.

Sin embargo, no es descabellada esa manera de pensar en una sociedad que concibe a la mujer como objeto sexual, como el sexo débil, indefenso, que necesita permanentemente la protección masculina. Desde que somos niños nos enseñan que el género masculino es el sexo fuerte, el que debe trabajar, mandar, administrar el dinero, conquistar a la mujer, etc. Es así que el prototipo de hombre se presenta fuerte, varonil, rudo, mientras que la mujer debe ser “una princesa”, limpia, educada, bonita, sumisa.

Desde el momento en que un niño nace le regalamos superhéroes y pintamos su habitación de azul. Las niñas, en cambio, usan elementos de cocina y muñecas de princesa, donde, lógicamente, predomina el rosado. En la adolescencia el padre se pone celoso de la hija pero no del hijo, que puede libremente disfrutar de su sexualidad. En la vida laboral, resulta usual que muchas empresas contraten personal femenino por su apariencia física, porque le da “status” a la empresa, como así también hay un prejuicio generalizado acerca de la mujer exitosa en mundo laboral. Del mismo modo, en el ámbito doméstico, históricamente, se ha dado un proceso de distribución de roles basado en el género: la mujer se encarga de la casa y los hijos, el hombre se encarga de traer dinero. Entonces comienza a tomar trascendencia el prototipo de mujer que culturalmente se nos quiere imponer.

La prostitución, la pornografía, la trata de personas con fines de explotación sexual, son respuestas sociales a un sector de la comunidad que las consume. Vivimos en un mundo que cosifica permanentemente a la mujer, donde la violencia contra ella resulta algo cotidiano, pero que no podemos percibirlo por lo arraigado que está en la conciencia colectiva. Creemos que la violencia de género es sólo física. No pensamos en el efecto cultural que generan los celos, el maltrato verbal, la limitación de sus actividades profesionales, la imposición de un modelo de mujer a seguir, todo ello apoyado por los medios masivos de comunicación, que acentúan los estereotipos que, en definitiva, derivan en situaciones de violencia física.

En este contexto social, hechos como el de la última semana no nos deben resultar llamativos en lo más mínimo. El problema no es el destino turístico, el problema no es si se viaja con mochila o valija, el problema no es de las chicas. El problema es que no dejamos vivir a la mujer en libertad, decidiendo el modo en que ejerce su sexualidad, la ropa que desea vestir, el modo que tiene de hablar.

El problema no es de inseguridad. El problema es cultural. El femicidio no es más que el arraigo de esa concepción del poder del hombre sobre la mujer llevado a límites extremos. Es el resultado de un largo proceso de sometimiento, que comienza con toqueteos, celos, intentos de dominación, y que, a la larga, derivan en situaciones terribles como la que me motiva a escribir esto.

¿Queremos cambiar las cosas? Dejemos de consumir pornografía infantil, dejemos de ir al prostíbulo, dejemos de imponer a las mujeres una forma de ser y vivir, dejemos que lleven adelante una vida de libertad. Duele reconocer que no hay nada que nos devuelva a las chicas, pero tenemos en nuestras manos la posibilidad de avanzar hacia una sociedad más inclusiva y respetuosa de la libertad. Ese cambio comienza en casa, en nuestra vida cotidiana.

Opiniones (6)
27 de mayo de 2018 | 15:45
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27 de mayo de 2018 | 15:45
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  1. En algun momento leí un artículo que decía que la especie humana es la única que no sabe que hacer con los individuos que atentan contra la especie. Este tema es un claro ejemplo de que esa opinión es una verdad. Muy de acuerdo con el comentario de harto55.
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  2. Harto, totalmente de acuerdo harto55. La sociedad y su cultura debe evaluarse como un todo, tener un norte y un modelo que seguir. No se trata de gèneros e individualidades, respetando obviamente el libre albedrío. Pero no se agota en particularidades sino en tener una visión que va de lo macro a lo particular.
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  3. Cuantas muertes violentas de hombres y cuantas de mujeres hay? no se trata de ir solas o no.. se trata de sentido común (que útlimamente no es muy común). A mi hermano que es de huracan las heras, no puede andar con su camiseta por zona leprosa sin que lo puteen o la bardeen. Puede una mujer andar con escote donde hay machos ebrios y estúpidos??? puede andar un argentino en valparaiso a las 3 de la mañana? tampoco... puede andar un señor bien vestido en un auto lindo en una zona marginal??? mejor no... pueden existir miles de ejemplos... se trata de cuidarse sabiendo que el mundo no es ideal.. estaría muy lindo que todos pudiéramos andar por cualquier lado y sentirnos seguros... con el orgullo de decir: "yo me la banco y nada me va a pasar" no disminuye el peligro. El resto.. lo de sociedad patriarcal... no se... veo mas mujeres que hombres en los bondis, en la facu, en los cursos, en mi laburo... creo que la pelea se da desde adentro y no vociferando estupideces feministas que nos averguenzan a las que peleamos por la igualdad en los hechos y mostrando que podemos compartir el mundo de igual a igual con los hombres.
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  4. Muy buena nota y análisis. Para llevarlo a la práctica debemos colaborar entre todos y sobre todo apoyo del Gobierno y con magistrados que estén capacitados en estos temas altamente. Mis condolencias a la familia y amigos de las jóvenes. Debe ser indescriptible el dolor. Fuerza y a seguir luchando.
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  5. excelente nota paz para ellas y justicia para sus familiares
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  6. En mi opinión, quienes escriben columnas como ésta y quienes las leemos no tenemos la menor posibilidad de cambiar las cosas. Basta ir a una villa para ver cómo tratan a las niñas y mujeres, y también cómo tratan a los niños que podrían escribir o leer columnas como ésta. Hay un grupo menor de hombres que respetan y no creen (no creemos) en la violencia y uno mayoritario que se dedica a matar alegremente mujeres y otros hombres sin el menor complejo, a sabiendas que los culturosos les perdonan sus pecados. O cambiamos las leyes e imponemos penas más severas a los violentos o estamos sonados, y eso considerando que los violentos no nos ganen las elecciones e impongan las suyas y premien cada oreja de mujer asesinada que traigan. Cuiden a sus hijos... no es momento en el planeta de ser ingenuos.
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