opinión

Fuego y humo

El politólogo español se enfoca en las primarias estadounidenses.

Fuego y humo

 La pregunta ahora mismo en las primarias demócratas es si los periodistas están aburridos o Hillary Clinton tiene un problema. Durante los últimos días, camino del debate de candidatos demócratas de ayer (más en un minuto), Hillary ha estado haciendo algo un tanto inusual para una candidatura presuntamente dominante: ha criticado a sus oponentes.

En condiciones normales, un vistazo a las encuestas bastaría para decidir si los problemas de Clinton son humo o si quizás la campaña se está enfrentando a un pequeño incendio. En una primarias demócratas, sin embargo, la cosa es un poco más difícil por cuatro motivos.

Primero, de forma nada sorprendente, los sondeos se han concentrado en la verbena que son las primarias republicanas más que las anodinas primarias demócratas. Hay muchas más encuestas en Iowa y New Hampshire preguntando sobre Ted Cruz y Trump que sobre Hillary y Sanders, así que tenemos menos información. Segundo, las encuestas en elecciones primarias acostumbran a ser bastante imprecisas, especialmente en los peculiares caucus de Iowa, y las muestras recientes son pequeñas con amplios márgenes de error. Es difícil ver un sondeo con más de 500 entrevistas para los dos primeros estados en liza, así que hablamos de márgenes de error rozando el 5%, donde casi cualquier tendencia puede ser ruido estadístico. Tercero, la dispersión entre encuestas es enorme (del orden de 18-20 puntos), así que nadie parece tener un modelo de estimación decente. Cuarto, tanto Iowa como New Hampshire son estados peculiares, y más siendo Sanders de Vermont, al lado del Granite State. Como veremos, Clinton puede ganar las primarias con facilidad incluso perdiendo las dos primeras votaciones, así que los resultados de estos estados pueden ser irrelevantes.

Todo esto sirve para decir que Clinton, en el sondeo nacional más reciente (con 400 miserables entrevistas), le saca 25 puntos a Sanders, y 13 puntos en la media de las estimaciones. En Iowa, con una dispersión brutal, Hillary está con +4, con los últimos tres sondeos dándole la victoria. New Hampshire, mientras tanto, parece más favorable al Senador de un estado de Nueva Inglaterra (por mucho que Vermont sea mucho más liberal que New Hampshire), y tiene a Sanders con +6.

Si estos datos son correctos (y como digo, no sabemos si lo son), la campaña de Clinton no parece estar en problemas graves. Iowa y los caucus favorecen a los candidatos más insurrectos, así que era previsible que Sanders acabara por ser competitivo ahí. Está más cerca de lo esperado, pero no para ganar. New Hampshire siempre iba a ser competitivo; por algo los candidatos de Nueva Inglaterra tienden a empezar la carrera presidencial bien. La cuestión para Sanders es que después de New Hampshire van a Nevada, un estado que favorece a Clinton, y Carolina del Sur, un lugar donde está a 40 puntos de distancia. La base de apoyo de Hillary es el sector moderado del partido en el Midwest y el sur; una vez las primarias empiecen a rodar, el terreno se vuelve menos favorable para Bernie.

¿Quiere decir esto que la victoria de Sanders es imposible? Ciertamente no hay nada imposible, pero sigue siendo muy, muy difícil. Un pinchazo en Iowa o New Hampshire sería letal para él, mientras Hillary tiene mucho margen para recuperarse.

Todo esto nos lleva al debate de ayer, un domingo por la noche en un fin de semana semi-festivo en Estados Unidos. Los demócratas, en su infinita sabiduría, tienen un calendario de debates diseñado para que no los vea nadie. El motivo era para evitar que Hillary tuviera que meterse en guerras internas que le forzaran a moverse a la izquierda, y debilitando la candidatura de Sanders.

Paradójicamente, la falta de debates ha hecho más daño que bien a Hillary. Resulta fácil olvidarlo, pero en la larga, eterna primaria del 2008 Obama, aparte de ser más moderado que Clinton en muchos temas, perdió la mayoría de debates. Hillary no es excesivamente carismática, pero sabe bien de lo que habla y es disciplinada. Tras un atril, discutiendo con otros candidatos, es muy, muy buena. En este ciclo de primarias ha sido Clinton la que ha ganado los debates siempre, y es la que ha salido más beneficiada en los sondeos después de cada uno de ellos.

El debate de ayer fue una repetición de esta tendencia. Por muy bien que me caiga Sanders (y lo cerca que esté de él ideológicamente – el senador no desentonaría en el PSOE), en los debates grita mucho. El hombre tiene buenas ideas, una visión del mundo reconocible y un fervor por reducir las desigualdades encomiable (aunque tiende a sobreestimar el poder del dinero en política), pero es incapaz de defender una idea sin soliviantarse y agitar los brazos efusivamente. Todo lo indigna por muy buenos motivos, pero en el escenario siempre acaba por sonar demasiado vago, estridente, perdiéndose a veces en algunas respuestas, cayendo en trampas retóricas bastante burdas en otras. El hombre, además, no sabe gran cosa de política exterior, así que Clinton siempre acaba monopolizando un tercio del debate sin que pueda hacer nada más que asentir.

Clinton, mientras tanto, es mucho más sutil. Para empezar, es obvio que tiene suficiente experiencia para el cargo, así que no debe perder el tiempo buscando credibilidad. También es capaz de hablar sin dar gritos, y sabe combinar cuestiones de detalle y visiones generales sin apenas dificultad. Hillary tiene además la suerte que Sanders es un político honesto hasta el punto de evitar activamente ataques personales y críticas directas a su oponente, así que nunca se ve presionada de veras en el escenario.

El resultado fue un debate donde Sanders no ganó, y donde Hillary pudo dar una buena versión de si misma. Dado que Bernie va por detrás en las encuestas nacionales, un empate favorece a Clinton. Mi impresión subjetiva, en todo caso, es que Clinton seguramente ganó el debate ayer, aunque dada la casi seguro minúscula audiencia, tampoco le servirá de gran cosa.

Mi opinión es que Sanders sacará un buen resultado en Iowa (empatando o ganando por poco) y ganará en New Hampshire. Los periodistas se emocionarán, buscando una repetición de Obama, y olvidándose que lo que hizo al presidente competitivo entonces fue el apoyo casi unánime de votantes afroamericanos, y su estelar maquinaria recaudatoria y organizativa. Sanders puede que sea capaz de replicar los segundo, pero es muy difícil que haga lo primero o consiga reducir el fuerte apoyo latino a Hillary.

La duda, aún hoy, no es si Hillary ganará las primarias sino lo rápìdo que sea capaz de hacerlo. Queda partido, pero Sanders aún no está a tiro de ganarlo.

Por ahora.

Por cierto, una nota final: Clinton elogió a Barack Obama una y otra vez durante todo el debate. Esto es, primero, porque Obama es muy popular entre las bases del partido,y segundo porque Sanders realmente no puede atacar al presidente de forma efectiva. El contraste con el debate republicano, tanto en contenido, preguntas y en valoración del presidente, fue completo.

(*) Roger Senserrich. Coeditor de Politikon.es.

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24 de mayo de 2018 | 02:17
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24 de mayo de 2018 | 02:17
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