opinión

Cuatro mosqueteros Camino a La Paz

En el debut del "Flaco" Suárez en la pantalla grande, la realidad queda expandida y las sensaciones, sublevadas a su encanto.

Cuatro mosqueteros Camino a La Paz

Tarde calurosa y sofocante. De esas donde la sensación suele medir más que la realidad. Hotel que se erige grande y avasallante a la orilla de un acceso por donde cientos de autos pasan con prisa. Allí, por un instante, uno se pierde en el paisaje y duda sobre lo que lo trajo a ese lugar. Entonces te sacudís el calor y el recuerdo y entrás, decidido, a conocer la promesa de una verdad hecha cuento. 

Es temprano y, en esto que se hace llamar conferencia de prensa, los asistentes nos sentamos prolijos, tímidos y juntitos, como esperando que la maestra que adoramos alguna vez en la escuela primaria, pase a chequear si estamos listos. El revoloteo se serena y las miradas se concentran en la puerta de entrada. Se escuchan los pasos. Como si la peli ya hubiera empezado, uno comienza a imaginar cómo serán.

de la serna suarez

Volvemos a la realidad, al hotel, a las cámaras encendidas. El andar pausado y confidente se hace presente y entra a la sala de conferencias Rodrigo de la Serna. Impacta. Su sencillez es contagiosa. Y su mirada grandiosa nos atraviesa a través de sus gestos mínimos. Amable y con una abierta sonrisa, es él quien nos da la bienvenida y nos hace sentir cálidos y familiares. 

A su lado, hace su entrada “el" Ernesto Flaco Suarez, que como una bandera de ceremonias, nos pone espontáneamente erguidos y hace que lo sintamos "nuestro"; él, el mendocino que todos conocemos y que ante su presencia física nos despierta las ganas de darle un abrazo y tomar unos mates con él. Porque el Ernesto es como una invitación. Como si en lugar de querer ser John Malkovich, como en la película, uno quisiera por un momento ser él, y ver el mundo teñido por su mirada, que es bocona y no se calla.

Y luego entra el tercero, el Director, Francisco Varone que, con su aura de príncipe de las luces y sus ganas de compartirnos su iniciático viaje de ficción hecho realidad, nos ofrece su ópera prima como un panecillo recién horneado. Lo acompaña, cual hada madrina de los tres ¨Varones¨, la directora Gema Juárez.

Y sí, toda esta cháchara o introducción para contar que ellos hicieron una película, no tanto como quienes realizan un proyecto audiovisual, sino más bien, y aunque lo hicieron, como quienes plantan un árbol con tiempo y dedicación o tienen un hijo por elección. Nos cuentan su experiencia, responden a nuestras preguntas y con mucho entusiasmo y entre bromas, nos acarician con sus relatos de viaje, en esta tertulia que ellos supieron crear. Así, juntos, parecen asir lo invencible y nos convidan de su trote fílmico.

Ir al cine a ver la película es entonces el próximo paso al que uno, solícito y encantado, se entregará por completo, como si estos tres quijotescos emprendedores de la vida, terminaran sus andares en "Camino a La Paz", haciendo, como nos cuentan, su propio camino al andar.

Yendo al punto y a lo convencional, en términos técnicos la película ofrece una línea fílmica y fotográfica naturalista y austera. Los tecnicismos ceden ante las profundidades poéticas y sugerentes de las imágenes y relatos, a la vez que, concisos y claros, nos ofrecen una historia íntima y empática. El guion es preciso y se deja entender con fluidez, haciéndonos transitar sin solemnidades ni dobles sentidos el relato de un héroe del subdesarrollo que nos refleja y nos acerca a sus márgenes más humanos. Los diálogos se acercan como pensamientos que uno también quisiera tener y que Varone, con su particular manera, los articula para teñir su mensaje con los sueños y andanzas de los personajes.

El registro actoral es íntimo y sensible. Pequeño, como dice De la Serna. Cotidiano, sin grandilocuencias, lo que se agradece y disfruta al extremo. Los personajes nos trasladan paulatinamente a un plano intenso de sus emociones y con toda la potencia de los detalles. Una caracterización impecable tanto de De la Serna como de Suárez, que con la pincelada precisa de un director que sabe lo que quiere, orquestan un relato horneado a fuego lento que transmite mucho y te hace sentir próximo.

La realidad queda expandida y las sensaciones sublevadas a su encanto.

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18 de junio de 2018 | 22:25
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