opinión

Una vara parecida, al menos

Las primeras reflexiones del año nuevo van apareciendo.

 Muchos años hemos soportado barbaridades presidenciales, al punto de que se naturalizaron situaciones absolutamente impensables en una República. Mucho tiempo sufrimos usos (casi abusos) de algunos de los miembros de los poderes Legislativo y Judicial, los primeros votados reiteradamente, los otros elegidos según la normativa vigente, pero que una vez en sus puestos llevaron adelante situaciones rayanas con lo antidemocrático.

Todo este accionar nos llevó, a buena parte de los argentinos, a resistir en primer lugar a estos abusos, y en muchos casos, a llegar a odiar a los perpetradores. Este odio se trasladó, equivocadamente al menos desde mi punto de vista, a los cargos que los mismos ostentaban, “institucionalizando” el odio, odiando ya no a fulanita o menganito sino a la Presidenta, el Ministro, el Juez, la Diputada…

De este modo, al odio kirchnerista hacia lo que no era “popular” (dicho entre comillas, porque para buena parte de estos, era más un dicho que un hecho), se contrapuso un odio anti-K, amplio, heterogéneo, que iba desde la derecha más profunda hasta la izquierda más asamblearia. Estos odios se enfrentaron en las últimas elecciones presidenciales, y una vez conocido el resultado, mutaron de rencor por el candidato del otro, a amor incondicional por el propio.

Y en este jueguito parece que estamos: el peronismo (no digo ya kirchnerismo porque estarían mutando a un nuevo ismo aún no identificado) resulta que es ahora defensor a ultranza de las instituciones, y los que fueron “anti” hasta el nueve de diciembre, parecen entender las razones que llevan a ciertas actitudes gubernamentales que, de haber sido generadas por la ex Presidenta, habrían sufrido su más absoluto desprecio.

En mi opinión, no sé si la misma vara, pero una parecida al menos deberíamos usar. Digo parecida porque, las pasiones que tiñen nuestra racionalidad nos llevan, a veces, a tomar posturas distintas ante situaciones similares pero, ¿hasta qué punto?

He escuchado por ahí decir que, debiendo enfrentar a tantos antidemocráticos, es necesario para el gobierno nacional tomar algunas medidas aunque no sean del todo deseables. Parece ser que la complejidad del contrincante marca nuestro republicanismo, que el ojo por ojo es aceptable en algunos casos.

De ser así, cualquiera que se crea dueño de la verdad podrá violentar principios en defensa de las verdades que vulnera, haciendo justificables ciertos medios para llegar a lograr fines supuestamente superiores.

En mi humilde opinión, no es así. Esa es la desventaja de los “buenos” en la lucha contra los “malos”. Los buenos deben respetar la institucionalidad, siempre. Aunque duela. Aunque la aplicación de garantías, individuales y sociales, complique el avance.

Si no, digo yo, capaz que los buenos no sean del todo buenos.

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Opiniones (1)
19 de junio de 2018 | 02:36
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19 de junio de 2018 | 02:36
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  1. Muy honesto. Adhiero totalmente.
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