opinión

Espionaje cruzado: ¿hipocresía, negocio, defensa o ataque?

Hay alguien que sabe todo. Sin embargo, todos quieren saberlo todo y, por ello, la guerra de espías amenaza los acuerdos internacionales. Legalidad paralela.

Todos los países se espían. Algunos, más descaradamente que otros y, por lo tanto, se meten con el celular del presidente y sus correos electrónicos privados. Otros, impotentes envidian la tecnología ajena, pero igual, “chapados a la antigua”, avanzan con agentes, preguntones, buchones, traidores e infiltrados.

Pero “espía” ha sido siempre una palabra asociada con otra: “secreto”. Por ello, el nacimiento de una organización como Wikileaks, capaz de dejar desnudos a los sistemas de recolección de datos de todo el mundo, ha causado un impacto sin precedentes, alimentado, además, por la revelación de documentos secretos como los realizados por el ex agente de la CIA Edward Snowden.

A partir de allí, primero supimos sobre qué cosas se pregunta en los cócteles del 4 de julio en las dependencias consulares de EEUU y cuáles asuntos se reportan “hacia arriba” después de los brindis. Pero bastante más también: que EEUU espía las conversaciones de Dilma Roussef y Angela Merkel y 33 presidentes más, que lee correos electrónicos en cantidades incalculables y que otros países, como España, Francia e Inglaterra, finalmente, también lo hacen.

El espionaje, de acuerdo a las últimas “devoluciones de pelotas” que le han hecho a las naciones que se declararon ofendidas, es hacia fuera pero también hacia adentro de las naciones.

En definitiva, hay alguien que lo sabe todo.

Del orden al desorden

Lo cierto es que la desconfianza de las naciones ha terminado por crear un orden paralelo, ajeno a los acuerdos a los que los países llegaron después de masacrarse en la Segunda Guerra Mundial y que dieron origen a las Naciones Unidas. Su Carta fundacional ha sido superada por la realidad y cada nación parece renunciar a su promesa de cumplimiento bajo un nuevo, exclusivo y sagrado pretexto: “la seguridad de los suyos”, algo que pone en jaque, en forma paradójica, la seguridad de todos, en un efecto dominó.

La socióloga peruana radicada en Chile Lucía Dammert, experta en asuntos de seguridad, evalúa que “los sistemas de inteligencia en el mundo global post 11 de septiembre han sofisticado su accionar y seguramente aumentado los niveles de vigilancia cruzada”.

“En este sentido –dijo, en diálogo con MDZ-  no es extraño pensar que algunas de las potencias tengan sistemas de inteligencia, escuchas, análisis, entre otras actividades no sólo con aquellos países considerados no aliados. Esto no sólo por que se crea que los aliados están generando algún problema, sino por que hoy la recolección de información de forma masiva se transforma en la forma como se buscan datos”.

¡Oh, cielos, hay un espía en mi línea!

Dammert sostiene que “la sorpresa internacional es mucho más un saludo a la galería que un hecho real”.  Se alega la necesidad de garantizar la “propia seguridad” pero la situación excedió ya los límites de la “necesidad” para transformarse en una demanda del mundo de los negocios. “La inteligencia y contrainteligencia pública e industrial –explica Dammert- se ha convertido en un negocio muy rentable que se desarrolla en múltiples contextos y situaciones”.

“La pregunta principal –concluye- es cómo puede ser que el sistema de inteligencia pueda ser identificado, lo que muestra sus limitaciones y nos lleva a reconocer que vivimos cada vez más en la sociedad de la información y de la vigilancia”.

Una legalidad paralela

El escritor y pensador uruguayo, radicado en EEUU, traductor de Noam Chomsky, docente en las universidades de Georgia, Lincoln y Jacksonville, señalado por Foreing Policy como uno de los “intelectuales latinoamericanos más influyentes”, accedió a analizar los por qué del espionaje cruzado y la supuesta nueva legalidad al margen de los acuerdos internacionales.

¿Es lícito el espionaje?

- Una vez un periodista le preguntó a W. Churchill sobre cuáles eran los amigos de Gran Bretaña y Churchill contestó: “Estimado, Gran Bretaña no tiene amigos; tiene intereses”.  Algo parecido ocurre con países tan hermanos como Uruguay, Argentina y Brasil. Somos muy hermanos hasta que los intereses entran en conflicto. Entonces renacen narrativas nacionalistas o chovinistas y las decisiones nunca son altruistas antes que egoístas, lo cual desde un punto de vista político es comprensible. En el caso del espionaje estadounidense lo primero que resurge es la narrativa antiimperialista. El imperialismo, el abuso del más fuerte existe, es una realidad, pero como decían los antiguos griegos que justificaban el abuso de la democracia ateniense sobre los otros pueblos, Esparta protesta y pide justicia cuando no puede tener lo mismo por la fuerza. Hoy en día todos los países del mundo tienen alguna forma de servicio secreto. La gravedad y el secreto de cada uno no dependen de su moral sino de su fuerza, de sus posibilidades técnicas en este caso. En este aspecto, Estados Unidos todavía está muy lejos del resto, y sus posibilidades de usar el espionaje (ya no solo en base a razones justificables como podría serlo la prevención de un posible ataque terrorista, sino inmiscuyéndose en los negocios ajenos y en la misma vida privada de sus ciudadanos y de los ciudadanos ajenos) es abismalmente mayor que la de cualquier otro país, sea dictadura o democracia. Si nos referimos a un plano de principios ideológicos, la práctica recientemente revelada claramente está en contradicción con el espíritu y el pensamiento de la generación fundadora de Estados Unidos. Si nos referimos a un plano moral, el abuso de la violación de los derechos individuales a la intimidad es una violación a los derechos individuales a la libertad de ser, y está en contra de cualquier valor democrático.

¿Es necesario el espionaje?

- Ante todo hay que recordar que el mundo no es una democracia y cualquier intento por hacerla parecer como tal es apenas un simulacro o una práctica que a veces puede llegar a atenuar una realidad incontestable. No digo que sea este orden sea necesario sino que es, lamentablemente. Y dentro de ese orden el espionaje y la imposición del más fuerte es lógico.

¿Un gobierno o una organización mundial como la ONU no representa una posible alternativa?

- Un principio moral básico es que cualquier regla que uno esgrima debe ser posible de ser generalizada. Si yo reclamo que otros la cumplan, entonces otros deben tener el derecho de reclamar lo mismo sobre mí. Y sabemos que este principio básico es uno de los pilares del derecho internacional y se llama algo así como “reciprocidad”. El cual es uno de los derechos más violados en la política internacional, empezando por cada resolución de la ONU. Los chicos buenos no necesitan seguir las reglas. Los chicos malos pueden violarlas. No los chicos malos. Así, gracias a la repetición, la propaganda y la cobardía popular de mantenerse dentro del área de la narrativa dominante, que es el área de confort del oprimido o del consumidor de narrativas, rara vez se cuestiona. El principio regulador es muy simple: la razón de la fuerza es la que dicta la razón moral, y para ello no necesita ninguna lógica. Sólo fuerza. Fuerza dura que se traduce en la fuerza blanda del otro, como lo es la repetición narrativa del más fuerte por boca del más débil.

¿Qué grupos ideológicos respaldan estas prácticas de espionaje?

- Por su parte la narrativa política no necesita ninguna racionalidad, ninguna lógica. Lo demuestra el hecho de que poco después de conocerse las  revelaciones de E. Snowden, fueron los conservadores estadounidenses lo más firmes defensores del delator. Al principio significaba la revelación de toda la maldad del gobierno socialista de Obama y la confirmación de que el Estado había ido muy lejos violando los derechos básicos de sus ciudadanos. Al fin y al cabo 1984 fue escrito por un socialista pero su mundo panóptico paranoico estaba inspirado en gobiernos totalitarios como los fascistas y comunistas. Pero luego resultó que el héroe se refugió en Hong Kong primero y en Rusia después y paso a ser un villano y el discurso de la Seguridad nacional volvió a su pedestal.

¿Es posible un orden liderado por un país que logre superar estos problemas?

- Honestamente, no soy nada optimista acerca de las posibilidades de ningún país del planeta que, teniendo la capacidad técnica de Estados Unidos, pueda limitarse de ejercitarla por razones morales o ideológicas. Por eso me parece muy ingenua y hasta hipócrita la postura de algunos gobiernos que se escandalizan por esta plaga que es la pérdida de intimidad y, en consecuencia, de libertad, que cada día vamos perdiendo a manos de los poderosos de siempre. Sí me parece creíble y necesaria la indignación popular, la indignación de individuos comunes.

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20 de febrero de 2018 | 09:03
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