opinión

El reino del revés: Supertramp

Leandro Mattanó analiza una de las bandas que marcó historia en los setenta. Entrá, conocé y disfrutá.

El reino del revés: Supertramp

Fue una banda muy particular de los 70. Su música es muy valorada y no permite encasillamientos de los comunes. No es puramente rock progresivo ni sinfónico. No es hard rock. No es pop, ni vale la pena tratar de seguir encasillándola. Supertramp tuvo un estilo único, que combinó un poco de todo. Y fue una banda cargada de condimentos emocionales, a punto tal que dicha característica fue la que marcó a fuego al grupo: hizo que de una vez por todas despegaran, y también que se separaran una vez que consiguieron éxitos masivos y mundiales.

Ya desde el comienzo, la banda no se formó como cualquier otra, en una reunión de amigos, ni de compañeros de colegio o facultad, que empiezan a tocar y de a poco, van evolucionando.

Fue todo al revés y muy atípico. Rick Davis  tocaba en 1969 en un grupo llamado “The Joint”, y en un recital, en Munich, un millonario apasionado del rock, una persona joven, que se llamaba Stanley August Miesegaes lo vio tocar y quedó encantado con él. Era la época en que el rock ya empezaba, de a poco, a ser un gran negocio y el dinero empezaba a aflorar en los grupos de rock. Si bien esto explotó en los 70, esta persona era visionaria y quiso combinar su pasión con el rock, con un negocio que avizoraba. 

Se presentó ante Rick Davies y le dijo que le iba a financiar toda su carrera, que hiciera lo que quisiera hacer, él iba a poner todo el dinero que necesitara a disposición del mismo para formar una banda de rock.  Y, por supuesto, Davies aceptó. 

Con el viejo recurso del aviso en el Melody Maker, comenzó a buscar “músicos serios, en especial, guitarrista solista, bajista y baterista”. El primer músico que se presentó lo hizo como multi-instrumentista y se llamaba Roger Hodgson. Aparecieron después Richard Palmer en guitarra y Robert Millar en batería. El millonario holandés, S.A. Miesegaes (S.A.M, como el tío) les compró los instrumentos que querían, pagó las horas de grabación en estudios caros, les consiguió al Sello A&M (Alpert y Moss), que era un sello americano que recién estaba contratando artistas británicos de rock y, en fin, sin que nada faltare y con todo a disposición de los  músicos, grabaron el primer álbum de la banda, que había adoptado el nombre de “Supertramp”, por el título de un libro, y por supuesto, así se llamó el primer álbum del grupo, aparecido en  julio de 1970.

Nadie lo escuchó, se vendió muy poco, y por sobre todo, esta “forzada” gestación del grupo, en la cual todo estaba servido, no había necesidades, y por ende, no había creatividad, fracasó estrepitosamente.  No obstante, el millonario siguió aportando lo suyo, pero el grupo sufrió la primera mutación. Se fueron Palmer y Millar, aparecieron Frank Farrell, Kevin Currie, y por primera vez, un saxofonista, Dave Winthrop.  Y con esta formación, en junio de 1971 sale “Indelibly Stamped”, un disco que provocó más, ya desde la tapa, una mujer desnuda tatuada en la misma. Musicalmente, estos dos primeros discos no fueron malos. Pero lo que sí  pasaba era que la banda no encontraba su sonido. Con solo escuchar algún tema de esos discos y compararlo con lo que vino después, queda poco por agregar. Y para peor, no tuvieron ningún éxito ni radial, ni comercial, lo que provocó que todos los músicos se fueran de nuevo. Sólo Roger Hodgson y Rick Davies seguían confiando en el proyecto, y en ellos mismos.

Como era de esperar, el millonario holandés se cansó de poner plata y no tener retorno alguno, ni siquiera de la inversión que había hecho. Un señor con todas las letras. Les dijo que hasta ahí llegaba, pero les perdonó una deuda que tenía el grupo con él de 150.000 dólares (mucho dinero hoy y en esa época ni hablar), pero estuvo vinculado a Supertramp emocionalmente hasta su muerte, incluso llegó a ser gran amigo de Hodgson y de Davies en el futuro, quienes estuvieron agradecidos toda la vida de lo que hizo por ellos.

Y acá comenzó otra historia.

Supertramp no tenía éxitos, no tenía más músicos, y encima, ahora se habían quedado sin plata y financista.

Parafraseando al Indio Solari, “donde hay dolor habrá canciones”. Y así fue. A partir de acá Supertramp comenzó un viaje nuevo; por primera vez se encontraron con la realidad de lo que eran, y con sus propios recursos para hacer un álbum. Y las canciones aparecieron. Buscaron nuevos músicos, se sumó Dougie Thompson al bajo, este a su vez recomendó a un saxofonista John Helliwell, y luego, ya en 1973, aparece Bob Siebenberg en la batería.

Y el sello A&M les dio la última oportunidad. La tercera era la vencida. Les dio un plazo largo para hacer el disco; se reclutaron solos en una granja,  con casi ningún recurso que no sea ellos mismos. Y como aparecen en la foto de la contratapa del disco, desnudos y sin nada más que sus ropas en la mano, y mirando para arriba, en 1974 hicieron el  mejor disco de su carrera.

“Crime Of The Century” salió en septiembre de 1974 y en un gesto a destacar de la banda, estuvo dedicado íntegramente al millonario holandés. Tuvo mucho que ver en el disco la producción de Ken Scott, productor de Bowie en dichos años. Los temas más destacados son “Scholl”, con esa magistral intro, “Dreamer” y “Bloody Well Right “, pero lo más importante de todo es que con este disco Supertramp encontró su identidad. Las letras tocaban temas como la soledad, la locura, la paranoia y había temas con conciencia social. “Dreamer” salió como single y los hizo conocidos en Europa como grupo, porque los integrantes se mantuvieron en un saludable anonimato. Hicieron grandes giras con el disco, y comenzaron a tomar vuelo propio en el grupo las performances de su saxofonista, quien brindaba un show aparte en cada aparición. Luego en 1975 sale “Crisis? What Crisis?” su cuarto disco, que fue una secuela de “Crime…”, con temas que habían quedado afuera, y sin grandes cambios evolutivos. Y con esa tapa satírica del momento en que vivía el mundo, en plena crisis de petróleo y fábricas cerrando, con un bañista, reposera mediante, sentado con una sombrilla, en colores, en medio de todo el tétrico panorama en blanco y negro.

Su producción siguió en 1977 con otro gran disco, que quedó medio  opacado entre sus grandes obras,  pero que es buenísimo, “Even in the quietest moments”. El productor pasó a ser el propio bajista del grupo, Dougie Thomson, y se destaca la gran “Fool’s Overture”, un tema de una magnificencia única, que pudimos disfrutar a pleno en la reciente visita de Roger Hodgson en Mendoza el año pasado.

Exitos, buenos discos, grandes recitales, pero todo, más que nada en Europa. Y llegó el momento en que la  banda apuntase sus cañones a la conquista de América. Y así fue. Con uno de los discos más vendidos en la década del 70, Supertramp invadió América.

Ya el  título del álbum desnudaba sus ambiciones, junto con su tapa: una típica camarera americana sirviendo el desayuno jugando a ser la estatua de la libertad, con un fondo en que el propio desayuno formaba la isla de Manhattan, disimulada entre cucharas formando escolleras, teteras y tazas formando edificios, y cajas de cereales simulando ser las torres gemelas. “Breakfast in America” salió en 1979, fue el apogeo de la banda, cruzaron todas las fronteras, pasaron a ser una banda de alcance mundial. Se destacan el tema homónimo, y la gran “The Logical Song” y “Take The Long Way Home”. Pero la cumbre, a su vez significó el ocaso. Hodgson y Davies comenzaron a tener problemas incluso antes de la grabación del disco, y se acentuaron con el éxito. La banda se comenzó a desmembrar, y luego de “Desayuno...”,  nada fue igual. El colofón de la banda como tal quedó plasmado en un gran doble vinilo en vivo,  llamado “Paris”, que es un resumen con un buen sonido de lo que fue la banda. Se grabó en Paris en la gira de 1979, y curiosamente, casi todo el disco “El crimen del Siglo” está en vivo en el álbum, como un homenaje a su mejor disco.

Supertramp siguió, ya casi desmembrado, con “Famous Last Word”, que salió en 1982, un álbum en que prácticamente, compusieron todo por separado Davies y Hodgson y que demostró que el grupo no existía más. En 1983 Roger Hodgson dejó la banda, y esta siguió con su nombre, con el consentimiento de Hodgson, pero con el acuerdo de que no tocaran sus canciones.  Duraron por dos discos más hasta 1988.

Lo que hoy queríamos rescatar es como una banda de rock, con todo el dinero del mundo a su disposición, con instrumentos nuevos y de los mejores, con plata, y con estudios y horas caras de grabación no pudo encontrar su norte hasta que todo eso desapareció y se quedó “desnuda”, sin nada. Un gran ejemplo de rock como todo llanto.

Opiniones (2)
20 de abril de 2018 | 00:34
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20 de abril de 2018 | 00:34
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  1. Linda nota ! Tengo todo el material de estos genios , considero a "Even in the quietest moments" el material más sentido , es un placer poner el vinilo y dejarlo correr ... sin desperdicio !!!
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  2. Gracias, pude saber cosas que no tenía de uno de mis grupos mas queridos, cdo era adolescente a su música le decíamos "Jazz Rock", (porque así le decían las inalcanzables minas del CUC) y nos gustaba mucho, cdo puedas y quieras te pido una nota sobre Hodgson y su historia solista.
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