Sobre los cambios en el habla, disfrutar y darse cuenta

¿Por qué no hablamos como lo hacían nuestros abuelos ni nuestros padres? ¿Por qué nuestros hijos lo harán como nosotros?

Sobre los cambios en el habla, disfrutar y darse cuenta

Leía los comentarios de los lectores de esta columna acerca de la vigencia de algunos términos y de la rectitud y seriedad de otros trabajos lexicográficos que no son los de la Real Academia Española.

Al respecto, debo decir que el enriquecimiento del habla y su transformación son permanentes y que los diccionarios, aunque tardan en recoger nuevas formas o en incorporar acepciones diferentes de las ya consignadas, finalmente lo hacen porque, precisamente, una característica de una lengua viva es su dinamismo y permanente cambio. No hablamos como lo hacían nuestros abuelos ni nuestros padres, pero tampoco nuestros hijos lo harán como nosotros porque la flexibilidad del idioma implica su permanente actualización.

Un ejemplo palpable lo tenemos en el vocablo ‘arroba’ que, en viejas ediciones del diccionario de la Academia, se definía únicamente como una medida de peso, mientras que ya las versiones actualizadas del mismo diccionario consignan la acepción informática “símbolo usado en las direcciones de correo electrónico”. Otro término que vio enriquecidas sus acepciones es ‘pálida’ que, en los viejos diccionarios, solamente aparecía como adjetivo, con el valor de “que tiene palidez”, en tanto que las ediciones actuales dan el uso coloquial, en Argentina y Uruguay, según el cual el vocablo significa “depresión anímica; asunto o tema deprimente”, con valor sustantivo.

Esto es para responder al lector que ha consultado una versión del DRAE del año 1956: después de más de medio siglo, la lengua ha evolucionado, como la vida misma y como la cultura de la cual la lengua es una manifestación. Por consiguiente, vivir inserto en la segunda década del siglo XXI implica consultar un diccionario que dé testimonio de los cambios contextuales, entre los cuales se incluye el cambio léxico.

Además, el diccionario académico tradicional ve complementada su tarea con los aportes de otras obras lexicográficas de rigor, entre las cuales se cuenta, por mencionar algunas, el Diccionario integral del español de la Argentina, elaborado concienzudamente por un grupo de investigadores argentinos de prestigio, y el Diccionario del habla argentina, obra de la Academia Argentina de Letras, que recoge palabras de uso exclusivamente argentino o acepciones genuinamente nuestras para términos registrados de otro modo por el DRAE. Precisamente, un criterio en la labor de las veintidós academias de lengua española del mundo es el de imprimir a todas sus publicaciones un carácter PANHISPÁNICO, esto es, válido para todo el mundo de habla española, con la incorporación de términos regionales y la validación de criterios diferentes al vigente exclusivamente en España.

Un lector ha preguntado cómo debe construirse correctamente el verbo ‘disfrutar’, si lleva o no preposición. Podemos enterarnos de la validez y corrección de las dos formas; cuando significa ‘sentir placer a causa de algo’ es normalmente intransitivo y se construye con un gerundio, o con un complemento introducido por de o con, que expresa la causa del disfrute: Disfruto escuchando buena música, un rato antes de conciliar el sueño. Hay que aprender a disfrutar de las pequeñas cosas que cada día nos otorga. Ella disfrutaba con el humor ácido de ese periodista.

Si el verbo toma el valor de “tener algo bueno o placentero”, puede no llevar preposición alguna: Ya no disfruto la compañía de esa persona como antes.

Otra duda frecuente y, más de una vez, un error que se escucha, es la ausencia de la preposición DE en expresiones que incluyen ‘darse cuenta’ o ‘dar cuenta’, con valores significativos diferentes; la locución ‘darse cuenta’ toma el significado de “advertir algo o percatarse de algo”; es obligatoria la construcción con la preposición DE: Inmediatamente, me di cuenta de su ausencia y, por lo tanto, Inmediatamente, me di cuenta de que estaba ausente. La locución ‘dar cuenta’ de una persona o de una cosa tiene el valor de “darle fin o acabar con ella” e incluye también la construcción con DE: Pronto, en una campaña tan agresiva, dio cuenta de cada acción de sus adversarios. Otra acepción de ‘dar cuenta’, que también incluye DE, es “informar a alguien sobre algún asunto”: Pedro dio cuenta a las autoridades de la marcha de los acontecimientos y Me repugna su actitud porque es tan obsecuente que da cuenta a su jefe, diariamente, de lo que cada uno de nosotros hace.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

Opiniones (1)
23 de abril de 2018 | 18:58
2
ERROR
23 de abril de 2018 | 18:58
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Totalmente de acuerdo estimada Nené, la lengua, es una cosa viva. Venimos del siglo anterior y algunos seguimos en este y hemos incorporado multitud de palabras, acepciones y modos. Más, si ya se hablaba mal en mediados del XX, hoy es simplemente una aceptación de modismos por imposibilidad de corrección. Estando más del lado de Fontanarrosa y las malas palabras que de los catedráticos, algunos asistiremos entonces al lamentable sepelio de nuestra querida "ñ", y el cambio será cuanto menos, cómico.
    1
En Imágenes
Aguas color Malbec
17 de Abril de 2018
Aguas color Malbec