opinión

Tres rebeldes en Nueva York: Dilma, Pepe y CFK

Los presidentes de Brasil, Uruguay y Argentina pronunciaron discursos memorables en un espacio hueco, como la ONU. Pero sirve.

Dilma, Pepe y Cristina fueron lo suficientemente incorrectos en sus mensajes ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. ¿A algunos de los oyentes presenciales les habrá importado sus palabras? Probablemente no. De hecho, ni siquiera las resoluciones del organismo multilateral generan adhesión de los países que pagan una cuota anual por ser parte del club político más selecto y con menos servicios del mundo.

La incorrección de los mandatarios de este lado del planeta sirvió para consolidar su posición en su propio contexto. Poco, desde un costado de los análisis posibles. Suficiente, desde el propio.

Contundente Dilma

De los tres discursos, el de Dilma Rousseff fue, probablemente, el que dejará una marca más importante una vez concluido este período de sesiones. Tras suspender su programado encuentro con el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama debido al espionaje que ese país realizó contra el suyo, pronunció un mensaje en el que puso un incómodo espejo frente a un país cuyo “sueño americano” parece estarse trasformando en una pesadilla:

-         La “mayor democracia” del mundo promueve métodos nada democráticos, como el espionaje a otro mandatario, para obtener ventajas políticas;

-         La cuna del libre mercado requiere del espionaje a empresas de otro país, sus competidores emergentes, para ganar espacio en la economía;

-         El país de la libertad de expresión disminuye a la condición de desertores, cual Rusia soviética, a quienes revelan información sobre crímenes de lesa humanidad cometidos por sus propias fuerzas armadas “liberadoras de pueblos oprimidos”.

La presidenta brasileña pronunció un mensaje claro y contundente, al punto de obligar al presidente de los EEUU a ensayar una maniobra fallida de reunión con su par iraní, Hasan Rohani, para dispersar la profunda huella del primero de los discursos presidenciales ante la ONU.

No le sobró ninguna palabra ni gesto: dijo lo que todos creemos que piensa y siente y lo dejó asentado en el centro del mundo.

Cristina estuvo bien

Cuando habló la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, ya lo había hecho una larga lista de mandatarios, entre ellos, la mayoría de los latinoamericanos.

Hay que decirlo como en otras oportunidades también lo hemos dicho: si al mensaje presidencial se le pudiese quitar el matiz que le da la Presidenta, sería perfecto. Pero aquí no se trata de cuestiones estéticas: Cristina dio un discurso correcto con todos los condimentos que la formalidad y la política internacional aconsejan. Volvió al eje en torno al conflicto judicial con Irán por la AMIA e hizo un fuerte planteo por Siria, que merece ser destacado: como su par chileno Sebastián Piñera, propuso reformas al Consejo de Seguridad, para que sirva antes de que los conflictos estallen y no después. Dijo que resulta "incomprensible" que "se hayan dado cuenta" hace poco tiempo de la crisis en Siria cuando ésta lleva más de dos años y medio con "150 mil muertos, donde el 99,99 por ciento murió por armas convencionales y no químicas". Y remató: "¿Qué diferencia hay entre un muerto por armas químicas o por metralla?”. 

Poesía política

Pero si los mensajes a las Naciones Unidas pasan muchas veces con tanta indiferencia o formalidad, repetitividad o abulia, como el “espacio publicitario” en los canales de cine, ese no fue el caso del discurso del presidente uruguayo José “Pepe” Mujica.

Un antiguo funcionario de las Naciones Unidas, evaluó, en estricto “off the record” al ser consultado para esta columna: “Desde hace 20 años que escucho estos discursos y es la primera vez que escucho uno realmente conmovedor”.

Mujica hizo poesía política. Igual que en los casos anteriores, probablemente ese grupo de palabras no vaya a cambiar al mundo. Pero por lo menos dejan abierto un espacio para que lo discutamos aquí y en mil sitios más de prensa. Fue un mensaje con sustancia y sentimiento en boca de un presidente, y eso es, como hemos evaluado antes, “suficiente”.

“Nuestro mundo –dijo el “ex guerrillero en Nueva York”, como lo tildó parte de la prensa- necesita menos foros mundiales. El capitalismo productivo está encerrado en las bóvedas de los grandes bancos”. 

“Nos estamos quedando sin ojos y sin inteligencia colectiva. No podemos manejar la globalización porque nuestro pensamiento no es global. Los hombres de ciencia deben ser los consejeros de la humanidad”, sostuvo el en tribuna de la máxima instancia multilateral.

En definitiva, ese gigantesco espacio en donde las palabras de muchos países a veces se pronuncian en el incomprensible idioma de los diplomáticos que avalan guerras comerciales, sin más repercusión que una amarga letanía, consiguió, esta vez, eco fuera de sus grandes muros. De eso estamos hablando.

Opiniones (1)
24 de abril de 2018 | 04:51
2
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24 de abril de 2018 | 04:51
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  1. Si la presidente fuera creíble sería perfecto. Pero las cosas que dijo, son justamente falencias que ella les enrostra a otros y al mismo tiempo es el mejor ejemplo doméstico de hacer lo mismo que critica. Cuando habla de la prevención, dan ganas de reírse por ejemplo con los damnificados de La Plata, nunca se controló que se ejecutaran obras, dan ganas de reirse cuando inaugura o estatiza ferrocarriles, y se llevó puestos a mas de 50 personas en un solo hecho de falta de prevención, pero avisado en todos los noticieros que enfocan los trenes con la gente colgada, dan ganas de llorar con su plan de inclusión para delincuentes como los barra bravas, o a diferencia de Rouseff, que cuando le apuntan corrupción de alguien, lo echa, y ésta lo mantiene mas firme que nunca. En fin "haz lo que yo digo y no lo que yo hago".
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