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La música en la historia de don José de San Martín

San Martín tuvo una importante formación musical. Prefirió la "plebeya" guitarra que comenzó a aprender en los campamentos militares, perfeccionándose luego con el gran compositor e interprete maestro Fernando Sor.

La música en la historia de don José de San Martín

Un aspecto poco conocido de la vida de nuestros próceres es el de sus aficiones artísticas.

Juan Bautista Alberdi fue un notable compositor (autor de minués muy al estilo romántico francés, sencillos pero interesantes, reestrenados como curiosidad por la Camerata Bariloche en los '90).

Juan Manuel de Rosas es autor de un libro de poemas dedicados a su hija Manuelita (perdido despues de Caseros).

Notable guitarrista fue el general Lamadrid que alternaba la composición de vidalitas (cuyas letras se conservan en sus "Memorias") con sus dotes de cocinero.

Sarmiento, en San Juan, junto a su amigo Antonino Aberastain fue integrante de un grupo de teatro en el que participó como actor y director.

José Artigas y Bernardo O'Higgins fueron acordeonistas. El militar chileno tuvo, además, dotes notables de pintor, conservándose varios cuadros suyos que representan episodios de la Campaña de Chile con San Martín.

Tambien fue pintor el general y abogado Manuel Belgrano, tan autocrítico, que destruía sus obras nada más terminadas. Mejor suerte corrió su poesía. En un estilo clásico, dedicó unos versos a Juana Azurduy.

José de San Martín no fue la excepción.

En el Museo Histórico Nacional se conservan algunas acuarelas suyas ( las marinas que adornan la habitación en que falleció) y se destaca como obra original el diseño de la primera bandera peruana. Su afición fue compartida por su hija Mercedes, autora de un retrato de Simón Bolivar, una copia del Estandarte de Pizarro y un retrato del Libertador anciano. No es obra de Mercedes el famoso retrato "de la Bandera" favorito del Gran Capitán, sino que parece ser más bien de su maestra de pintura, cuyo nombre se desconoce.

San Martín y la música

San Martín tuvo también formación musical. Prefirió la "plebeya" guitarra, cuyos rudimentos pudo aprender en los campamentos militares, pero su técnica la perfeccionó nada menos que con el compositor e intérprete Fernando Sor que vivió entre 1778 y 1839. Su obra "Estudios", es la base de la formación de todo guitarrista aún en la actualidad y cuyos méritos le valieron el apodo de "Beethoven de la guitarra".

Fue autor, de dos sinfonías, un concierto para violín y orquesta, varias óperas ("Telémaco en la isla de Calipso") y ballets. Cabe destacar que éstos compositores de importancia, en general no aceptaban a cualquier alumno, por lo cual, las dotes musicales del Libertador deben haber sido notables.

San Martín cultivó y gustó de su arte. El coronel Félix de Olazábal cuenta en sus memorias que "después de elaborar un plan de combate, trazando mapas y otros elementos necesarios, pedía la guitarra a su asistente y así tonificaba su espíritu en la intimidad de su alma. Una de las guitarras de San Martín ostentaba esta leyenda en su interior:"Juan Pagés- la hizo en Cádiz- año 1815". No se sabe que el Libertador haya sido también compositor. No se conservan partituras suyas y aunque fue un buen improvisador (todos los músicos de la época lo eran) no han quedado testimonios que dieran una visión de sus dotes.

El Ejército de los Andes

Sin lugar a dudas, el Ejército de los Andes fue el primero de América en merecer tal nombre, por el cuidado que puso San Martín en su organización.

Hasta ese momento, ningún jefe había tenido en cuenta el cuidar personalmente de todo. Desde la instrucción del soldado hasta la forma en que debían tener las botas para ser más cómodas.

Aspectos tales como la asistencia espiritual de la tropa y su alimentación, funcionaban a la perfección.

La música como estímulo

La música, como estímulo para mantener la moral del soldado elevada, acompañarlo en marchas y desfiles y aún en la batalla fue uno más de los elementos tenidos en cuenta por el Libertador.

En Europa había sido testigo de esos temibles asaltos de la infantería francesa, que avanzaba a la bayoneta cantando sus himnos de batalla "La victoire est a nous","On va leur percer le flanc" o "Le chant de l´Oignon" , así como los famosos ataques de los infantes escoceses acompañados de sus gaitas, y por supuesto, se preocupó de dotar a su Ejército de bandas militares mas o menos completas y que sonaran aceptablemente.

De ésta época se conocen los nombres de algunos músicos sobrevivientes, como el negro Domingo Lara, quien murió centenario tras haber sido trompa de órdenes en Chacabuco y Maipú, José Pons tambor del Batallón de Artillería de los Andes, veterano del Alto Perú,Chile y el Perú, un tal Latorre (no se conoce su nombre de pila) tambor mayor en el Alto Perú y Chile, y José Agapito Roco, tambor mayor del Batallón Nº7, (que solo contaba con tambores de órdenes).

Las bandas que acompañaron al general San Martín

El Ejército de los Andes contó con dos bandas más o menos completas, en los batallones nº 8 y 11 de los Andes.

El músico chileno José Zapiola cuenta que en 1817 entró en Santiago el Ejército que a las órdenes de San Martín había triunfado en Chacabuco. Traía dos bandas regularmente organizadas, sobresaliendo la del batallón Nº 8, compuesta en su totalidad de negros africanos y criollos argentinos "Estas bandas eran superiores a la única que tenían los realistas en el batallón Chiloé, que era detestable"

Los ensayos llevaban un pesado trabajo al director. El músico mayor, Matías Sarmiento (...) tocaba el requinto (clarinete mas pequeño y agudo que el común) y enseñaba a la banda instrumento por instrumento, haciendo oir a cada uno su parte por separado. Era el el único que sabia algo de música. El resto de los integrantes aprendía de oído lo que él les repetía ...

La banda de los negros

En 1810, un rico hacendado de Medoza, don Rafael Vargas, había adquirido en Buenos Aires 16 esclavos y los envió a estudiar música.

Los posibles maestros habrían sido Víctor de la Prada, que ese año abrió en la Capital una escuela de música. El otro, un inglés radicado en Buenos Aires, y cuyo nombre no se ha conservado, desertor o prisionero en las invasiones de 1806 o 1807. También don Blas Parera, creador de nuestro Himno Nacional, y autor de la música de otras canciones y marchas.

Aquellos 16 negros, provistos de uniformes e instrumentos, animaban las fiestas y reuniones privadas de su amo, así como algunas festividades públicas.

Rafael Vargas donó al Ejército de los Andes la banda completa, con vestuarios e instrumentos. Los esclavos incorporados ganaban su libertad.

Las bandas del Ejército de los Andes

Las bandas acompañaron al Ejército en el paso de los Andes y desde la cuesta del Valle Hermoso, a la vista del territorio chileno, fueron las ejecutantes de nuestro Himno Nacional, que resonó en Chile como anuncio de su libertad.

El 22 de julio de 1817, San Martín y O'Higgins fundaron en Santiago una Academia de Música, dirigida por el teniente Antonio Martínez, que contó en un principio con 50 alumnos, provista con instrumentos traidos de Londres y Estados Unidos.

El repertorio

El repertorio de las bandas del Ejérito de los Andes incluía danzas populares como la Sajuriana, el Cielito y el Cuando y también valses.

Entre 1810 y 1818 se habían compuesto numerosas marchas en Buenos Aires, en su mayoría debidas a la pluma de Ambrosio Morante y Blas Parera.

- "Marcha patriótica" con letra de Esteban de Luca y música de Blas Parera

- "Canto patriótico" letra de fray Cayetano José Rodríguez y música de Blas Parera.

- "Marcha Oriental" letra de Bartolomé Hidalgo

- "Canto patriótico" letra de Saturnino de la Rosa, música de Blas Parera

- "Himno al 25 de Mayo" música Luis Ambrosio Morante

- "Marcha militar y patriótica", música Luis Ambrosio Morante,

fueron algunas de las composiciones.

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20 de agosto de 2018 | 12:02
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