opinión

La pesca de truchas: un deporte de alto riesgo

La pesca de truchas no es sólo una amenaza a la biodiversidad, sino a nuestra identidad.

La pesca de truchas: un deporte de alto riesgo

La pesca de truchas es una actividad muy difundida en nuestra Patagonia, atrayendo no sólo a argentinos, sino también a extranjeros. Debido a que en esta actividad se conjugan el deporte y el deleite de bellos paisajes, el turismo en las áreas de pesca constituye uno de los recursos económicos más importante de la región.

Así, la trucha es "venerada" por los pescadores y turistas, y hasta tiene monumentos propios y calles con su nombre. Remeras, calcomanías y artesanías están dedicadas a las especies de truchas presentes en los ríos y lagos, con leyendas como "Pesca y devolución" (o "Catch and release", en inglés). Bajo este lema de cuidarlas, quien difunde este mensaje está convencido que está realizando una actitud ecologista, protegiendo el medio ambiente.

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Monumentos, nombres de calles y otras formas de resaltar la importancia de la trucha en detrimento de las especies nativas, que son las más perjudicadas por estos salmónidos exóticos.

Sin embargo, está haciendo todo lo contrario. Como hemos mencionado en notas anteriores, las truchas están consideradas dentro de las 100 especies exóticas más invasoras del mundo. Originadas en el hemisferio norte, se adaptan fácilmente a nuevas condiciones, tienen una alta tasa reproductiva y son altamente voraces, alterando la composición de la biodiversidad original del ambiente y reduciendo las poblaciones de insectos acuáticos, camarones, anfibios y peces nativos a través de la depredación, el desplazamiento, y competencia por el alimento y refugios. Como otras especies exóticas, la pérdida de biodiversidad sólo es una de las consecuencias, a la que puede agregarse la transmisión de enfermedades a otros peces y el impacto cultural que se genera al valorarse más a una especie exótica que a una especie autóctona. Incluso desde los organismos gubernamentales se estimula la pesca de especies nativas en favor de las exóticas invasoras. Sin ir más lejos, en los cuerpos de agua de Mendoza se prohíbe la pesca de truchas o se permite como máximo la extracción de dos ejemplares, mientras que se permite la pesca de hasta 15 individuos de perca o trucha criolla y hasta 80 de pejerrey.

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La Trucha arcoiris es un voraz depredador que afecta a las poblaciones nativas de peces, anfibios e invertebrados. Está considerada dentro de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo.

Pero el riesgo mayor es otro, que está siendo cada vez más alarmante y está en relación con la pesca de truchas. Se trata de un alga unicelular conocida como "moco de agua" o didymo. Originaria de la región templada fría del Hemisferio Norte, ha sido trasladada involuntariamente en los equipos de pesca a distintos ríos y lagos del mundo. En nuestra región fue detectada por primera vez en 2010 en la  cuenca binacional del río Futaleufú. Al cabo de un año su presencia ha sido confirmada para 20 ríos a lo largo de 800 km, es decir, su rango de dispersión se amplía muy velozmente. Entre los ríos que han sido colonizados se pueden mencionar el Rivadavia, Arrayanes, Las Pampas y Azul (Provinica de Chubut), Collón Cura y Chimehuín (Pcia. de Neuquén), Foyel, Manso, Los Repollos, Azul y Quemquentru (Pcia. de Río Negro). También ha sido detectada en los Lagos Nahuel Huapi (sector en la Pcia. de Río Negro), Rivadavia y Verde (Pcia. de Chubut).

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A pesar de ser un alga unicelular, las floraciones del didymo cubren por completo el fondo de ríos y arroyos modificando drásticamente las condiciones de vida en esos ambientes.

Esta alga trae dramáticas implicancias ecológicas, económicas, sociales y estéticas. En determinados momentos se producen fenómenos conocidos como "floraciones", que son crecimientos masivos que generan gruesas capas de material extracelular que se acumulan sobre los sustratos dando el aspecto característico de una alfombra marrón. Además de cambiar drásticamente el paisaje, en estas floraciones la concentración de materia orgánica y clorofila exceden los umbrales que determinan condiciones saludables de los sistemas. Así, modifican la diversidad y riqueza de especies, los tamaños de las poblaciones de organismos acuáticos, y el ciclo de nutrientes. Los peces que habitan el bentos (es decir, el fondo) y consumen mayoritariamente invertebrados bentónicos son los más afectados. El impacto puede llegar incluso a las poblaciones de truchas, ya que se reduce su alimento y los sitios para desovar.

Una vez instalada en un cuerpo de agua es casi imposible eliminarla, por lo que la prevención es la principal medida a tomar para que esta alga no siga dispersándose y ocupe los cuerpos de agua de Mendoza, ya que los ambientes de cabecera y lagos de la provincia son lugares altamente susceptibles de ser invadidos. 

Si queremos seguir disfrutando de los paisajes de nuestra provincia, no permitamos que esta alga nos invada. Las truchas ya no las podremos eliminar, pero debemos ser conscientes de los daños que provoca y evitar introducirla en aguas aún no colonizadas. También podemos tomar una serie de precauciones para evitar que el didymo llegue a Mendoza y la pesca sea la causa de riesgos ambientales mayores. 

¿Qué se puede hacer para prevenir el ingreso del alga a la provincia?

Debido a que este organismo es altamente resistente fuera del agua, es imprescindible desinfectar el equipo de pesca (botas, wader, botes, cañas, etc.) una vez utilizado, y antes de ser ingresado a un nuevo cuerpo de agua.

Chequeo: antes de abandonar el río o lago, buscar restos de algas y sedimentos en los equipos y embarcaciones, y retirarlos cuidadosamente en el sitio. Si encuentra restos después de haberse retirado, tratarlos y posteriormente depositarlos en la basura, no en los desagües domiciliarios.

Limpieza: remojar y refregar todo lo que estuvo en contacto con el agua por lo menos durante un minuto en alguna de las siguientes soluciones:

a) solución de lavandina al 2% (un vaso pequeño o 200 ml en 10 litros de agua)

b) solución de sal al 5% (50 gr de sal en 10 litros de agua)

c) solución de detergente al 5%.

d) agua muy caliente por encima de 60 °C (o durante 20 minutos en agua caliente por encima de 45° C).

Todas las superficies deben estar en contacto con la solución limpiadora.

Los equipos que absorban agua (chalecos salvavidas, botas de pescador, waders) deben dejarse en remojo al menos 30 minutos, en algunas de estas soluciones, para asegurar su limpieza.

Congelación: otra alternativa que también mata a las células de esta alga es congelar cualquier artículo hasta que se solidifique.

BIOTA – Asociación para la Conservación de la Diversidad Biológica Argentina

www.biota.com.ar

https://www.facebook.com/Asociacion.Biota

Opiniones (1)
22 de abril de 2018 | 08:12
2
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22 de abril de 2018 | 08:12
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  1. No hay mejor pesca en el mundo que mosquear una trucha en un rio.
    1
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