opinión

El peronismo como franquicia

El triunfo de Massa y la huída de los sectores medios que apoyaron a CFK en 2011. Un movimiento que adapta sus candidatos al clima social.

El peronismo como franquicia

Por Julio Villalonga (@villalongaj) *

Una teoría que no es nueva ha sido reflotada en las últimas horas para la ocasión: como el PRI mexicano y otros movimientos políticos, particularmente en países del Tercer Mundo, el peronismo ha comenzado a demostrar su capacidad de mutar y busca un nuevo liderazgo. Luego de diez años de hegemonía, el kirchnerismo, de tendencia conservador-populista, estaría decayendo, y en su lugar estaría comenzando a conformarse un nuevo polo de poder bajo el paraguas de la incipiente candidatura nacional del intendente de Tigre, Sergio Massa.

En primer lugar, la comparación con el PRI no es ociosa. Advierte sobre un fenómeno de reconversión política que ha permitido que luego de ocho décadas, y más allá de las siglas, un sistema se haya mantenido en el poder casi sin interrupciones. Con menos antigüedad, se podría afirmar que el peronismo sobrevivió a distintas etapas cambiando la piel: tras la muerte de Juan Domingo Perón y la peor dictadura de la historia argentina, fue cooptado por su brazo sindical en 1983 y perdió las elecciones ante la ola liberal del radical Raúl Alfonsín; se renovó y se democratizó con Antonio Cafiero pero ganó las elecciones de 1989 con Carlos Menem, un populista que se reconvirtió en ultraliberal y logró permanecer una década en el poder; tras la “impasse” de la Alianza, en 2003 volvió con Néstor Kirchner y un proyecto conservador en la administración, neokeynessiano en lo económico y populista en lo político. Es decir, tuvo la capacidad de ir captando el clima social de la Argentina para darle respuesta a las correspondientes necesidades en cada momento.

Siempre según esta línea de análisis sociológico, el peronismo se trataría entonces de una suerte de “franquicia” política, apta para diversos tiempos y lugares.

La nueva “ola” dentro del peronismo exhibe a un potencial candidato que aunque repite el contenido y los acompañamientos del último Menem, lo hace en un envase obligatoriamente más moderno. Como en otras ocasiones, el peronismo se prepara para interpretar a su base social, compuesta sustancialmente de sectores medios urbanos, tanto asalariados del área de servicios como de la industria. Massa se dirigió sin dudarlo a esa clase media que necesita representación, según dijo en su discurso el pasado domingo, clase media que se alejó del kirchnerismo en estas PASO y que probablemente lo haga en las elecciones del 27 de octubre en tanto comicios legislativos de medio término, decimos nosotros.

Lo primero que hay que decir es que también lo hizo –y en casi idéntica medida– en 2009, tras lo cual todo indicaba que, con el rumbo que había tomado el primer gobierno de Cristina Kirchner, su esposo, Néstor, se encaminaba a una elección presidencial de incierto resultado en 2011. Lo que sucedió luego es historia conocida.

Ahora bien, lo distinto de estas PASO (lo que se aplica naturalmente a las elecciones de octubre) es que tienen lugar en pleno proceso de reconversión del peronismo, proceso que está siendo obstruido por la potencia latente del kirchnerismo, que no tiene la intención de ceder su lugar a lo que vendrá, al menos no sin dar batalla con el objetivo de constituirse en un actor clave en cualquier transición, tanto hacia adentro como hacia afuera del peronismo.

La “franquicia” peronista, entonces, se debate en una puja entre el polo conservador-populista del kirchnerismo, sin heredero claro hasta ahora; el polo neoliberal encarnado por el massismo; y el polo encarnado en la figura de Daniel Scioli, que jugó fuertemente en estas primarias junto al kirchnerismo pero cuyo destino depende de una decisión unilateral de la Presidente. Que podría no elegir al gobernador bonaerense como su heredero político “in rectore” para el 2015 y, en cambio, sí, impulsar una interna con, por ejemplo, el gobernador de Entre Ríos, Sergio Uribarri, uno de los pocos que se salvó de la debacle del kirchnerismo en el interior, lo que le daría nueva potencia a una candidatura K en las presidenciales de ese año.

Un dato no menor es la anomia en la que se mantiene la oposición no peronista, lo que explica en parte el caudal electoral que conservan las distintas variantes peronistas, cercano al 75 por ciento.

La pregunta del millón es si el rechazo de los sectores medios al Gobierno nacional del que se valió Massa, es definitivo o solo coyuntural. Y si existe margen para recuperar algo de ese voto. Esto apenas de cara a octubre. De cara a los últimos dos años de gestión, la revulsión dentro del peronismo irá en paralelo a la capacidad del kirchnerismo de regenerarse, dado que es el único sector interno electoralmente con peso propio, con un piso no menor al 25 por ciento. Massa aún debe construir su espacio, latente en los rechazos que en el interior cosechó el Frente para la Victoria con figuras como José Manuel De la Sota, dentro del peronismo, y Hermes Binner y Julio Cobos, fuera de él.

Massa irá en busca de esos sectores medios sin distinción de colores, como lo hiciera hace 25 años el propio menemismo, con una “ambulancia” a la que se subieron dirigentes que con el tiempo nutrirían las distintas vertientes del peronismo, fueran populistas de izquierda o de derecha.    

* Director de gacetamercantil.com

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26 de mayo de 2018 | 12:41
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