opinión

A la hora de los bifes todos son vegetarianos

O cómo nuestros amados políticos se desgañitan jurando hacer lo que nunca hacen: unirse.

A la hora de los bifes todos son vegetarianos

Aquellos pobres diablos que nos desvelamos ante la triste evidencia de que nuestra clase política no llega a mínimos exigibles de coherencia solemos caer en una cruel desesperación cuando vemos cómo estos dirigentes terminan pareciendo autitos chocadores que no chocan solo entre ellos sino además contra lo que ha sostenido cada uno hace un par de años, o tres meses, o cinco minutos atrás.

Por ejemplo: todos los opositores afirman muy orondos o muy crispados que “la gente” (ese fetiche inextricable) les exige que se unan para derrotar al gobierno. Y pregonan que se matan trabajando en pos de esa unidad. Sí, pero después asistimos a espectáculos deplorables como el que dio Elisa Carrió en TN la semana pasada, cuando parecía que estaba por competir directa y descarnadamente contra quien en realidad es su aliado y compañero de fórmula, el cineasta filoperonista Pino Solanas. Lo vapuleó cuanto pudo, lo tapó todo lo posible y hasta le acusó de “pejotista”; o sea, “aparatero”, verticalista, dogmático y obediente a alguna jerarquía que no se sabe cuál es, dado el carácter de outsider peronio que Solanas cultiva hace un par de décadas al montar sus propios quiosquitos partidario-electorales cada vez que puede. Eso se explica de una sola manera: es Carrió la mayor especialista en serruchar la rama donde está sentada, para desconsuelo de varios que aún le encuentran cualidades republicanas que ella misma se atribuye con total frescura pero termina revoleando por la ventana al decir, por ejemplo, que el portero de un edificio fue quien la convenció de presentarse a esta elección... e  inferir acto seguido que es (otra vez) “la gente” quien se lo pide. A ver: o siente un poderoso llamado interno/divino que le hace creerse la elegida para conducirnos a una especie de paraíso de republicanismo que ni Platón se hubiera animado a soñar, o es el pueblo que se lo reclama con cajas destempladas y la emoción a flor de piel. Tratándose de ella y según en qué día la agarrés, puede ser una cosa u otra o ambas a la vez.

No es el único caso de inconsistencia que muestran estas poco explicables aunque bien intencionadas PASO: tal vez estén justificadas en ciertos distritos y muy determinadas coyunturas, porque quieren presentarse varios dirigentes de palos similares para aspirar a lo mismo y así visto está bueno que los votantes rasos puedan preseleccionarlos y no sea solo la “nomenklatura” interior de cada partido quien los ponga en la grilla de las elecciones posta que realizarán en octubre, recordemos. Mencionábamos a Carrió-Solanas, una de las duplas que se presentan por UNEN en la Capital Federal, alianza que revuelve a varios cuentapropistas de la política nacional y no solo allá en donde atiende Dios. También sucede con otras agrupaciones en varios distritos (Mendoza la perezosa incluida, por el lado del PD, alguna izquierda, el FAP...) y no está mal, ya que por ahí se viene canalizando algo por lo cual suspiramos muchos: ¡Que pinte alguna oposición y no solo opositores sueltos, che! Pero es muy prematuro pensar si será sostenible en el tiempo luego que pasen las PASO y los comicios de medio término. Seguro que no, porque ya varios dijeron que esto es una UTE (Unión Transitoria Electoral) y no hay por qué no creerles, dados los antecedentes. Si aceptamos que hoy Fulano está contra Mengano (el que hasta ayer era su hermano de leche) y que ahora Zutano combate a ese Perengano con el que se juraron amor eterno un año atrás... y que con vistas a octubre todo puede recombinarse de nuevo... Tranquilos, tal vez en los siglos venideros podamos sacar media conclusión sobre este proceso tan novedoso. Pero si quieren el consejo de un pobre gil, mejor no lo intenten, porque les puede alborotar la digestión. A mí me pasó.

Por el lado del oficialismo se nos pregunta: “¿Refundamos la democracia o tomamos mate? Yerba no hay...”. Y cada quien sabrá cómo interpretar esta simple aseveración (quiero aclarar que los calzoncillos de lata no sirven como protección en este caso, y te las paspan). El épico “Vamos por todo” queda bien explicitado con los proyectos ya arrojados a la consideración nacional antes de o durante la presente campaña: reforma judicial, formateo del sistema financiero y alianza con Chevron para resucitar a la vaca muerta, entre otros que muestran una vocación de poder que ojalá estuviera mejor repartida en el arco político. Pero no: se trata del proteico PERONISMO, que en uno de sus deliciosos sabores nos está gobernando hoy, como casi siempre. Y mejor ni acordarse de lo que pasó cuando no lo hizo. Encima, se dan el lujo de plantar a un desertor-resentido-eventual caballo de Troya-futura bisagra como es el sinuoso Massa, quien niega tres veces a su aliado provincial (¿Macri?) pero bien que lleva a gente de él en la lista, contribuyendo alegremente a la confusión general. Y les queda resto para que haya vivillos y/o incautos (andá a saber) que les legitiman las movidas, como los Rodríguez Saá. Son tan mutantes como la izquierda dura, con la diferencia de que esta se autodestruye de tanto dividirse, y el peronismo se fortalece cuanto más se replica, porque apenas terminan los fuegos fatuos electorales todos corren a encolumnarse detrás del triunfador, y así te venden que son un “movimiento” tan amplio y democrático que incluye a todos y a todas, a los ganadores y a los perdedores, a los hijos pródigos y a los hijos de p..., a los idos y a los venidos... Nadie ni nada queda afuera si es que las cervicales le permiten agachar la testa ante el ganador mientras todos los otros de los diversos partidos se van a sus casas. Si por ventura algún desclasado perdiera el último bondi al Finisterre peronista, siempre podrá esgrimir en la próxima que está armando un quincho donde refugiar a los “verdaderos peronistas de Perón y de Evita”, porque se da por sentado que quienes gobiernan no son de esos... Y todo vuelve a empezar. Ustedes me entienden... o deberían, porque esta peli ya la vimos muchas veces.

Y volviendo a lo que postulamos en el título de esta pobre columna: Nos tiran la “unidad” por la cara a cada minuto, pero el negocio es dividirse, al menos con vistas a las elecciones del domingo próximo. Seguro que pasando el piso mínimo vital y móvil de los 20.000 votos los supervivientes se recombinarán entre sí cual ADN de ameba para rascar más pesos estatales que les permitan una vuelta más en la calesita eleccionaria. Pero ya podemos ir sabiendo que solo uno obtendrá la sortija, y será algo así como peronista. ¿Es que acaso no somos un país peronista? Les dejo la inquietud, y respondan si pueden porque a mí no me da.

ATENTI: Nadie crea que por aquí estamos clamando por la aparición de una nueva “Armada Brancaleone” solo movilizada por el odio o el asco como ya pasó en 1955, 1976, 1999... y siguen las firmas. Eso no sirve para nada, conste. Y menos aún queremos que el monstruo de mil cabezas llamado Peronismo siga campeando por estas pampas como si fuera lo único, lo último y lo mejor que hay. Tal vez a alguien se le ocurra plantear otra opción alguna vez. Les aseguro que ese no seré yo, quédense tranquilos. Pero que hay que hacerlo, hay que hacerlo.

La seguimos la semana que viene y con el diario del lunes en la mano (júrenme que no vamos a abusar del “Yo te lo dije...”). Hasta entonces.

Opiniones (1)
20 de abril de 2018 | 00:31
2
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20 de abril de 2018 | 00:31
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  1. La única fuerza capaz de "colaborar" con el país es el radicalismo, que debe, necesariamente, reinventarse y remitirse a sus fuentes, pero a las fuentes en serio, a las de bien atrás, la de allá del fondo de la historia. Cuando los jóvenes radicales se hagan cargo de esa historia y le den una patada en el culo a los actuales dirigentes radicales, ahí el país comenzará a "celebrar", ahí arrancará un nuevo período con posibilidades de alternancia. Pero ojo que hablo de ese radicalismo anterior al peronismo, de ese que quedó hecho hilachas por el odio hacia el peronismo, del que no supo qué era el peronismo y por desconocimiento y miedo prefirió enfrentarlo en vez de buscar las raíces del surgimiento del peronismo y criticarse a sí mismos por qué no fueron ellos capaces de arrastrar el carro del frente popular. Cuando el radicalismo se vuelva a ver en el espejo y no se mienta a sí mismo, ahí habrán posibilidades. Radicales, amigos, déjense de actuar como gansos que todos sabemos no lo son, uds. son pueblo, son barrio, son lucha contra los que quieren apoderarse de lo que le pertenece al pueblo, ¿por qué no vuelven a sostener esos ideales que les sirvieron para nacer como fuerza política y se dejan de defender posiciones de narices repingadas, corporaciones y estamentos sociales a los que sólo les interesa su propio destino y no el colectivo?
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