opinión

No a “la gente”

¿A qué se refieren los políticos cuando se refieren a "la gente"

No a “la gente”

Casi no hay político que, pensando cosechar votos, se prive de referirse repetitiva, monótona, estúpidamente a “la gente”. En gran medida los opositores y, más particularmente, los de “centro-derecha”. Sí, ésos que no son ni centrados ni de ninguna derecha, porque se han inyectado con la cultura de la izquierda en su modo de entender al hombre y a la sociedad, y porque son adoradores del capitalismo financiero que periódicamente inventa una nueva crisis para mantener maniatados a uno y otra, en pos de lo peor de la globalización.

En fin, vengan de donde vengan, porque tampoco los oficialistas se privan de nada, los políticos declaman lo que hacen o lo que hay que hacer para “la gente”. Es como si hubieran descubierto una especie de pragmatismo al que, sin pudor de repetirse unos a otros en su vacuidad de ideas, han bautizado y nombran permanentemente como “gestión”. Y así va la charlatanería, entre “la gente” y “la gestión”.

Pero, ¿qué es “la gente”? ¿A qué se refiere ese gentilicio tan inespecífico? O, mejor, ¿cuál es el modo de expresión de esa masa informe a la que llaman “gente” y cuál la manera de detectar y de medir sus requerimientos, que se supone los políticos buscan resolver?

En la práctica, “la gente” es el producto de encuestas y estadísticas. Sin ninguna relación con lo que pasa por los espíritus, se hacen preguntas predigeridas a un determinado número más o menos representativo y de allí surgen porcentajes sobre los cuales se establecen las necesidades de “la gente”. Lo que no estaría mal –si fuese un procedimiento honesto, y no dirigido y pago según resultado, como ocurre habitualmente- para determinar algunos datos de realidades concretísimas; pero que no es método para establecer las apetencias profundas de un pueblo. Podrá valorar toneladas, kilómetros o hectáreas; pero no anhelos, ni Fe, ni sentido de patria. Sentimientos superiores que, en tiempos de hipocresía como los que corren, todo el mundo esconde como la vaca la leche cuando le niegan su ternero.

Por otra parte, el término “la gente” es una denominación tan falta de afecto como podría ser “la especie” o “el montón”. Uno puede referirse a ella con la misma frialdad con que se refiere al ganado o al cardumen. Implica una distancia llena de soberbia entre quien interpreta y los infelices interpretados.

Nunca he sido peronista. Sin embargo: ¿alguien puede imaginar a Evita hablando de “la gente” en lugar de referirse al pueblo desde el fondo de su alma?

Es que esto de “la gente” no es sólo una moda verbal, que unos toman de otros como el “me parece”, el “fuertemente” y todas las demás vulgaridades que sin distinción adoptan los políticos. Esta denominación implica el anonimato y la falta de distinción imprescindibles para globalizar al hombre sobre la base de sus tendencias más elementales y de menor calidad;  para hacerlo standard en pos de “paradigmas” manipulables.

Aquí eso se hizo notorio –por lo menos fue tan evidente como para que lo señaláramos entonces por escrito en “Vísperas”- hacia el final del gobierno de Lanusse y el arranque de Cámpora. La fábrica norteamericana de jeans lanzó una propaganda que decía “Lee identifica”, con lo que –bajo el pretexto de brindar identidad a quienes usasen sus pantalones- estaba diciendo Lee construye idénticos. Tan idénticos y masificados como, del otro lado de la supuesta cortina, eran idénticas las eslavas bajo esos vestidos sin gracia que después dejaron ver a unos churros bárbaros cuando desaparecieron.

Desde aquellos años setenta tan confundidos se ha acentuado progresivamente la masificación en nombre del consumo de bienes y de ideas chatarra: lo que se lleva puesto, lo que se usa, y lo “políticamente correcto” que se piensa. Antes, las chicas se llevaban un disgusto cuando coincidían con sus amigas en el mismo vestido o los muchachos en la misma corbata. Hoy, la mayor parte hace alarde de llevar ropa casi idéntica y, peor, de la misma marca, verdadera o trucha. En el orden de las ideas, se ha dejado de intercambiarlas –lo “educado” es no chocar- para adoptar un discurso uniforme, sembrado de slogans y privado de toda lectura.

Son diferencias de actitud que van más allá de lo superficial. Implican una comodidad grosera, que se disimula en “lo que se usa” y en “el relato”, según se miren los aspectos externos o los intelectuales. Y a esa amputación tienen por blanco estos políticos que  no quieren a nadie.

Por ahí anda el asunto. Hablar de pueblo, hablar de compatriotas, se refiere a cosas en común: los antepasados, la historia, los padres. Hablar de “gente” significa referirse a  individuos sueltos con un DNI como único punto de contacto. Estos políticos y, en particular, este gobierno que reparte DNI a sola firma en busca de votos, no son capaces buscar otro rasgo ni demostrar otro afecto.

Porque, de hecho, hay un solo modo de hablar con cariño de “la gente” y ése es sintiéndola propia, como señala el magnífico y lamentablemente desconocido cuentista Alberto Llambí Campbell en su “La gente…, mi gente”. Y eso es producto del trabajo mancomunado y dignificador.

Al pueblo organizado tras un destino común se lo quiere; se puede dar la vida por él. A “la gente” se la trata de arrear sin afecto. Aunque no aparezca en la superficie, la Caridad tiene mucho que ver con todo esto. Y la Caridad no se reemplaza gesticulando ante el Papa y tratando de usarlo para ninguna campaña política.

Opiniones (4)
19 de febrero de 2018 | 11:41
5
ERROR
19 de febrero de 2018 | 11:41
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Hugo Esteva es un excelente médico y mejor persona. El sentido común forma parte de su propio ser. Lo conocí hace muchos años y hace tanto más que no lo veo. Lástima que sea porteño. O mejor, lástima que la mayoría de los porteños no se le parezcan. Espero siga escribiendo. Fue una alegría leerlo.
    4
  2. Me parece un tema superfluo. Si digo "gente" soy de derecha u opositor. Ya vi a alguien que decía hermanos y hermanas y se llevó todo puesto. Estoy viendo a alguien que dice todos y todas, y también se lleva todo puesto. Descalificar por la formas y no por los hechos es por lo menos discriminar. Porque los "hermanos y hermanas" se quedaron de un día para otro sin empleo porque había que "privatizar", criterio compartido por quién dice "todos y todas" en su momento. Sin embargo la "gente" de por ejemplo Illia, debe sentirse bastante bien con su recuerdo porque cumplió y no robó.
    3
  3. Impecable.
    2
  4. Conocí, hace muchos años a un Arístides Esteva, gran pescador. Sera algo de este hombre
    1
En Imágenes
El Carnaval de Venecia, en la cámara de una mendocina
13 de Febrero de 2018
El Carnaval de Venecia, en la cámara de una mendocina
París bajo la nieve
7 de Febrero de 2018
París bajo la nieve