opinión

Buenaventura Luna, puntal de la filiación folclórica de Cuyo

Político, periodista y luego folclorista, la historia de un hombre que se mantuvo en pie.

Buenaventura Luna, puntal de la filiación folclórica de Cuyo

Falleció el 29 de julio de 1955, a los 49 años, a causa de un cáncer de laringe, que le había hecho perder la voz. Sus restos fueron ubicados inicialmente en el panteón de Sadaic en el cementerio de la Chacarita en Buenos Aires. En su sepelio, el dúo Alfonso y Zabala tocaron una tonada. En 1956 se cumplió su deseo de ser enterrado al pie de un algarrobo en su pueblo, Huaco, donde se encuentra su tumba. Todos los 29 de julio, los estudiantes del pueblo realizan una guardia y los cantores llegan hasta el lugar para cantar y bailar al pie de su tumba.

Alto, severo, de oscura tez curtida por los soles, con mirada profunda e inquisidora, tenía la sonrisa triste de los criollos que viven su interioridad.

Su voz grave y cascada, como si le doliera quebrar el silencio, acentuaba la marcada tonada huaqueña.  Caminaba con andar de peatón indeciso Tenía una memoria de baquiano que nada olvida y un varonil concepto de la amistad (los hermanos los da Dios y los amigos los elige uno). Afirmaba que  las cosas bellas se dicen en pocas frases. Fue padre de 10 hijos con diferentes mujeres.

Sentía una intransferible ternura por su madre. Por ella y las hondas raíces echadas en su pago, debió serle muy duro alejarse de San Juan. En esa provincia cuyana, el 19 de enero de 1906, el mismo día en que moría el general Bartolomé Mitre, nacía Eusebio de Jesús Dojorti Roco, hijo de don Ricardo Dojorti,  primer intendente de Jáchal y de Urbelina Roco.

Los Dojorti en las invasiones inglesas

El apellido Dojorti proviene de John Dougherty, un soldado irlandés reclutado forzosamente para integrar las tropas británicas que invadieron el Virreinato del Río de la Plata en la primera invasión inglesa, en 1806. Luego de vencido, fue enviado como prisionero a San Juan con otros soldados invasores, hasta que se los autorizó a regresar a Gran Bretaña. John Dougherty rechazó la posibilidad debido a su condición de reclutado forzoso y decidió radicarse en Tucumán. Su hijo, Eusebio Dojorti Cabot, se instaló en Huaco, dando origen a la familia en la que nació Buenaventura Luna.

Como don Segundo Sombra

Una niñez feliz, campesina y cristiana que la figura materna nutría de espiritualidad,  marcó la personalidad de Eusebio.

De aquellos años venía su admiración y cariño por uno de los trabajadores de las tierras de sus padres: don Buenaventura Luna.

Hombre de confianza, encargado del ganado y responsable del ordeñe, cuyas tortas al rescoldo y relatos montañeses, saboreaba el niño, mientras era cargado en la misma montura de Luna o adormecido junto a él en torno  a los fogones. Este Buenaventura Luna, (al igual que don Segundo Sombra por parte de Ricardo Guiraldes), fue el personaje de su niñez y de quien tomó, a modo de homenaje, el nombre y los modos de su mentor para la creación artística. (Rogelio Díaz  Costa, escritor sanjuanino.)

Su educación

Inició la etapa primaria en la escuela Nº26 de Huaco, que fundó y dirigió  doña Teresa Zamora de Calcagno, y la completó en la Escuela Normal Fray Justo Santa María de Oro, en la villa de Jáchal.

Su inclinación por las letras fue estimulada por el maestro en artes don Eusebio Rodríguez, quien auspició la publicación de un artículo periodístico de su autoría cuando apenas tenía doce años. Su predilección por la poesía data también de esos años. No terminó la secundaria. Un temprano compromiso político, un inconveniente disciplinario y el intenso llamado por viajar y conocer lo alejaron de los estudios sistemáticos, a tiempo que se sumergía en el mundo fascinante de los viajes por el campo argentino y de las lecturas. Don Quijote, La Biblia, El Martín Fierro fueron sus compañeros permanentes. La influencia de los renacentistas españoles Fray Luis de León y Garcilaso de la Vega signa su poesía. Las lecturas políticas, sociales y económicas ocuparon mucho de su tiempo, sobre todo en la iniciación juvenil, y sin  mencionar una aproximación a la filosofía oriental, que lo influyó en la vida y en la creación artística.

Periodista y político

Las lides políticas lo registran ya joven como periodista en el diario de la Unión Cívica Radical Bloquista, La Reforma. Años después funda y dirige La Montaña, un semanario de vida efímera pero eficaz en sus propósitos.

Comprometido políticamente con su provincia y federalista convencido, fue activo aliado de Federico Cantoni en circunstancias azarosas y cotidianas.

Era Federico Cantoni un médico y político igual que sus hermanos Elio y Aldo, fundador de Unión Cívica Radical Bloquista.  Sus dotes de caudillo y conductor de avanzada marcaron una época en la historia política lugareña y aun en el país, puesto que San Juan fue pionero en algunas reformas que después abarcaron el ámbito nacional. Tal, por ejemplo, el voto femenino, que en esta provincia es anterior al año 30. Como todo gobierno fuerte y unipersonal, tuvo aciertos y errores importantes.  

La madre de don Federico recordaba que Dojorti le salvó la vida, en un difícil trance en la esquina de Sarmiento y Florida en Buenos Aires.

La rebeldía juvenil y la evolución en sus planteos lo llevaron a disentir con los conductores del partido. Deja la redacción del periódico oficialista La Reforma y unido a jóvenes de otras tendencias, también disconformes, funda un nuevo periódico: La Montaña, destinado a ser el órgano de un futuro movimiento político provincial, con vinculaciones nacionales.

Encarcelado y engrillado

La virulencia de los artículos que criticaban al gobierno y la actitud de evidente enfrentamiento, entre otros motivos, provocaron el secuestro del semanario, la detención del director y de los periodistas Montilla y Miscovich y su confinamiento posterior en Tamberías, en plena cordillera.

Cantoni mandó cerrar el diario y encarcelar a Dojorti y a sus principales editores en mayo de 1932. Fueron enviados a la cárcel cordillerana de Tamberías (Calingasta), y allí permanecieron engrillados, poco alimentados y mal abrigados durante 77 días. En agosto de ese mismo año, lograron fugarse gracias a los oficios del soldado Rodolfo Flores, quien había sido mozo de cuadra en la finca de su padre. Luego de andar perseguidos por los caminos de montaña lograron llegar a la finca del Yaguaraz, en tierras mendocinas.

La figura de Eusebio Dojorti cobra así relieve nacional. Otro pudo haber sido el significado de su quehacer público si hubiera perseverado en esta actividad. Aseguran sus contemporáneos que tenía verdadero talento y personalidad de conductor.

Desilusionado del quehacer político pero siempre deseoso de llegar a los demás, de comunicarse, y con un gran bagaje de conocimientos de la tierra que amaba, recogidos de sus largos peregrinajes, inicia a través de la radio su vida artística, que sería, en definitiva, el camino de la posteridad.

Actividad artística

Hacia 1935 había organizado un programa en radio Graffígna (hoy radio Colón) de San Juan, llamado Zafarrancho vocal, donde difundía poesías y las interpretaciones del dúo Tormo-Canales (Antonio Tormo y Diego Canales).

Compuso gran cantidad de canciones folclóricas y dirigió varios grupos, entre ellos, La Tropilla de Huachi Pampa, uno de los primeros en tener éxito masivo, integrado entre otros por Antonio Tormo y Diego Canales.

A fines de la década de 1930 condujo, en radio El Mundo de Buenos Aires, el primer programa radial de música folclórica de alcance nacional.

En 1949 concibió el proyecto de realizar una “antología bárbara” musical que rescatara y difundiera  las tradiciones argentinas. Al reivindicar "lo bárbaro", Luna se oponía a la dualidad "civilización o barbarie" que pregonó su comprovinciano D. F. Sarmiento, y por la cual era aceptada, como un principio básico de noción de “barbarie”, la cultura folclórica, como "saber del pueblo" o como cultura gauchesca. Buenaventura Luna concretó su proyecto en un programa de radio llamado El canto perdido, que fue transmitido en 1949 por radio Belgrano.

La Tropilla de Huachi Pampa

Amigo de las tertulias trasnochadas, versificador talentoso e infatigable, siempre tenía un grupo numeroso de seguidores. Integró y dirigió dos conjuntos que alcanzaron fama en todo el país y aún en el exterior: Los Manseros del Tulum y La Tropilla de Huachi Pampa. Acerca de cómo nació La Tropilla contaba: “Nos topamos en una de esas clásicas parrandas sanjuaninas. Empezaron a correr lo vasos de buen vino, las empanadas chorreantes de jugo y otras maravillas. Ni los muchachos que acababa de conocer ni yo pudimos con el genio: las cuartetas me brotaban como agua de manantial. Por su cuenta Canales, Tormo, Vaca, el Zarco Alejo y Narváez cantaban o se floreaban con la guitarra haciendo estremecer de gusto a las mocitas. El resto vino solito. Los músicos se ofrecieron a seguirme; yo simpaticé mucho con ellos y resolvimos marchar juntos a probar suerte en Buenos Aires”.

Su repertorio e intérpretes

Arriero (Canción)

Campo afuera (Canción: José Castorina –“El Zarco Alejo”-)

Carrerito (Tonada: Fernando Portal)

De campo afuera (Estilo: música del propio Buenaventura Luna)

El andariego (Gato: Diego Manuel Canales y Antonio Tormo)

El fogón de los arrieros (Vals: Diego Manuel Canales)

En la quebrada (Zamba: José S. Báez)

Grito pampa (Triunfo)

La gringa (Chacarera: Diego Manuel Canales y Antonio Tormo)

La tristecita (Zamba: Manuel Ortiz Araya)

Por qué será que parece (Canción: Fernando Portal y Oscar Valles)

Río abajo (Canción: música del propio Buenaventura Luna)

Romance indígena (Canción: Diego Manuel Canales y Antonio Tormo)

Triste huarpe (Canción andina: Remberto Narváez)

Vallecito (Canción: música del propio Buenaventura Luna)

Viento y arena (Canción: música del propio Buenaventura Luna)

Villancico de tu cuna (Villancico: música del propio Buenaventura Luna)

Yo le echo la culpa al tiempo (Cueca: Manuel Ortiz Araya)

Zamba de la toldería (Zamba: Fernando Portal y Oscar Valles)

Estos temas fueron interpretados y grabados por:

La tropilla de Huachi Pampa: estaba conformada por Tormo, Canales, Baéz, Narváez, “El Zarco Alejo”, José Castorina y Ferra. Otros artistas que también la integraron en alguna de sus muchas formaciones: Ángeles del Castillo, Alfonso Durán, José Zabala, Juan Gregorio Bustos, Manuel Ortiz Aray.

Los Manseros del Tulúm: estaba integrado por: Fernando Portal, Alfredo Molina, Ángel Barraza, Hilario Pueyo, José Mariscal, Guillermo Gándara, Oscar Valles, Mario Arnedo Gallo, Edmundo Heredia, Nicolás Venancio La Madrid, y “El Baquiano Santa Cruz.

Los Pastores de Abra Pampa: la integraban: Los dúos Viana-Canales, Burgos-Estrella,  Viana-Arce y Burgos-Maidana.

Los Manseros del Capayán: estaba conformado por: Ernesto Carrizo, Juan Pablo Rueda, Rodolfo Figueroa, Roberto Laínez, Manuel Núñez, Ricardo Palacio y Rafael del Pino.

Los Cantores de Quilla Huasi: Portal, Núñez, Lastra y Vega (más tarde Valles remplazó a Portal). Los Nocheros: el dúo Carrizo-Roteta.

Quien más ha cantado los temas de Buenaventura Luna ha sido su amigo Carlos Vega Pereda. Otros muchos intérpretes de sus obras, han estado también -en algún u otro momento- vinculados a Luna, Carmen Noguez, Antonio Tormo, Arbós-Narváez, Alfonso y Zavala (y asimismo Las Guitarras Cuyanas de Zavalita), Julia Vega, Hilario Pueyo y Alfredo Molina, Las Serranitas, Ángeles del Castillo, Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, y hasta el francés Jean Sablón.

Otros importantes intérpretes de aquí y de afuera han versionado los temas de Buenaventura Luna, tales como Mercedes Sosa, Los Fronterizos, Hugo del Carril, Los Chalchaleros, Ariel Ramírez, Osvaldo Pugliese (con la voz de Roberto Chanel), Horacio Fontova, Daniel Viglietti, Los Quilapayún, Melania Pérez, Los Trovadores, Julia Elena Dávalos, Los Huanca-Hua, Los Visconti, Los Cantores del Alba, Los del Suquía, Las Voces de Gerardo López, El Payo Solá, El Chango Nieto, Zamba Quipildor, León Gieco, Los Cuatro de Córdoba, El Chaqueño Palavecino, Ginamaría Hidalgo, Los Indios Tacunau, Tránsito Cocomarola, Horacio Guarany, Roberto Rimoldi Fraga, entre tantos otros.

Cultura e identidad, por Buenaventura Luna

“Al iniciar -por encargo de RCA Víctor Argentina- estos trabajos de recopilación y ordenación de los cantares, danzas, y danzas cantadas tradicionales de nuestro país, parécenos indispensable formular algunas advertencias y aún ciertas recomendaciones relativas a las grandes dificultades con que se tropieza en su estudio y a la mucha conveniencia de ahondar en el mismo, pese a todo. Los especializados en sociología duélense de la facilidad con que se entrometen en la vida argentina infinidad de expresiones espirituales foráneas y en absoluto extrañas a nuestra propia alma. Dicen ellos, y así es la verdad, que nuestro lenguaje está plagado de ‘cocolichismos’, anglicismos y otras palabras o giros de países diversos, que en nosotros vienen a quedar tan a lo postizo como el ‘jazz’ y la música afrocubana en general. Compartimos aquel duelo, pero no incurriremos en la ingenuidad de querer afear las cosas de los ‘gringos’, que nuestra juventud aprende justamente porque en el orden moral el ocio es imposible. Queremos decir que si hemos asimilado lo extranjero, ha sido, no porque no lo hayamos comparado con lo nuestro diciendo que aquello es mejor, sino porque con anterioridad habíamos abandonado y aún olvidado nuestra propia manera tradicional de ser. No es lo mismo negarnos por haber mirado hacia fuera, que mirar hacia fuera como resultado de habernos, previamente, negado. El ‘jazz’ y todo extranjerismo, con la consiguiente corrupción del idioma -que por otra parte corresponde a nuevos módulos y necesidades de vida- no prueba nada contra nuestra juventud, cuya natural energía que no puede quedar ociosa, se aplica al conocimiento, aprendizaje y culto de lo foráneo, no antes, sino después de que los padres han abandonado lo de los padres, lo de la casa y de la patria. Siendo ello así, de nada vale irritarse en procurar el desprestigio de la música, costumbres y palabras que viniendo de afuera se sustituyen a las nuestras, señoreando nuestra vida social y desdibujando cada vez más nuestra propia fisonomía social, al debilitar paralelamente, nuestra fe en nosotros mismos. Reprocharle a la juventud su preferencia por el fox o por la conga será estéril, si no atinamos, antes que nada, a mostrarle y poner a su alcance la superior belleza de nuestros propios aires tradicionales. Éste debe ser el principio de la gran tarea que nos reclama a los argentinos: la tarea de recuperarnos espiritualmente en medio del bullicioso desconcierto que caracteriza a este instante de la historia.”

Nota del autor de esta columna: Este artículo es una compilación parcial de diferentes trabajos biográficos:

Buenaventura Luna su vida y su canto, de Hebe de Gargiulo, Elsa de Yanzi y Alda de Vera. Publicación de homenaje del Honorable Senado de la Nación,1985. Enciclopedia Wikipedia.

Historia de la Música Folklórica Argentina, de Miguel Ángel Giordano (El Buque de Papel, Buenos Aires).

Opiniones (2)
25 de abril de 2018 | 00:14
3
ERROR
25 de abril de 2018 | 00:14
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Muy linda nota sr Torcetta. Muy completa. Solamente, me dice mi padre que el programa en Radio Colón se llamaba "Zafarrancho Oral". Saludos
    2
  2. muy buena nota, yo conocí a la Tropilla gracias a mi padre y realmente los recitados, que supongo que era la voz de Buenaventura Luna, y el cante de Tormo son maravillosos, la descripción de la vida campera es exacta y por momentos divertida, ojalá se difundiera este gran capítulo de nuestra cultura cuyana!
    1
En Imágenes
Aguas color Malbec
17 de Abril de 2018
Aguas color Malbec