opinión

Canción de amor a la última página

Una canción de cuna que casi nadie leerá o escuchará: en la noche de estos tiempos, un libro por lo menos nos aguarda.

“No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo
”.
“Tabaquería”, Fernando Pessoa.



¿Para qué hacemos lo que hacemos? ¿Cuál se supone que es el objetivo que perseguimos con nuestros actos? Es una noche de invierno y, a las dos de la mañana, me propongo escribir para contar acerca de aquello que estoy leyendo; aquello que alguien escribió y que, a fin de cuentas, tan pocos seremos los que lo leamos.

Vamos a los hechos: maravillosa novela de Liliana Bodoc, escritora prácticamente mendocina. De hecho, son dos novelas en una y se llama “Memorias impuras”. En un par de días, he de presentar a Liliana y su novela ante el público en el Le Parc; he de decir, allí, lo que pienso, aquellas reflexiones a las que me lleva mi lectura, pero es tanto el asombro y el alimento que uno quisiera que este milagro fuese más compartido.

Digamos ya mismo, aunque no venga específicamente al caso, que se trata de un libro estupendo, de historias sobre historias, de mundos plantados encima del mundo (a tal cosa, palabras más, palabras menos, se dedica la señora). Y digo. ¿Cómo es posible que alguien conciba tal entramado de bellezas para que, al fin y al cabo, prácticamente todo el mundo pasen de largo, camino al supermercado o al trabajo, como si jamás hubiesen sido urdidas? ¿Cómo es que, más allá de unos pocos miles que se reinventarán en su lectura, los demás pasarán de largo, como ante un tren que lleva a otro lugar o un comenta que hiere el cielo mientras estamos dormidos?

Pasan las páginas, como pasan los recuerdos que uno vive y atesora. A mi lado, al respecto, hay un cuaderno, en el que he escrito:

“Memorias impuras es la historia de una revolución.  Es la manera en que Liliana Bodoc nos da a conocer su idea del poder, de un poder gigantesco aplicándose en lo íntimo. Y de cómo las grandes luchas crecen desde el pie, desde los gestos mínimos, desde el intestino convencimiento.

“Memorias impuras es una prueba de la capacidad de amor de quien escribe: los personajes, ya creados, se mueven en libertad, se dicen a sí mismos, son genuinos, siguen un rumbo, evolucionan sin traicionarse, al amparo de breves intervenciones de la autora.

“Memorias impuras es una novela sumamente madura, con un lenguaje lleno de música, con un admirable manejo del tiempo narrativo y un abanico expresivo encantador…”.

Dejo de escribir y pienso: bien, escribo tal cosa, pero, al fin, de poco sirve: ¿escribir sobre lo escrito a cuántos llevará al tránsito por esas “Memorias impuras”? ¿Tener un propósito firme, aunque circunstancial, a cuántos dará sentido, al menos para fatigar las páginas de un libro repletos de bellezas y preguntas?

Bajo un metro más, casi hasta la altura del piso o ya un metro por debajo y me pregunto: ¿cómo hacer para convertir la educación y la cultura en un milagro cotidiano, en un ejercicio distinto al de los acopios materiales?  Y más: ¿para qué hacerlo? ¿Quién nos asegura que haremos más bella la jornada luego de transitar los libros? ¿Quién nos asegura que el valor simbólico es más duradero que la garantía de un electrodoméstico? (claramente, las preguntas que sirven siempre han demorado sus respuestas). 

“Memorias impuras”, esta noche, me azora y casi me silencia. Una historia salida de los puños de una mujer desnuda, me traslada una cosmogonía nutritiva, seductora, perenne, casi insólita. Y la soledad que me rodea es tan perfecta que me lleva a la escritura sin propósito.

Descanso. Saco los ojos del libro y, a mi alrededor, sigue desfilando el mundo y su carnaval de obscenidades. Miro un poco más lejos y caigo en la cuenta de que flotamos a bordo de una piedra absurda, y vuelvo a reparar en la falta de sentido que nos constituye.

Casi todo es noche en el universo que habitamos, casi todo es soledad y ausencia. Sin embargo, y he aquí la paradoja, nos sentimos tan eternos y estupendos. ¿No te ha pasado? ¿No has llegado a creer que aquello que hacés tiene algún sentido? Sólo las historias –sólo este libro, en esta noche, como espacio sin tiempo– aporta la justificación para que el todo sostenido en la nada no se venga a pique.

Soy consciente de que prácticamente a nadie le importa lo que digo (si no fuera así, cada autor mendocino vendería, por lo menos 300.000 ejemplares de cada una de sus obras, pero no es la intención lamentarnos por esto). Habida cuenta de la exquisitez del fracaso, me voy a dormir, no sin antes agradecer, estimado lector, que te hayas tomado el trabajo de llegar hasta el final de este soliloquio sin norte ni orquesta.

Bienaventurados aquellos que leen libros. De ellos, será el silencio y sus colores, al final del día, casi en completa paz, al pie de la última página.



Ulises Naranjo.

Opiniones (3)
28 de mayo de 2018 | 05:08
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28 de mayo de 2018 | 05:08
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  1. LA PALABRA Y EL SILENCIO... Hay como un contrasentido premeditado entre tus palabras y tus sentires. Es como "los curadores", así se les dice a quienes presentan las exposiciones de los artistas plásticos, como si las obras que fueran a presentar estuvieran enfermas. Pero válido en la esencia de buscar una forma de vender, dentro de ese caos que es tratar de intelectualizar el arte. Un poco de eso hay en el contrasentido que marco que menciono, más allá de la prosa poética, tratás de intelectualizar la novela de Bodoc desde el punto de la lógica intelectual; error que hace muchos años comete Europa. Esto me trae a la memoria la gira que hicimos en 1993, con la Coral de las Arenas, por España y Francia. Una noche, actuando en el teatro de Fronsac, la coral cantó 25 temas y nadie se movía en el teatro pidiendo otra y otra, hasta llegar a las 32 canciones. Curioso, que más allá de las diferencias de idioma, todo el público lloraba. En una reunión a continuación con artistas franceses, nos comentaban que ellos querían volver al arte que emociona, pero no sabían como, después de 60 años de intelectualizar el arte. Más allá de que de tu escrito se desprenda una serie de preguntas hechas a vos mismo, entiendo que el arte hay que sentirlo y si se entiende intelectualmente, mejor, pero lo importante es que la obra te genere mundos que ni siquiera el autor o en este caso la autora, se imaginaron. Creo que debes presentar la obra y dejar que esta hable por si misma, porque cada lector es un mundo.
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  2. Cadena de inspiración... Dan ganas de escribir sin dudas, cada uno como puede, con sus recursos y sobre todo con la inspiración, especie de ansiedad que golpea la puerta para querer salir, que sube como una ola desde el fondo del estómago a la cabeza y, lápiz en mano (dedos sobre el teclado)dejamos romper sobre el papel . Comparto lo de los sentires de uno de tus seguidores, de eso se trata, quizás la esperanza de cambiar y tomar conciencia sobre el sentido de las cosas tenga que ver con compartir más los sentires, lo que llamamos sensibilidad, que debemos desarrollar. La literatura, el hecho de leer belleza literaria, historias que ingresan en nosotros, nos sensibiliza y conecta con nuestras propias memorias "impuras", aquellas y las nuestras se emparentan, nos hacen sentir parte de un todo, la humanidad, una maravillosa experiencia. Me encontré con vos esta semana y tus palabras me dieron rabia, hoy me inspiraron ese mágico sentir que a vos, la lectura de memorias impuras. Saludos
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  3. Estimado Ulises, No comparto muchas de las ideas que vos promulgas, más creo compartir algunos de tus sentires. Pocas cosas o mejor dicho y sin mucho miedo a equivocarme, tal vez solo una, pueden quizás algún día generar, aún sin tener un sentido en si mismas y es la existencia de la raza humana en medio de ese infinito casi vacío. Tal vez alguna vez nuestros caminos se crucen y tengamos la oportunidad de hablarlo e intercambiar opiniones. MIentras vos aspirás a que la gente cambie algo, seguramente con la esperanza de que sobre todo mejore, leyendo un libro de un autor/a "x", yo cambio, crezco y maduro, leyendo las columnas de tipos como vos. mescal@uolsinectis.com.ar
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