opinión

El primer cuento que publicó Cortázar apareció en Mendoza

Un artículo del ex director de Los Andes. Miembro de la Academia Argentina de Periodismo.

El primer cuento que publicó Cortázar apareció en Mendoza

En la edición del 27 de mayo, MDZ edita varias notas referidas a los 50 años de la aparición de “Rayuela”, la novela emblemática de Julio Cortázar.

Uno de los artículos reproduce un texto de Jorge Luis Borges aparecido el 5 de abril de 1984 en la sección “Cultura y Nación” del diario Clarín. Allí, el famoso autor de “Ficciones” recrea su primer contacto con el joven escritor de la siguiente manera:

“Hacia 1947 yo era secretario de redacción de una revista casi secreta que dirigía la señora Sarah de Ortiz Basualdo. Una tarde, nos visitó un muchacho muy alto con un previsible manuscrito. No recuerdo su cara; la ceguera es cómplice del olvido. Me dijo que traía un cuento fantástico y solicitó mi opinión. Le pedí que volviera a los diez días. Antes del plazo señalado, volvió, le dije que le tenía dos noticias. Una, que el manuscrito estaba en la imprenta; otra, que lo ilustraría mi hermana Norah, a quien le había gustado mucho. El cuento, ahora justamente famoso, era el que se titula Casa tomada. Años después, en París, Julio Cortázar me recordó ese antiguo episodio y me confió que era la primera vez que veía un texto en letras de molde. Esa circunstancia me honra”.

Borges continúa la nota con otras apreciaciones, pero lo que destaco –y he subrayado- es la afirmación de Cortázar, ya que no condice con los antecedentes literarios que obran en mi poder.

De ellos surge, casi con seguridad, que el primer cuento publicado de Cortázar se llamaba “Estación de mano”, y apareció en Mendoza, en la revista literaria “Égloga”, fundada y dirigida por Américo Calí.

El número 2 de esta publicación, en enero de 1945, tiene el siguiente sumario: Antonio Pagés Larraya: Escribir en provincia; César Fernández Moreno: Soneto; Julio F. Cortázar: Estación de la mano; Carlos Alberto Alvarez: Canciones; Américo Calí: Soneto; Daniel J. Devoto: La muerte del conejo; Angel Delpodio: Tramonto (poesía); Flavio Donadel: Revista sobre Lugones; Notas y comentarios; libros recibidos.

“Égloga” nació en noviembre de 1944, con la inspiración de Calí, impresa en los talleres gráficos D’Accurzio, y en varios números con viñetas de Máximo Antonio en la portada y en las páginas interiores. De aparición bimestral, aunque con algunos intervalos, se publicó hasta el año 1946, según se desprende del artículo correspondiente en el libro de Gloria Videla de Rivero “Revistas Culturales de Mendoza- 1905-1997” (EDIUNC, 2000).

El cuento “Estación de la mano” es también del género fantástico, está firmado –como se dijo- por Julio F (Florencio) Cortázar y corresponde a la etapa mendocina del luego famoso escritor, quien llegó a esta provincia en julio de 1944, contratado por el rector de la Universidad Nacional de Cuyo, Irineo Fernando Cruz, para dictar en la Facultad de Filosofía y Letras las cátedras de Literatura Francesa I, Literatura Francesa II y Literatura de Europa Septentrional.

Cortázar disfrutó de Mendoza sus días iniciales de clases: “¡Los mendocinos me han sorprendido! La Universidad tiene un club universitario hermosamente decorado. Hay allí un bar, discoteca con abundante boggie-boogie, banderines de todas las universidades de América, y tanto profesores como alumnos van allá a charlar, a seguir una clase inconclusa, beber e incluso bailar. A mí me pareció,  cuando me llevaron, que entraba en Harvard, o en Cornell; todos menos aquí. Y sin embargo, es realidad: alegrémonos de ello”.

Los plácidos días se vuelven más complicados, integra la Asociación de Profesores Democráticos para participar en la toma de la Universidad, con profesores y alumnos, en defensa de la autonomía universitaria, lo que le significa un día de arresto, y el ambiente universitario se torna enrarecido. Cortázar rechaza el naciente peronismo y decide renunciar e irse de Mendoza en diciembre de 1945. (La etapa mendocina está muy bien descripta y documentada en “Cortázar, profesor universitario. Su paso por la Universidad de Cuyo en los inicios del peronismo”, libro de Jaime Correas editado por Aguilar en 2004).

No obstante la distancia y el tiempo transcurrido, el recuerdo de Mendoza siguió vigente en Cortázar. Así fue que en 1973, Cortázar –tras asistir a la asunción del presidente chileno Salvador Allende- toma el tren trasandino y regresa a Mendoza. El 11 de marzo de ese año, Los  Andes publica una entrevista y semblanza sobre el escritor debidas a la pluma del entonces jefe de la Sección Cine y Espectáculos, Antonio Di Benedetto, y reproduce un texto manuscrito de Cortázar en el que sintetiza su amor por esta provincia:

“Como otras veces, hubiera podido entrar en la Argentina por vías más cómodas y rápidas. En cambio tomé el Trasandino para acercarme despacio, saboreando el paisaje, como quien se demora en comer un durazno. Y te busqué,  Mendoza, porque te quiero desde muy lejanos tiempos, desde una juventud que se niega a morir en vos y en mí como si veintiocho años no hubiera pasado por tus calles o por mi cara. Y sos la de siempre, me das otra vez el rumor del agua de la noche, el perfume de tus plazas profundas. Para un viajero del mundo que siempre llevó consigo a su Argentina y trató de decírselo con libros, qué recompensas me das hoy, Mendoza, puerta de mi casa, amiga fiel que me sonríe”.

Opiniones (1)
19 de febrero de 2018 | 11:43
2
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19 de febrero de 2018 | 11:43
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  1. Excelente artículo. Felicitaciones a su autor.
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