opinión

El rating de la transparencia es un espejismo

Desde hace un mes sólo se habla de la "corrupción K". Pero la base de esa preocupación no es la búsqueda de verdades, sino el malhumor por lo económico.

Desde hace un mes casi no se habla de otra cosa. Fortuna K, empresarios enriquecidos, corrupción estructural. Todo sembrado por informes periodísticos con profunda trascendencia y repercusión; replicados por medios escritos, noticieros y hasta programas de chimentos. La oposición toma el guante como propio para salir de la abulia.

De pronto la Nación anuncia también proyectos promocionados como instrumentos de transparencia y la provincia se hace eco con una espasmódica reacción en el mismo sentido. ¿Se trata de un brote de búsqueda de transparencia de parte de la sociedad, de una búsqueda de verdades, honestidad contagiada? Pues más bien parece otra cosa.

La mayoría de las denuncias de corrupción y de enriquecimiento que hoy rodean al Gobierno nacional son historias conocidas, denunciadas y en algunos casos probadas. Pero hasta hace algunos años no “medían” en la televisión; pasaban de largo en las publicaciones y casi no tenían espacio. La atención social estaba en otro lado. La misma televisión que hoy suma horas y horas de denuncias es la misma que hasta hace pocos meses no tenía ni un minuto de programación destinada a temas políticos y hasta le restaba tiempo a los tradicionales noticieros. El auge del consumo, la situación económica estable y un gobierno que se sentía poderoso eran el marco.

Más allá de las guerras por el poder (que involucra medios, políticos y empresarios) hay otro aunque es más frívolo, potencia las repercusiones. Tiene que ver con la temperatura de la calle; con el sentido de la oportunidad que algunas veces tienen los mensajes. La inflación, la pérdida de poder adquisitivo, todas cosas que sensibilizan, que predisponen al malhumor. Entonces lo que antes pasaba desapercibido, hoy genera indignación. Antes podía ser “roban pero hacen”; hoy es “son corruptos que se vayan”.

La historia es bastante conocida. ¿Alguien puede decir que los gobiernos de Carlos Menem eran honestos entre 1989 y 1997, mientras mantuvo un consenso social de la mitad de la Argentina y que en dos años hubo un alumbramiento de honestidad social? Un pequeño ejercicio de memoria podría servir para recordar las festejadas fiestas de corrupción que fueron esos años hasta que se cortó el hilo.

Por eso para quienes creen que se vive un “verano para la transparencia” debido al debate mediático en torno al tema; posiblemente se trate sólo de un espejismo.

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20 de mayo de 2018 | 19:25
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