opinión

La otra novela de Vargas Llosa

Un día se deshizo en elogios para Humala en Mendoza. Al otro inició la ruptura. Las claves.

Mapamundi

“Te amo, te odio, dame más”. Ese párrafo de la canción Peperina parece ser el espíritu que une y desune, alternativamente, al presidente del Perú, Ollanta Humala, y al escritor peruano español y Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa. A ambos los une el amor por el poder. Uno de ellos quiso ser presidente y el otro lo logró, pero gracias a que no lo consiguió.

Es que Mario Vargas Llosa estuvo a punto de presidir su país a través del movimiento Libertad, pero su deseo fue frenado por el avance del por entonces novedoso y ascendente Alberto Fujimori. El escritor había sido el preferido durante toda la campaña, pero el japonés lo derrotó en la segunda vuelta, en un episodio tan insólito como triste, ya que la historia lo juzgaría como un dictadorzuelo latinoamericano más, vestido de ropajes electorales.

Nadie sabe qué hubiese sido del Perú con Vargas Llosa como presidente, pero no había diferencia ideológica entre ambos en materia económica, por cierto. Corría 1990 y lejos habían quedado los elogios del periodista y escritor al gobierno militar de Juan Velazco Alvarado por su política de distribución de tierras. Más cerca estaba su nueva posición: su distanciamiento con aquel régimen sucedió luego de que interviniera los medios de comunicación. En 1976 no publicó ningún libro. Todavía resonaba algún eco de “La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary” cuando envió su famosa carta a Jorge Rafael Videla para reclamar por la persecución a intelectuales, el asesinato y secuestro de personas de la dictadura argentina.

Para la década de los años 80 ya era un liberal y había abandonado sus posiciones izquierdistas. A partir de allí comenzó una relación con referentes de la derecha, como José María Aznar (España), Francisco Flores (El Salvador), Sebastián Piñera (Chile), aunque también con Michelle Bachelet cuando se trató de criticar a Pinochet. Apoyó a Alejandro Toledo para la presidencia de su país y se asustó bastante con el surgimiento del liderazgo nacionalista en 2006 de Ollanta Humala. El explícito apoyo de Hugo Chávez a este le cortó el camino a la presidencia esa vez y lo aleccionó a fututo.

Días atrás, durante su estadía relámpago en Mendoza, Vargas Llosa se encargó en sus tertulias de hablar maravillas de Humala. Mucha agua pasó debajo del río y el actual presidente peruano, sin dudas, tardó mucho menos tiempo que Vargas Llosa en cambiar de posición ideológica. “Él fue el responsable del giro de 180 grados de Humala y de que hoy sea el presidente del Perú”, dijo un allegado, señalándolo, en voz alta, despertando la tácita aprobación a su comentario de parte del escritor. Orgulloso de sus credenciales en ese sentido, abundó: “Hoy Perú es otro: altos índices de crecimiento, nuevos empresarios privados. Realmente –subrayó- se está viviendo un momento muy especial”.

Su hijo Álvaro, acompañando a la familia en un almuerzo en las alturas de Tupungato, entre viñas jóvenes y montañas, recordó el apoyo al actual mandatario y su consecuente triunfo.

Lo había explicado así horas antes de concurrir a votar por el nacionalista converso:

En 2007, poco después de su derrota ante Alan García, Humala inició su "aggionarmento" o puesta al día ideológica y política. Entendió que había sido un grave error acercarse al populismo autoritario. Inició un acercamiento con las corrientes de centroizquierda, especialmente la brasileña. Incorporó a colaboradores más sintonizados con esa línea, adoptó un discurso en general moderado y no perdió ocasión de tratar de convencer en privado a críticos muy duros de su actuación política. Mi padre, por ejemplo, que lo había atacado con acritud, recibió una comunicación suya hace más de dos años pidiendo la oportunidad de decirle que su evolución era real. De 2006 a la fecha, la bancada parlamentaria de Humala se comportó con arreglo a las convenciones y leyes de la democracia, y no presentó ninguna iniciativa que pudiera emparentar al Perú con Cuba o Venezuela.

Mario, el padre, lo había respaldado inclusive peleándose con el diario del que era su histórico columnista, El Comercio, porque este apoyó la candidatura de Keiko Fujimori, la hija de Alberto.

El mismo día en que comentaba su hazaña de haber respaldado y sostenido a Humala como presidente, Vargas Llosa miraba de reojo su smartphone con los primeros indicios de la situación venezolana: era el día de elecciones. Ganó dudosamente el chavista Nicolás Maduro. Ese hecho cambió sus humores y despertó una catarata de declaraciones que ha vuelto a abrir una grieta entre ambos.

Es que soportó medianamente que Humala asistiera a los funerales de Hugo Chávez. No se aguantó y, de visita en la Argentina, dijo que le había parecido “patético” que Humala y también Sebastián Piñera hubieran “abrazado el cadáver de Chávez, diciendo que era un ejemplo a seguir”.

El vaso se llenó y desbordó cuando decidió avalar a Maduro como presidente de Venezuela, apresuradamente, a su entender. Amenazó entonces con quitarle las garantías de su firma al pie del sillón presidencial que considera una de sus obras en materia de ingeniería política.

"Hay un deterioro en marcha", le contó desde Lima a MDZ Online el ex viceministro del Interior y analista político independiente Carlos Basombrío, sobre el tema del momento en Perú.

- ¿Cuál identifica como elemento central de la ruptura?

- Las razones pasan por los cambios aplicados en la política económica y la legitimación de Nicolás Maduro realizada por el presidente Humala. Hubo críticas de Mario Vargas Llosa a la posible candidatura de la esposa, Nadine Heredia, el viaje a Caracas y se agregó que en la noche del domingo Humala dijo "el elegido fui yo, no Vargas Llosa". Yo creo que es el inicio de la ruptura.

Basombrío se negó a ser ministro del Interior de Humala y sigue en su rol de analista. Como tal agrega, además, que no cree que Vargas Llosa tenga intereses personales en una carrera política en su país natal.

Pero Humala le respondió con un desaire: le dio a entender que su protagonismo no es más que una ficción. “Respeto lo que dice, pero el pueblo me eligió a mí”, dijo. Y una vez más Latinoamérica borró los límites que separan la realidad de lo imaginado: Nadine Heredia, la esposa del presidente, es la más popular candidata a la presidencia para 2016. Con o sin respaldo de Vargas Llosa, padre o hijo.

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