opinión

Vendedoras turras: ¡te dejan en bolas!

Un verdadero flagelo: ellas te mienten, te fastidian y te avergüenzan.

Si hay algo que adoro, es ir de shopping y renovar el clóset.

Me fascina tener mucha ropa, que sea bien variada... y disfruto mucho del proceso de ir y adquirirla.

Ayer fui a mirar vidrieras. Entré a un local de un conocido centro comercial menduco, y la vendedora apenas me ve, me pregunta ¿Qué buscas? ¿En qué te puedo ayudar? Hasta ahí, tolerable. “Miro un poco, y cualquier cosa, te digo”, le respondo.

Cuando empiezo a recorrer uno de los percheros, percibo que la chica en cuestión estaba atrás mío, casi respirándome en la nuca. Parecía mi sombra. Me doy vuelta, y me miraba. A medida que me voy corriendo y que sigo mirando, ella también se movía para estar bien alineada detrás mío. Insoportable. Me fui. No compré nada.

Mientras volvía a mi casa, pensar en esa experiencia me hizo hacer una especie de lista sobre la cantidad de situaciones puntuales que me molestan de las vendedoras. Y me refiero al sexo femenino, porque en mi opinión, son mucho mejores desempeñándose en ese laburo las mujeres que los varones.

En primer lugar, creo que son mentirosas. Quieren vender, a como de lugar. “¡Te queda divino!”, te dicen. “Con el uso, se estira”, aseguran, mientras que vos te mirás al espejo y no sabés bien si lo que ves es tu imagen o un salchichón extra large, con esa remera ajustada que te estás probando.

Si estás indeciso/a, te pueden atacar las chamulleras: “Yo te recomiendo que te lo lleves, porque es el último que me queda”, te advierten.

Otra cosa que me molesta es la limitación de léxico y la insoportable tendencia que tienen a hablar todo en diminutivo: “¿Me haces una firmita acá? ¿Cómo te quedó la chombita? ¿Querés ver alguna otra cosita?”… No puedo comprender por qué no hablan como personas normales.

Aunque prefiero a estas últimas antes que la maleducada o sobradora que está charlando con otra vendedora. Cuando llegás y le preguntás algo, te mira como diciendo "¿no ves que estoy charlando?", y de mala gana te señala y te dice: "Fijate en esas perchas. Ahí están los únicos talles que te pueden quedar". Y no te da más bola hasta que te atendiste solo y vas para la caja.

Pero lo peor de todo es cuando, para colmo, la chica es ansiosa. ¿Qué onda con esas vendedoras que te ABREN EL PROBADOR cuando todavía no terminaste de vestirte, dejándote prácticamente en culo peleando con un jean, delante del espejo?

¿Sos tonta, nena, o simplemente metiche? ¿No te das cuenta de que cuando termine de probarme ropa y finalmente me ponga la mía voy a salir, y que si me demoro es porque me estoy mirando y me lamento en silencio porque la prenda me queda mal, porque me veo tan horrible que me he quedado por unos momentos en shock cayendo en la cuenta de cuánto necesito unas horas de gimnasio en mi vida?

¿No se dan cuenta de que con esa agitación no solo no logran vender, sino además se ganan la antipatía de cualquier cliente? Juraría que algunas hasta disfrutan del momento, abriéndote la puerta del probador a propósito.

Me indignan. Si sos vendedora, enterate: no da que nos dejes en culo abriendo la cortinita o la puerta al cantito de: "¿¿¿ycomotequedoooooo???".

Ahora, la cajera actúa de la forma inversa. Si la que te atiende es ansiosa y apurona… esta otra sí que es lenta. Charla por teléfono, se lima las uñas, pasea mentalmente por un limbo muy especial y le chupa todo un... bueno, eso: si vos estás apurad@, olvidate: para pagar armate de paciencia y hacé la cola.

Opiniones (1)
25 de abril de 2018 | 09:09
2
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25 de abril de 2018 | 09:09
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Dichoso de vos que encontraste a alguien que te quiere vender, porque en Mendoza la mayoría de las vendedoras hacen lo que decis párrafos adelante "te miran como si te hicieran un favor al venderte y terminas buscando solo en las perchas".
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