opinión

Por qué nos interesa Venezuela

El periodista de MDZ que cubrió las elecciones de 2012 y el comicio de hoy.

Con la elección de Venezuela de este domingo se define mucho más que el nombre de quién será su futuro mandatario. De allí el interés por lo que sucede y, además del mero afán de informarse, todo lo que se ha hecho desde sectores externos y afines a alguno de los dos de los seis bandos en disputa (en una polarización de grandes dimensiones) para influir en el resultado.

En primer término, lo que Venezuela decide es si existe el chavismo sin Chávez. Comparado hasta el hartazgo con el peronismo argentino, el chavismo tiene rasgos muy similares, pero una característica propia. Muy probablemete aquel líder militar que surgió desde la antipolítica para enfrentar lo que llamó como "una democracia burguesa", aunque democracia al fin terminó encantando a quienes lo encantaron antes a él.

Primero, sin una brújula ideológica a mano, le hechó mano al nacionalismo y a sus convicciones curtidas cuartel militar adentro. Luego, alquiló las ideas de un carapintada argentino, Norberto Ceresole, conocido en el mundo etero por ser un promotor del fascismo, creador de un nuevo movimiento "nazi de izquierda" (según sus propios términos) y ferviente intérprete a su guste e piacere del "legado de Perón".

No bien Fidel Castro pudo, se lo quetó de encima. Fascinado ahora con el líder cubano, Chávez supo de qué se trataba el socialismo. Adoptado como hijo por Cuba, el líder bolivariano -que a su vez mostraba diversas versiones de un Bolívar adaptable a cada necesidad- terminó por superar a sus maestros y generar la admiración de los compañeros de revolución del mismísimo Che Guevara, comprando acciones propias en la categoría de mito.

Chávez pasó a ese estrato etéreo aun antes de morir. Los sectores empobrecidos por las cíclicas crisis del petróleo vieron en él a un "redentor", término que se repite en las barriadas populares de Venezuela. Los otros, el resto del país, se siente expulsado por una masa que tiene miedo a perder el lugar que consiguió en su país, ya sea por crecimiento legítimo, por clietelismo político o por lo que sea; pero defienden el lugar que poseen a toda costa.

Cuando cubrimos las elecciones de octubre pasado, con un Chávez que juraba en una hiperquinesis por todo el territorio que un milagro lo había curado del cáncer, descubrimos un país dramáticamete dividido en dos. Ninguno, con capacidad de convencer al otro.

Aquella campaña fue dura y no se dijo casi nada. No hay planes posibles para Venezuela que puedan ser esbozados con planificación previa. Todo parece hacerse al mismo tiempo en que apareen nuevas demandas y como para cubrir los huecos que van apareciendo. Esa nación está todavía en ebullición fundacional y una adolescencia política parece copar a todos; en este punto no hay diferenciación posible.

El líder jamás mencionó el nombre del candidado opositor, Henrique Capriles, el mismo que hoy le disputa la presidencia a Nicolás Maduro, el heredero de Chávez. Y ganó con solvencia, aunque con una pérdida de dos millones de votos de su caudal histórico electoral.

Hoy lo que se pone en juego es mucho: si hay chavismo sin la presencia física del fundador del movimiento bolivariano, las naciones latinoamericanas que adscriben a su doctrina y que buscan constituirse en un eje económico y político en un mundo que ve extinguirse a Estados Unidos y Europa y asiste con miedo al despertar del gigante asiático, China, podrán seguir abonando su estrategia.

Si Maduro pierde, se hablará, sin ninguna duda, de aquel "péndulo ideológico" que lleva a nuestros países ora a la izquierda, ora a la derecha. Y se aguardará otra vez, desde los sectores que luchan contra el "pensamiento mágico chavista", que otra magia, la de ese pendular de los tiempos, les toque con su gracia.

Los opositores con los que MDZ ha hablado en este proceso iniciado en octubre del año pasado y que comcluye con la definición final entre Maduro y Capriles, dan cuenta de un entusiasmo por ganar, pero también de un miedo por tener que hacerse cargo de gobernar. Enfrente tendrán a toda una cultura y no a un partido político en el sentido clásico de su definición.

A la inversa, Maduro dijo en su último discurso ante una multitud calculada en un millón de personas que si Capriles pierde, terminará fuera de Venezuela, en lo que no sabemos si interpretarlo como una predicción, un exabrupto, una amenaza o una información en torno al futuro de quien es la cabeza visible de un variopinto grupo de partidos políticos, aquellos a los que Chávez desplazó del poder hace 14 años.

Hay millones de personas en Latinoamérica y en Argentina y, etre ellos, la actual presidenta Cristina Fernández de Kirchner, apostando a que el fenómeno del "socialismo del siglo XXI" representa una esperanza dentro y fuera de Venezuela.

Otros millones piensan todo lo contrario: que eso no es democracia; que eso no garantiza las libertades. Por eso nos interesa Venezuela: porque nos incumbe su destino. Y aquí estamos para asistir como expectadores a su momento histórico.

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22 de febrero de 2018 | 20:24
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